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En
entrevista concedida a la asociación Igualdad y Reconciliación, Thierry
Meyssan describe los componentes y proyectos de la nueva administración
estadounidense. En su opinión, luego del paréntesis Bush-Cheney de la
guerra en Irak, Washington vuelve hoy al consenso post-11 de septiembre
y a sus contradicciones de los años 2001-2002. Pero el desgaste militar
en Irak y la crisis financiera de Wall Street obligan al Imperio a
reconsiderar estrategias y plazos para continuar la globalización.

Thierry Meyssan (izquierda) invitado en la principal cadena
televisión rusa para hablar acerca de los atentados del 11 de
septiembre de 2001 y otras situaciones geopolíticas internacionales. Moscú, septiembre 2008.
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I&R: Thierry Meyssan, ya no se le ve a usted en Francia. ¿Qué está haciendo?
Thierry Meyssan: Estoy viviendo en el Líbano.
Después de la llegada de Sarkozy al poder, recibí amenazas directas de
altos funcionarios franceses. Amigos del ministerio de Defensa me
informaron que Estados Unidos me considera un peligro para su seguridad
nacional. En el marco de la OTAN, [Estados Unidos] solicitó a los
servicios aliados que me neutralizaran y ciertos franceses querían
hacer méritos. Así que decidí irme, no sólo de Francia sino de la zona
de la OTAN. Después de pasar algún tiempo en Caracas y Damasco, pasando
por Moscú, me instalé en Beirut, donde me puse al servicio de la
Resistencia.
I&R: ¿En qué está trabajando en este momento?
Thierry Meyssan: Estoy trabajando en un libro de
análisis sobre la administración Obama, sus orígenes, su composición,
sus proyectos, etc. El mes que viene saldrá una primera edición,
limitada a unos pocos ejemplares y dirigida a algunos líderes. Más
tarde, durante el otoño, saldrá otra edición en varios idiomas para el
público en general. Estoy viviendo exclusivamente de lo que escribo y
colaboro con periódicos y revistas en el sector de la política
internacional, en el Medio Oriente y en Rusia.
I&R: ¿Cómo analiza usted la evolución de la política estadounidense?
Thierry Meyssan: Actualmente existe un relativo
consenso sobre el comprobado fracaso de la política de Bush, el
exagerado despliegue militar, las nefastas consecuencias del
unilateralismo para las relaciones con los aliados y la pérdida de
liderazgo. Desde 2006, James Baker y Lee Hamilton, quienes presidían
una comisión creada por el Congreso para evaluar la estrategia en Irak,
han venido reclamando un regreso a una posición más inteligente.
Aconsejaron una retirada de Irak y un prudente acercamiento a los
países vecinos (Siria, Irán), indispensable para evitar que la partida
de los soldados estadounidenses se convierta en una debacle, como en
Vietnam. Lograron la eliminación de Donald Rumsfeld e impusieron como
sucesor de éste último a un miembro de su propia comisión, Robert
Gates. Pero congelaron la política de «remodelamiento del Gran Medio
Oriente», no lograron que George Bush y Dick Cheney renunciaran a ella.
Por eso tuvieron que organizar una ruptura utilizando a Barack Obama.
En realidad, Barack Obama ya había sido lanzado a la carrera por [un
puesto en] el Senado federal y por la presidencia desde el a?o 2004.
Entró en escena durante la convención demócrata de investidura de John
Kerry.
En aquel entonces no era más que oscuro parlamentario de la
Asamblea de Illinois, pero ya estaba siendo dirigido y entrenado por
Abner Mikva y sus hombres (Jews for Obama -judíos por Obama-), y tenía el apoyo de la finanza anglosajona (Goldman Sachs, JP Morgan, Excelon...).
Las multinacionales inquietas por la pérdida de mercados por causa del
aumento del antiimperalismo (Business for Diplomatic Action), los
partidarios de la Comisión Baker-Hamilton, los generales en desacuerdo
con las erráticas aventuras de los neoconservadores, y otros sectores
fueron uniéndose a él.
Los franceses a menudo creen que el presidente de Estados sale de
una elección de segundo grado en la que participan grandes electores.
Eso es falso. Lo elige un colegio cuyos miembros son designados por un
grupo de notables. En 2002 la Corte Suprema recordó que el voto
ciudadano era puramente consultivo y que el gobernador de la Florida
podía nombrar a los delegados [representantes] de su Estado al colegio
electoral sin siquiera esperar el conteo del escrutinio general.
