En el abrazo del amor Se transforma la muerte en un amante./Adonis

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Los ladridos de los «Cachorros del Imperio», una maniobra golpista Imprimir Correo
Por: el Administrador   
Mayo 04, 2006
Caracas, 04 May. ABN (Hernán Mena Cifuentes).- Sumisos y obedientes a las órdenes de su amo, los «cachorros de Imperio» lanzaron una vez más sus ladridos contra el Presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, en el marco de una campaña desestabilizadora orientada a impedir el avance de la caravana integracionista que bajo su liderazgo avanza por América Latina y el Caribe arrollando a quienes han reeditado la historia de traición hacia Bolívar, el hombre que unió a cinco naciones andinas y soñó con librar al continente de las garras del Imperio. ABN 04/05/2006
Caracas,


Caracas, 04 May. ABN (Hernán Mena Cifuentes).- Sumisos y obedientes a las órdenes de su amo, los «cachorros de Imperio» lanzaron una vez más sus ladridos contra el Presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, en el marco de una campaña desestabilizadora orientada a impedir el avance de la caravana integracionista que bajo su liderazgo avanza por América Latina y el Caribe arrollando a quienes han reeditado la historia de traición hacia Bolívar, el hombre que unió a cinco naciones andinas y soñó con librar al continente de las garras del Imperio.

Todo comenzó hace seis meses en Mar de Plata, donde los «misiles» de dignidad lanzados por los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela hicieron naufragar al acorazado ALCA, que mediante maquiavélicas maniobras del Imperio y sus lacayos, pretendió penetrar en aguas de la agenda de la IV Cumbre Presidencial Hemisférica que se desarrollaba en esa ciudad-balneario de Argentina en noviembre de 2005.

Fue entonces cuando el Presidente mexicano, Vicente Fox, el mayor de los «cachorros imperiales» se encargó de ocupar el lugar del humillado y derrotado, el Presidente George. W. Bush (quien abandonó la reunión intempestivamente, y en una clara y cínica confesión de su apego y subordinación al amo, defendió a ultranza aquel engendro de dominación económico, político y social, acusando a Hugo Chávez y a su homólogo argentino Néstor Kirchner, como responsables de la derrota imperialista.

De las acusaciones, Fox pasó a los insultos contra Chávez y Kirchner, ofensas a las que tampoco escapó esa leyenda viviente del fútbol, Armando Maradona, por haberse el deportista unido a millones de argentinos y latinoamericanos que, paralelamente a la Cumbre Presidencial, celebraron allí mismo la Cumbre de los Pueblos contra el ALCA, acto que, por la fuerza de la representatividad convocada, contribuyó también a una de las mayores derrotas en la historia diplomáticas de los EEUU.

Sus palabras fueron respondidas convenientemente por ambos mandatarios, pero fue la contundente respuesta de Chávez, la que afectó en mayor grado la «sensibilidad del cachorro», al extremo de llegar a colocar al borde de la ruptura, las relaciones diplomáticas entre ambos países, con el retiro de su embajador en Caracas, y solicitar la salida de su par venezolano en México, una medida a la cual suelen recurrir los sumisos al Imperio, en busca del apoyo de sus pueblos, acción que este caso no encontró eco en el digno pueblo mexicano.

Washington, consecuente con su proyecto hegemónico, no se dejó vencer por los fracasos, y ante «la muerte del ALCA» en Mar de Plata, puso en marcha un «Plan B», presentando en sustitución del mismo, como los calificó Hugo Chávez, unos «clones», «mini-alcas», o «alquitas», en una maquiavélica maniobra que contó con la complicidad de algunos sumisos gobernantes, que ya han suscrito o se disponen a suscribir sendos Tratados de Libre Comercio, con el beneplácito de EEUU y las oligarquías criollas.

La firma de los TLC por parte de los gobiernos de Colombia y Perú, y la disposición del actual gobierno ecuatoriano para firmar uno similar, contrariando el espíritu y letra de la CAN y la voluntad de sus pueblos que los rechazan por tratarse de una grave amenaza para el futuro de sus economías y a su superación social y cultural , hizo que el Presidente venezolano denunciara y condenara la decisión adoptada por Uribe y Toledo y contra el propósito expresado por Palacio de hacer lo mismo.

«La firma por parte del gobierno de Colombia de un TLC con los EEUU, o el firmado por Perú, (afirmó a fines de marzo pasado Chávez) son sendas puñaladas para la Comunidad Andina, que por cierto presido, para de inmediato preguntarse y responder: ¿Cuál Comunidad Andina?, se acabó.»

Infructuosos habían resultado los esfuerzos del mandatario venezolano para preservar la unidad de un bloque de naciones que nació en 1969 como un proyecto orientado a revivir el sueño integracionista de la Gran Colombia erigido por Bolívar, y que, pese a su lento desarrollo de casi cuatro décadas, prometía hacerlo realidad, hasta que, poco a poco, desviándose de sus objetivos, saboteado por el Imperio y por mezquinos intereses y traiciones, sucumbieron sus ideales y principios.

