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Jon Juaristi: ¿Con qué se come el nacionalismo revolucionario? |
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Por: el Administrador
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Junio 02, 2006 |
Juaristi fue en su juventud militante de ETA, brazo armado del nacionalismo vasco, también fue comunista; posteriormente militó en el PSOE y, más recientemente, se convirtió al judaísmo «por razones éticas».
ABN
Caracas, 23 May. ABN (Eloi Yagüe Jarque).- Recientemente estuvo en Caracas Jon Juaristi (Bilbao, 1951), destacado intelectual y escritor vasco (¿o habrá que decirle español, ahora?) quien dictó conferencias sobre el nacionalismo en la actualidad, tema de El bucle melancólico, libro con el que ganara el Premio Nacional de Ensayo en España en 1998.
Juaristi fue en su juventud militante de ETA, brazo armado del nacionalismo vasco, también fue comunista; posteriormente militó en el PSOE y, más recientemente, se convirtió al judaísmo «por razones éticas». Para documentarse sobre el personaje remito a dos entrevistas: la de Alfredo Meza (El Nacional, 21-05-06, D-8) y a la de Lisseth Boon (Últimas Noticias, 22-05-06, p.52).
En sus declaraciones, Juaristi se manifiesta lúcido con respecto a la caracterización del nacionalismo en Europa mas no así cuando trata de analizar lo que está ocurriendo en los países de Nuestra América y decididamente se muestra desenfocado cuando intenta comprender (débil intento, por lo demás), el núcleo vital de la revolución bolivariana.
Señala Juaristi que hoy en día el nacionalismo en Europa es más bien un producto de mercado. Pone por ejemplo a un catalán que sea fanático del Barça; entonces va y se compra una franela o una bandera de su equipo de fútbol favorito. Esto que si bien puede ser cierto para Europa donde, según él, las funciones clásicas de las fronteras están desapareciendo, y el dios mercado cumple una función de cohesión y provee una suerte de identidad –por supuesto artificial– que se puede comprar en los anaqueles de cualquier supermercado, no tiene nada que ver con el proceso latinoamericano.
«Los nacionalismos», admite, «suscitan identidades muy fuertes». En esto podemos coincidir con Juaristi. Pero para él, aunque no lo explicita, el nacionalismo es una ideología que sirve para manipular a las masas con base en una mitología que no tiene nada que ver con la realidad histórica. Señala que «los nacionalismos parten de un supuesto agravio histórico muy difícil de definir porque en muchos casos ni siquiera ocurre».
Sin duda no es el caso de Venezuela. Durante largos años, cuando aún vivíamos bajo el colonialismo español, Venezuela estuvo sometida bajo el monopolio de los vascos (por cierto) de la Compañía Guipuzcoana. El comercio estaba totalmente sometido a sus directrices y su política era la rapiña y saqueo, por lo que la provincia estaba en situación cada vez más paupérrima. Los comerciantes criollos quisieron modificar la situación y en el año 1779 el Cabildo de Caracas dirigió al Rey una petición para que la provincia pudiera disfrutar del libre comercio, gracia que ya habían obtenido otras ciudades del imperio español como Yucatán, Buenos Aires, Chile, Perú y Guatemala.
Cincuenta años antes, debió alzarse contra la Compañía un grupo de comerciantes criollos encabezados por Juan Francisco de León, quien fracasó y fue colgado, desmembrado, y su casa arrasada y sembrada de sal, tal como lo atestigua la placa conmemorativa frente a la Plaza Candelaria.
¿Es esta, kaixo Juaristi, una afrenta imaginaria? Por supuesto que no, como no lo fueron todas las expoliaciones que se hicieron, y que todavía se hacen, por el imperio y por las empresas trasnacionales, sean gringas, españolas, italianas, inglesas o alemanas. Pregúntale a los descendientes de las naciones indígenas en gran medida exterminadas si el agravio histórico que recibieron es muy difícil de definir. No es que Evo Morales quiera hacer que los pobres gobiernos europeos se sientan culpables, lo que quiere es que sean reparadas esas injusticias. Porque, según entiendo, los crímenes de lesa humanidad no prescriben, de acuerdo al derecho internacional vigente.