En ese sistema oligárquico,
lo que existe es un partido único con dos corrientes: los republicanos
y los demócratas. Jurídicamente no constituyen dos entidades separadas.
Son los Estados quienes organizan las elecciones primarias, no los
seudopartidos. Así que no es nada sorprendente que Joe Biden y Barack
Obama sean ambos viejos amigos de John McCain. John McCain preside el
Instituto Republicano Internacional, órgano del Departamento de Estado
encargado de corromper a los partidos de derecha a través del mundo;
mientras que Obama trabaja en el seno del Instituto Demócrata Nacional,
presidido por Madeleine Albright y encargado de corromper a los
partidos de izquierda. Obama, McCain y Albright participaron juntos en
la desestabilización Kenya, durante una operación de la CIA, para
imponer como primer ministro a un primo de Obama.
Digo todo esto para que se entienda que Obama no apareció por arte
de magia. Es un especialista de la acción secreta y de la subversión.
Ha sido reclutado para hacer una labor muy específica.
Los objetivos de la heteróclita coalición que lo apoya son
globalmente los mismos, pero no existe entre sus componentes un
consenso en cuanto a los detalles. Ello explica la increíble batalla
provocada por las nominaciones y el lado constantemente ambiguo de los
discursos de Obama.
Cuatro polos están actualmente en pugna:
El
polo Defensa, alrededor de Brent Scowcroft, de los generales contrarios
a Rumsfeld y, por supuesto, de Robert Gates, hoy por hoy el verdadero
amo de Washington. Aconsejan poner fin a la privatización de los
ejércitos, una salida «honorable» de Irak, pero también aconsejan
proseguir el esfuerzo estadounidense en Afganistán para no dar la
impresión de una desbandada, y, para terminar, un acuerdo con los
iraníes y los sirios. Para ellos, Rusia y China siguen siendo rivales a
los que hay que aislar y paralizar. Ven la crisis financiera como una
guerra que va a costar la pérdida de programas de armamentos y que
obligará a reducir el formato de los ejércitos, aunque estos deben
mantener una superioridad relativa. No les importa perder algo de
poderío, si siguen siendo los más fuertes.
Los
departamentos del Tesoro y del Comercio, alrededor de Tim Geithner y
Paul Volcker, los dos protegidos de la familia Rockefeller. Ambos
provienen de la Pilgrim's Society y cuentan con el apoyo del Grupo de
los Treinta, del Peterson Institute y de la Comisión Trilateral. Los
apoyan la reina Isabel II [de Gran Bretaña] y quieren salvar
simultáneamente Wall Street y la City. Para ellos la crisis es un duro
golpe ya que los ingresos de la oligarquía financiera están en caída
libre, pero es sobre todo una oportunidad ideal para concentrar el
capital y aplastar toda resistencia contra la globalización. De
momento, se verán obligados a reducir su nivel de vida para no dar
lugar a revoluciones sociales, pero al mismo tiempo pueden enriquecerse
comprando lo mejor de la industria a cambio de algunas migajas. A lo
largo plazo, proyectan instaurar no un impuesto mundial por el derecho
a respirar -sería demasiado burdo- pero sí un gravamen global sobre el
CO2 y una Bolsa de derechos de emisión -que es casi lo mismo, pero con
la apariencia de algo ecologista. Contrariamente a lo que piensa el
Pentágono, este grupo aconseja una alianza con China, sobre todo
teniendo en cuenta que ese país posee el 40% de los bonos del Tesoro
estadounidense, pero también como forma de impedir la aparición de un
bloque asiático cuyo eje sería China y que absorbería parte de las
materias primas africanas.
El
polo del Departamento de Estado, alrededor de Hillary Clinton,
cristiana fundamentalista, miembro de una secta muy secreta, la
Fellowship Foundation (conocida como «La» Familia). Es el refugio de
los sionistas, el último espacio protegido de los neoconservadores, hoy
en vías de desaparición. Aconsejan un apoyo incondicional a Israel, con
una pizca de realismo porque saben que el entorno ha cambiado. Ya no
será posible bombardear el Líbano como en 2006, porque el Hezbollah
dispone ahora de eficaces armas antiaéreas. Ya no será posible penetrar
en Gaza como en 2008 porque el Hamas adquirió cohetes antitanques
Kornet. Y si Estados Unidos tiene problemas para pagar las cuentas de
Tel Aviv, es poco probable que los sauditas puedan tomar su lugar por
mucho tiempo. Así que hay que ganar tiempo, haciendo algunas
concesiones de ser necesario, y encontrarle a Israel alguna utilidad
estratégica. La principal misión de la señora Clinton consiste en
mejorar la imagen de Estados Unidos, no mediante las relaciones
públicas (o sea, justificando la política de Washington) sino a través
de la publicidad (o sea, vendiendo las cualidades reales o imaginarias
del modelo estadounidense).