Conocedor de las aviesas propuestas hechas por el Imperio a las frágiles lealtades de algunos gobernantes en busca de una brecha para sembrar sus proyectados TLC, Chávez les advirtió a sus homólogos durante la Cumbre de la Comunidad Andina de Naciones celebrada en julio de 2005, en Lima que «La CAN, no va avanzar en el marco neoliberal. La CAN, -les dijo- ha visto crecer la pobreza, la exclusión social, la desigualdad, la inestabilidad política, entonces -agregó- no vamos por buen camino. Eso tenemos que reconocerlo.»

«Venimos, -dijo en esa oportunidad el mandatario venezolano- con la expectativa de proponerle a nuestros hermanos de la América Andina Bolivariana, una integración de nuevo tipo, porque por donde vamos no es posible. Nos estamos desintegrando», y seguidamente propuso «dar un salto verdaderamente en la integración, porque no es a través del neoliberalismo como vamos a integrarnos. El neoliberalismo no integra, sino que desintegra. Nos divide.»

Su profecía se cumplió a los pocos meses, porque ya la traición estaba en marcha, hipócritamente disimulada en los tímidos aplausos y abrazos que recibió el Presidente de los modernos «Judas Iscariote» que escucharon su discurso integracionista y fue así como los gobernantes de Colombia y de Perú firmaron con Washington los TLC a través de los cuales se entregan al Imperio recursos y derechos seculares de esos pueblos y se abren las puertas para la invasión de productos subsidiados del Imperio.

La reacción de Chávez no se hizo esperar, y frente al acto de traición y deslealtad que protagonizaron hace pocos días dos miembros de la CAN, y la decisión de un tercero de seguir el mismo rumbo, dándole la espalda a sus pueblos y al histórico compromiso signado por el camino integrador que les señaló El Libertador, anunció el pasado 19 de abril la decisión de retirar a Venezuela de la CAN, en resguardo de su responsabilidad histórica y de la integridad económica y social del pueblo venezolano.

Cuatro días después, Evo Morales, el Presidente de Bolivia, otro de los cinco países miembros de la CAN se sumó a las críticas de su par venezolano, al expresar que «los TLC firmados por Colombia y por Perú con Washington destrozan a la Comunidad Andina», lamentando que «haya países que negocien unilateralmente y destruyan al bloque integracionista.»

«Considero comprensible, -expresó el primer presidente indígena boliviano- que Uribe haya podido negociar el TLC, por su origen de clase, pero es increíble que Toledo, que dice representar a los pueblos indígenas firme ese tratado con los EEUU y traicione a los indígenas peruanos y a los de toda la región».

Simultáneamente, en un gesto orientado a preservar la unidad de la CAN, Morales envió una carta a los presidentes miembros del bloque regional instándoles a reunirse a fin «de hacer un máximo esfuerzo por salvarla», propuesta que Chávez consideró «interesante», manifestando su disposición a reunirse con sus colegas, a pesar de que en el pasado «no hubo voluntad política para cambiar», indicando por otra parte que habría que esperar la respuesta de Álvaro Uribe y de Alejandro Toledo.

Así estaba la situación, cuando de manera imprevista, violentando el clima de virtual tregua existente, surgió la grotesca e inoportuna intervención del candidato presidencial peruano Alan García, quien queriendo aprovechar a su favor la coyuntura electoral que vive su país, insultó de la manera mas desconsiderada y ruin al Presidente Chávez, por haber éste criticado la firma, por parte de Colombia y Perú de sendos TLC con los EEUU.

«No sea sinvergüenza, -le dijo- usted pide a los peruanos y colombianos que no negocien con EEUU y usted, el 80 % de su comercio lo tiene con ese país. Usted tiene un tratado de libre comercio petrolero con Estados Unidos», argumento éste que demuestra su crasa ignorancia en materia de comercio internacional, ya que la venta del petróleo venezolano a EEUU, no está sujeta o enmarcada en ningún tipo de TLC.

Las duras expresiones del actual candidato peruano, recibieron la inmediata respuesta del Presidente venezolano, quien remitiéndose a la desastrosa y corrupta gestión administrativa que García protagonizó cuando ocupó la presidencia del Perú entre 1985 y 1990, lo tildó de corrupto y ladrón. «Sería una maldición que vuelva ese ladrón, miren lo que pasó cuando volvió Carlos Andrés Pérez, es el CAP de Perú», dijo el Jefe del Estado.

Chávez solo decía la verdad, pues se basaba para ello en hechos históricos de la vida política peruana, donde han quedado registrados los expedientes delictivos de Alan García, quien hoy pretende evadir su responsabilidad, aduciendo que han prescrito los crímenes de lesa humanidad de los que se le acusa, delitos que jamás prescriben, según lo establece el Derecho Internacional.

Basta para ello con releer el reciente editorial del diario El Tiempo, de Bogotá que bajo el título de «El Insólito retorno de Alan García», da cuenta del voluminoso prontuario delictivo que exhibe el incorregible pedante ex presidente peruano y que comienza así:

«!Las vueltas que da la vida, sobre todo en política!. ¿Quién habría pensado hace 16 años, cuando Alan García salió de la Presidencia de Perú con los más altos niveles de impopularidad, que al cabo de un tiempo, los votos de sus conciudadanos lo pondrían de nuevo a las puertas del Palacio de Pizarro?