Otra cosa es que Juaristi, en su crítica al nacionalismo vasco, señale que éste se levantó sobre premisas falsas. Pero entiendo que todos los monarcas españoles, al menos desde los Reyes Católicos, no sé si antes, juraban respetar los fueros vascos frente al añoso roble de Guernica, que arrasaron los nazis con sus bombardeos durante la guerra civil española, como atestigua el cuadro de Picasso. Es decir, que la tradición foral vasca es de vieja data. Lo que no puedo entender es que un profesor que ha pasado media vida estudiando la cultura vasca y la lengua euskera, ahora se deje llamar español.
Pero sigamos. Define Juaristi el nacionalismo revolucionario «como una alianza entre las clases populares –fundamentalmente campesinos y pequeña burguesía en su formación más clásica- contra el imperialismo, la burguesía compradora (supongo que quiere decir importadora) o colaboracionista». El primer nacionalista revolucionario habría sido Mao y en América Latina, el gran momento de los nacionalismos revolucionarios se produjo, según Juaristi, durante el auge guerrillero de los 60. En la actualidad –siempre en sus palabras– este nuevo auge del «nacionalismo revolucionario» se lo debemos a Fidel, quien se habría renovado y sería la inspiración de líderes como Chávez.
Llama la atención que Juaristi no se haya referido a Stalin, quien con su política contrarrevolucionaria de «socialismo en un solo país» inventó el nacionalismo «de izquierda». Y digo así porque el comunismo es esencialmente internacionalista. Así lo entendieron Marx, Engels, Lenin y Trotsky. No en balde el himno comunista se llama «La internacional». La tesis stalinista permitió, cómo no, afianzar el Estado, pero con base en una feroz represión y la instauración de un aparato burocrático–policial implacable que desmanteló la democracia popular directa de los soviets (asambleas).
Señala Juaristi que actualmente en América Latina tenemos una especie de reedición de esta ideología nacionalista pero de izquierda. En los «nacionalismos revolucionarios latinoamericanos, como el de Chávez o Evo Morales, ocurre lo mismo: sitúan ese momento feliz de la comunidad nacional en un pasado remoto». No se puede negar que en Venezuela el proceso se declara bolivariano, es verdad. Pero, al hacerlo, está superando precisamente su carácter nacionalista. Si Juaristi conociera medianamente el pensamiento de su paisano Simón Bolívar (los antepasados de El Libertador eran de origen vasco y hay una aldea vasca llamada Bolibar) sabría que es internacionalista desde el origen. Basta remitirse al Congreso Anfictiónico de Panamá: la idea de Nuestra América, como bellamente la formulara José Martí, es consustancial con el pensamiento bolivariano, la idea de que unidos tendremos más fuerza en el concierto de las naciones es tan elemental que parece obvia… a todos menos a Juaristi.
Sí, en este momento hablamos de identidad. Mas no se trata de una manipulación de un cenáculo dictatorial, puesto que hemos elegido a nuestros gobernantes. Es que estamos desenterrando el espejo que durante siglos se había negado a reflejarnos. También en América Latina las fronteras dejan de ser importantes, son sólo puntos y rayas sobre un pedazo de papel. Porque resulta que descubrimos nuestra historia común, tenazmente imbricada durante siglos, nuestros comunes intereses, inquietudes y –cómo no– errores que hemos de superar. Lo importante es que ahora nos estamos viendo en ese espejo reflejados, con todas nuestras debilidades y fortalezas, y nos damos cuenta de lo que nos había mantenido artificialmente separados durante siglos. Y todavía hacia eso apuntan los cañones de la industria cultural gringa, punta de lanza del dominio cotidiano.
Lamentablemente todavía hay gobiernos que firman pactos con el imperio. Y luego bien que se lamentan, como le está pasando a Fox en México. No, Juaristi, aquí el nacionalismo está superado Vamos hacia Nuestra América la que llevamos en el corazón, una que supere el individualismo sin anular lo que nos diferencia, una basada en el respeto, la tolerancia y los valores de la cooperación.
Para rematar, Juaristi nos regala esta perla: «Desde España, el nacionalismo catalán, e incluso parte del nacionalismo vasco (el democrático) miran con desconfianza el proceso chavista. No así el extremismo de ETA que tiene abierta simpatía hacia el proyecto de Chávez. Todo lo que sea antidemocrático y antiliberal, entusiasma mucho al nacionalismo radical» (entrevista a Lisseth Boon).