En ese contexto, los sionistas tendrían que respaldar el proyecto
Korbel-Albright-Rice de transformación de la ONU en un amplio foro
impotente y de creación de una organización que competiría [con las
Naciones Unidas], la Comunidad de las Democracias, que se apoyaría en
su brazo armado: la OTAN. Por el momento, están ocupados saboteando la
conferencia de Durban II que, en lugar de celebrar la «única democracia
del Medio Oriente», está denunciando el régimen que ocupa el poder en
Tel Aviv. Con el secretario de Estado adjunto, James Steinberg, ellos
ven la crisis financiera como una Blitzkrieg. Habrá muchas pérdidas,
pero es hora de acabar con los rivales y de tomar el control por
sorpresa. Su problema no es acumular riquezas mediante compras y
fusiones sino poner a su gente en los ministerios de Finanzas de todo
el mundo y a la cabeza de las instituciones bancarias.
Y, finalmente, está el Consejo de Seguridad Nacional, bajo la influencia de Zbignew Brzezinski,
quien fue profesor de Obama en Columbia. Este órgano abandonaría su
tradicional papel de coordinador para convertirse en un verdadero
puesto de mando. Lo dirige el general Jones, quien fue comandante
supremo de la OTAN y uno de los fundadores del Africa Command. Para
ellos, la crisis financiera es una crisis de la estrategia imperial. Es
el enorme endeudamiento, contraído para poder financiar la guerra en
Irak, lo que precipitó el derrumbe económico de Estados Unidos.
Contrariamente a lo sucedido en 1929, la guerra no será la solución
sino el problema. Por consiguiente, hay que trabajar simultáneamente en
tres direcciones: forzar el regreso de los capitales a Estados Unidos
acabando con los paraísos fiscales competidores y desestabilizando las
economías de los países desarrollados (como en la experiencia
desarrollada en Grecia); mantener la ilusión del poderío militar
estadounidense mediante la continuación de la ocupación en Afganistán;
y ahogar la nacientes alianzas Siria-Irán-Rusia, sobre todo entre Rusia
y China (la Organización de Cooperación de Shangai). El Consejo va a
priorizar todas las formas de acción clandestina para que el Pentágono
disponga del tiempo que necesita para reorganizarse.
Obama está tratando de contentar a todo el mundo, lo cual da lugar a la confusión reinante.
I&R: ¿Cómo ve usted la evolución de la situación en el Medio Oriente, a la luz de la nueva administración?
Thierry Meyssan: Existe consenso sobre una
cuestión: Washington tiene que lograr reducir la tensión en esa región,
sin abandonar por ella a Israel. Hay dos opciones sobre el tapete, pero
la aplicación de cualquiera de las dos exigirá el apoyo de las
corrientes más radicales. Es por eso que Washington promovió un
gobierno Netanyahu-Lieberman en Israel y va a permitir que el Hamas y
el Hezbollah ganen las próximas elecciones en los territorios
palestinos y en Líbano.
El primer escenario, trazado por Zbignew Brzezinski, prevé
simultáneamente el reconocimiento de un Estado palestino y la
naturalización de los refugiados palestinos en los países en que se
encuentren. Todo esto iría acompañado de dinero para indemnizar a los
Estados que absorban a los refugiados y para desarrollar Gaza y
Cisjordania. Además, una fuerza de interposición de la OTAN
garantizaría el mantenimiento de esa paz, por mandato de la ONU.
Nicolas Sarkozy apoya ese plan.
El segundo enfoque es más duro para los dos protagonistas. Establece
que hay que obligar a los israelíes a abandonar sus exigencias más
extravagantes, mientras que obligaría a los palestinos a considerar
Jordania como su patria natural. Sería una paz más económica para
Washington y realizable a largo plazo, aunque difícil de aceptar para
ambas partes, y que implicaría de paso el fin de la monarquía
hachemita. Uno de los promotores de esa fórmula es el embajador Charles
Freeman, a quien el lobby sionista acaba de obligar a renunciar a la
presidencia del Consejo Nacional de Inteligencia, pero que dispone de
sólido apoyo en el aparato estatal.
I&R: A su entender, ¿qué formula va a imponerse?
Thierry Meyssan: Ninguna porque la crisis económica
es tan grande que desembocará en una dislocación de Estados Unidos y en
el fin del Estado de Israel.
