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Un tiempo de memoria Imprimir Correo
Por: el Administrador   
Diciembre 08, 2006
El miércoles cuando terminaba el día se terminó un tiempo. Un tiempo de la memoria....Se terminó, es cierto, un tiempo de la memoria. Habrá que encontrar nuevos hilos, que en el viejo telar del socialismo y la libertad se mezclen con la vieja e indestructible urdimbre de nuestro pasado.

Un tiempo de memoria


Por Raúl Olivera/ Sara Méndez
Brecha 8/12/06



Hugo debió ser el portador durante sus últimos 30 años de vida de una parte importante de nuestra memoria. También debió cargar con la responsabilidad de que una parte de esa memoria fuera una memoria organizada y combatiente.
Era hasta esa noche el único sobreviviente de la primera dirección del Partido por la Victoria del Pueblo, por eso con él se fue un tiempo de la memoria. También nos secuestraron un tiempo de la memoria con Gerardo, con León, con Alberto. A Mauricio, al igual que a Hugo anoche, se le paró el corazón en una calle de Montevideo, y otro tiempo de la memoria se fue con él.
La memoria puede ser para las personas una pesada e insoportable carga. Para las personas que optan por organizarse para la acción política es un insumo insustituible. Tanto para fortalecer los lazos personales con los compañeros de lucha, como para no olvidar de dónde venimos y hacia dónde nos propusimos ir.
Quizás nunca tengamos la capacidad de sopesar la carga que le significó a él, tener que ser desde su exilio obligado en Europa un testigo impotente del genocidio, la tortura, el robo de sus hijos y la cárcel de sus más entrañables compañeros. Y también con los naufragios personales del exilio de los sobrevivientes, rearmarse para seguir la lucha.
Hugo era un polemista, un discutidor, con una profundidad y una sabiduría que iba enseñando. Sabía ser filoso en sus razonamientos, sin herir más que lo que era su preocupación fundamental: las ideas que guían la acción política. Sus razonamientos no descartaban un fino humor.
Supo representar en su persona y en sus opiniones una corriente de la izquierda. Esa no es una tarea fácil. Sobre sus editoriales o las contratapas de los lunes en La República; sobre sus discursos encendidos y hasta sus libros, solía consultar a sus compañeros. Sabía prestar especial atención a las críticas de sus adversarios políticos. Era un orador de barricada, de esos que soplan la llama ya encendida de sus oyentes. No buscaba la llama, sino la brasa, más perdurable.
Fue uno de los primeros objetivos de la patota de represores uruguayos que actuaron en Argentina. Fue uno de los artífices de la denuncia a la dictadura, del trabajo en el exilio que evitó la tentación de “desensillar hasta que aclare”.
Luego de su obligado exilio en París se fue acercando a la región, radicándose en Brasil. Donde nuevamente la patota de represores uruguayos lo intenta secuestrar en 1978.
En 1984 fue uno de los impulsores del hábeas corpus colectivo presentado por todos los desaparecidos uruguayos en Argentina, en el que se documenta y fundamenta la coordinación represiva en ambas márgenes del Plata.
Ya en Uruguay, en una oportunidad atentaron contra su vida, poniendo una bomba en su auto.
Fue diputado, y cuando debió hacerlo renunció a su banca. Supo poner su prestigio y su batallador discurso para que un Congreso del Frente Amplio se volcara a extender sus políticas de alianzas en el marco del Encuentro Progresista.
Su compromiso con la verdad y la justicia lo encontró en esa última reunión del Secretariado del pvp, preocupado por la marcha de la nueva causa que se presentaría reclamando verdad y justicia para Gustavo Insaurralde y Nelson Santana Scotto, los compañeros desaparecidos en 1977 en Paraguay. Y por que lenta pero inexorablemente se terminara con la impunidad en el país.
Lo conocimos y militamos junto a él hace casi cuarenta años. Lo conocimos buscando empecinadamente la justicia, cuando éramos simples, puros, rigurosos. El tiempo y sus cambios convirtieron la simpleza en complejidad, la pureza en complicidad y el rigor en un abanico inabarcable de matices. En ese mundo Hugo siguió buscando la justicia, porque siguió siendo simple, puro y riguroso.
Se terminó, es cierto, un tiempo de la memoria. Habrá que encontrar nuevos hilos, que en el viejo telar del socialismo y la libertad se mezclen con la vieja e indestructible urdimbre de nuestro pasado. Que así sea.
Última actualización ( Diciembre 08, 2006 )


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