La verdad es que nunca perdemos la capacidad de asombro ante las mentiras que pueden proferir algunos intelectuales de derecha, sin inmutarse. Primero, el proceso que hay en Venezuela no es el «proceso chavista», sino la revolución bolivariana, que no es lo mismo ni se escribe igual. Segundo, no es de extrañar que las burguesías catalanas, vasca y española (en esto las burguesías están unidas por intereses de clase más que de nación) coincidan en desconfiar de Chávez. ¿Cómo no van a desconfiar de un dirigente que se atreve a cuestionar el neo-liberalismo como un invento infernal?. Pero ojo, se trata de los sectores más reaccionarios y proimperialistas de las burguesías locales. El mismo Juaristi admite que hay sectores empresariales vascos que simpatizan con Chávez y mantienen inversiones en Venezuela. Porque el problema no es que sean empresarios sino su actitud ante el imperialismo. Hay empresarios vascos, españoles, catalanes, gallegos, portugueses, italianos, sirios, palestinos, libaneses, etcétera, que prestan gran servicio al proceso manteniendo sus inversiones en el país y creando nuevas fuentes de trabajo. No es hacia ellos contra quienes se dirige el discurso antineoliberal, sino con aquellos descendientes de la Compañía Guipuzcoana que hoy en día son las empresas trasnacionales que pretenden continuar con su política de rapiña y saqueo y ven al país como una gran piñata que pueden romper y llevarse su contenido sin dar nada a cambio.
Por supuesto la referencia al terrorismo no podía dejarse de lado. Es un saludo a la bandera que todo intelectual de derecha que se precie tiene que hacer para justificar su sueldo: aprovechar algún momento de sus intervenciones públicas para vincular al gobierno de Chávez con el terrorismo internacional. En este caso se trata de ETA, aunque bien podría ser Irán o Libia. Durante la reciente visita a ese país del presidente Chávez, un vocero del Departamento de Estado de cuyo nombre no me interesa acordarme, hizo un comentario bastante infeliz acerca de lo que supuestamente Chávez tendría que aprender de Gadafi. «Olvidó» el funcionario que Libia acaba de ser borrada de la lista de países que apoyan el terrorismo. Del mismo modo «olvida» Juaristi –a propósito, ya que sabemos que la memoria es voluntaria– que el gobierno ha condenado sistemáticamente todos los atentados terroristas que se han producido tanto dentro del país, como en el exterior, incluido el terrible de la estación de Atocha en Madrid, donde por cierto murieron hermanos latinoamericanos. Es el mismo procedimiento de manipulación ideológica: olvidar los pequeños detalles que hacen la gran diferencia. Bravo, Jon (debería escribir John): estás aprendiendo las lecciones de tus amos imperiales.
Pero a Juaristi le sale el tiro por la culata ya que ETA acaba de declarar un alto al fuego unilateral lo cual es un signo de esperanza de que el movimiento vasco estaría dispuesto a renunciar a la lucha armada para el logro de sus legítimas reivindicaciones como son mejores condiciones para el pueblo vasco y reconocimiento como nación de Euzkadi. En cambio, el escritor vasco, recientemente converso al judaísmo, ahora escribe artículos en defensa del sionismo, la política genocida del estado de Israel para liquidar el pueblo palestino y que incluye el terrorismo llevado a cabo por un ejército de ocupación. ¿Cómo puede Juaristi justificar esta política, o es que no considera terrorismo tratar a los palestinos como animales, negarles sus más elementales derechos y no dejarles otra opción que la inmolación?
En resumidas cuentas, Juaristi fracasó en su intento de convencernos de que el proceso que se da no sólo en Venezuela sino en todos los países latinoamericanos, pueda ser un salto atrás, demostró su desconocimiento acerca de lo que ocurre en estos países y en suma, demostró ser un intelectual más que viene a pontificar desde su óptica eurocéntrica, cómodamente arrellanado en su poltrona y en su hotel cinco estrellas con aire acondicionado, sin tomarse la molestia de recorrer este país donde se vive día a día un despertar revolucionario que nada tiene que ver con ese nacionalismo a que hizo referencia. |
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Última actualización ( Junio 02, 2006 )
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