|
Por: el Administrador
|
|
Enero 05, 2007 |
Lo novedoso de esta táctica de hacer de cuenta, repentinamente, que el imperialismo es un tierno amigo, tiene varios aspectos.
Ayudamemoria ¡Pica!
Por: Coriún Aharonián Brecha 5/1/07
Nos deja perplejos ante la posibilidad de que tantos dirigentes de izquierda hayan tenido, simultáneamente, un ataque de amnesia. Y nos deja anulados en nuestra posibilidad de discutir, porque, al estar en un gobierno que consideramos de izquierda, habíamos desactivado esa parte de nuestros mecanismos psicológicos. ¿Quién mínimamente sensato estaría en guardia como para explicarle el imperialismo a un gobernante elegido por ser antimperialista? Además, ¿qué explicar? ¿Que el imperialismo no tiene principios sino sólo intereses, como declaraba con orgullo un prohombre británico a comienzos del siglo xix? ¿Que la única forma de ser un poquitito independientes –y dignos– es hacernos fuertes frente al imperialismo, asociándonos con nuestros iguales latinoamericanos? ¿Que el débil que se alía con el fuerte y se aleja de sus débiles pares pasa a ser, para el fuerte, un pajarón útil y nada más? ¿Que el lobo es zalamero, pero lo que quiere es comerse a Caperucita? Quiero creer que estamos en un monumental malentendido, en una especie de rara borrachera. Es más, creo que les descubrí el juego a los compañeros que van y vienen con esto del TLC. ¡Ah, muchachos traviesos! Nos asustan con un desvío doctrinario de cien para luego establecer un “justo medio” en cincuenta, haciéndonos creer que estamos canjeando mitad y mitad de concesiones mutuas, los “principistas” y ellos. Como los comerciantes italianos, chinos, aymaras o purépechas, que piden un precio ficto que es muchísimo más alto que el que nos van a cobrar después del previsto regateo. Pero ocurre que ese cincuenta es, en sí mismo, un desvío que –es claro– no aceptaríamos si lo propusieran con franqueza. El chiste es que el jueguito de amagarnos con algo el doble de grave nos puede hacer caer en la trampa, empujados por la preocupación por no facilitarle el camino a la derecha. Hay dos cosas aquí: ¿en qué consistiría lo de no facilitarle algo a la derecha, si la derecha quedaría eximida de todo porque su trabajo sucio lo estaría haciendo la izquierda, como en las socialdemocracias europeas? Y la segunda, o en realidad la primera: ¿en qué medida es admisible que hagamos jueguitos entre izquierdistas, en vez de decirle negro a lo negro y blanco a lo blanco? ¿A qué viene todo este lío de estar sustituyendo palabras, como por ejemplo decirle “reformas” a las privatizaciones que el pueblo ya rechazó más de una vez? En realidad, no estoy muy seguro de haberle descubierto ningún juego a ningún pícaro compañero. Me gustaría que así fuese, y me resultaría muy incómodo –vean qué elegante que estoy– descubrir que nos hemos engañado todo el tiempo, y que en realidad pensaban ya desde antes como parecen estar pensando ahora. Algún íntimo de la familia, ¿no nos hará el favor de decirles que los Chifflet no están solos, y que esos no-solos querrían seguir confiando en un gobierno de izquierda? |
|
Última actualización ( Enero 05, 2007 )
|