«Menos se habría imaginado su resurrección política cuando García huyó de su país en 1992, dos años después de concluir su mandato, y se asiló en Colombia, y luego en Francia, para evadir órdenes de arresto por enriquecimiento ilícito, cohecho y responsabilidad en acciones represivas (masacres) en las cárceles peruanas durante su gobierno».

Toledo, otro «cachorro del Imperio» quiso capitalizar la situación en su favor, y en un acto de falsa solidaridad con quien fuera su contendor electoral en los comicios presidenciales de 1991, a lo largo de cuya campaña electoral insistentemente le recordó su criminal pasado, se erigió esta vez como su más vehemente defensor.

Pretendiendo ignorar que fue Alan García el que insultó primero a Chávez, hecho que todo el mundo reconoce, se las arregló para cambiar el orden cronológico de los acontecimientos, y dirigiéndose al mandatario venezolano dijo: «No permito que nadie se entrometa en los asuntos internos del país. No permito que insulten a los candidatos».

El Presidente venezolano, quien tiene por norma no responder a los que, sin tenerla, pretenden colocarse a la altura de su elevada estatura moral y ética, limitándose a decir que «Aguila no caza mosca», se vio obligado esta vez, como lo ha hecho últimamente ante los ladridos de los «cachorros del Imperio» que azuzados por su amo imperial le han lanzado el veneno de sus insultos, a quitar el antifaz de la falsa dignidad herida de su homólogo peruano, diciendo:

«Hay gobiernos como el de Perú, que ahora entregó una nota de protesta a Venezuela, por lo que dije respondiendo al ladrón, al candidato de la derecha del Imperio, que es un corrupto de siete suelas; ahora sale el presidente Toledo a defenderlo: ¡Caimanes del mismo pozo!».

Eso bastó para que, en un gesto de aparente intemperancia política y diplomática, Toledo procediera a retirar su embajador en Caracas y anunciar posteriormente que llevaría el caso ante la OEA, medida que viene a poner al descubierto, el andamiaje de un nefasto plan imperial fríamente calculado, que se inscribe en el proyecto global de desestabilización que adelanta Washington contra Chávez y el proceso revolucionario que lidera, utilizando como agentes del mismo, a los sumisos «cachorros del Imperio».

Como elementos probatorios de esa macabra conspiración, surgieron, hace pocas horas, las declaraciones del embajador estadounidense en Perú, James Curtis Struble, quien en clara admisión de la misma y con el descaro y prepotencia que caracteriza a los enviados diplomàticos y «halcones» imperiales, reiteró el apoyo de Washington a la decisión peruana de llevar a la OEA el caso.

No podía faltar, por supuesto, la opinión de la rancia y conservadora Iglesia católica peruana, que en clara sintonía con un sector de su similar venezolana, aportaría su grano de arena como cómplice del plan desestabilizar que adelanta Washington y sus lacayos contra Venezuela, y en tal sentido, correspondió al Arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani, cumplir con parte de esa misión, al decir que «la iglesia peruana no acepta el ingreso de corrientes que están tratando de imponer ideologías anarquistas y malcriadas.»

Lo que Venezuela por su parte no acepta ni está dispuesta a permitir, es que se cumplan los macabros planes del Imperio, que esta vez ha utilizado a un grupo de su camada de «cachorros» con la misión de cumplir una nueva fase de su proyecto conspirativo, y que como todas las anteriores, está condenada al fracaso tras ser puesta al descubierto por la revolución venezolana.

Así lo dio a entender el sábado pasado el gobierno venezolano a través de un comunicado de la Cancillería, cuyo titular, Ali Rodríguez Araque, destaca que «la crisis con Perú forma parte de una campaña internacional para intentar aislar o desestabilizar al país. Si el impasse es llevado a instancias internacionales, como lo anunció Perú, -finaliza el documento- el gobierno de Venezuela no hará otra cosa que defender su propia dignidad y la de nuestros pueblos.»

Horas antes, al referirse a las falsas acusaciones de Toledo, y a las groseras expresiones de García contra el Presidente Chávez, tanto el canciller Rodríguez Araque como el vicecanciller para América Latina y el Caribe, Pavel Rondón, expresaron que «nadie puede pretender que el líder venezolano guarde silencio ante los insultos de candidatos en otros países».

Por esa y por muchas razones más, el pueblo latinoamericano y caribeño guardarán por siempre en su memoria colectiva las infelices expresiones vertidas por Fox, Toledo y García contra el líder de la revolución bolivariana, como un hecho intrascendente y una misión fracasada. Inútiles y desesperados ladridos de «cachorros del Imperio» ante el paso la caravana integracionista que recorre la región en busca de su propio destino y de la definitiva independencia económica y social de sus pueblos.

Última actualización ( Mayo 04, 2006 )

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