Washington tendrá que moderar de nuevo sus ambiciones. Tendrá
probablemente que replegarse hacia el mantenimiento del statu quo. Su
acción se limitará a impedir que nuevos actores vengan a ocupar su
lugar.
I&R: ¿Qué aconseja usted, a título personal?
Thierry Meyssan: Los 5 millones de judíos, los 9
millones de palestinos y el resto de la población de Palestina deben
reunirse en el seno de un Estado único basado en el principio de «un
hombre, un voto». Esa es por demás, en mi opinión, la única solución
que evite a largo plazo la expulsión de los judíos. Hay que recordar el
caso del apartheid en Sudáfrica, donde muchos anunciaban que su fin
provocaría la expulsión o el exterminio de los blancos. Y ya se sabe lo
pasó. La muerte de Arafat no representa un obstáculo porque hay otros
Mandela en Palestina. El verdadero problema está en encontrar un De
Clerk en el bando israelí. El Hamas apoyaría sin dudas esa solución, ya
que tendría la aprobación del pueblo.
Mientras más se retrasen los plazos, más difícil será llegar a una
solución pacífica. La CIA está estudiando, además, el escenario más
catastrófico, con una sublevación sangrienta que expulsaría a 2
millones de judíos hacia Estados Unidos.
I&R: ¿Y qué pasaría, a su entender, con Siria e Irán? ¿Cree usted que sea posible la guerra?
Thierry Meyssan: No creo que se violen los acuerdos
secretos entre los militares estadounidenses, Siria a Irán. Estados
Unidos no tiene los medios necesarios, ni tampoco el deseo.
En primer lugar, [Estados Unidos] sabe que la amenaza nuclear iraní
es una mentira fabricada por ellos mismos, como mismo inventaron las
armas iraquies de destrucción masiva. Lo cierto es que el imam Khomeiny
había condenado como inmorales la fabricación y el uso de la bomba
atómica y no se ven en Irán grupos capaces de ignorar esa premisa. En
segundo lugar, la política de George Bush empujó a Teherán y a Damasco
hacia los brazos de Moscú, que está preparando además una conferencia
internacional de paz para el Medio Oriente. En lo adelante, es para
Washington una prioridad el lograr desmantelar esa naciente alianza y
tratar de atraer nuevamente a Irán y Siria. Por supuesto, es probable
que estos últimos aumenten sus exigencias y que se cuiden de caer en
uno de los dos bandos.
Finalmente, Estados Unidos siente que está en situación de
urgencia. Su economía se está derrumbando y es posible que no tenga ya
por mucho tiempo la posibilidad de seguir defendiendo a Israel a tan
alto costo. Sobre todo si se tiene en cuenta que Tsahal [el ejército
israelí] ya no es el de antes. El ejército israelí ya no es invencible.
Ha ido acumulando fracasos en el Líbano, en Gaza y también, no podemos
olvidarlo, en Georgia.
I&R: Ya nos dijo usted que está viviendo en el Líbano. ¿Cuál es la situación allá?
Thierry Meyssan: La Alianza Nacional reunida
alrededor de la Corriente Patriótica Lire de Michel Aoun y del
Hezbollah de Hasan Nasrallah va a ganar las próximas elecciones, sin
lugar a dudas, si las elecciones logran desarrollarse libremente. La
familia Hariri podrá sobrevivir solamente mientras las grandes
potencias cuenten con ella para cobrar impuestos y para obligar al
pueblo a pagar la deuda externa del Líbano, sin tener en cuenta que la
mitad de esa deuda proviene del enriquecimiento ilícito de la propia
familia Hariri. El criminal de guerra Walid Joumblatt -nada más y nada
menos que vicepresidente de la Internacional Socialista- e incluso los
neofascistas, como el asesino patológico Samir Geagea, se verán
abandonados por quienes los financian. Esos sicarios han perdido su
eficacia y ya no resultan presentables.
El Tribunal Especial para el Líbano, encargado de instruir el caso
Hariri y diferentes asesinatos políticos, se dejará caer en el olvido o
dará lugar a una gran sorpresa. Fue concebido como una máquina de
guerra para acusar a Siria, poner a ese país al margen de la comunidad
internacional y convertirlo en blanco de una agresión militar. Supe que
recibió nuevos elementos durante las últimas. Estos refutan la supuesta
culpabilidad de Siria y ponen a Arabia Saudita en el banquillo de los
acusados. Es sobre esa base que hay que analizar la recuperación del
control de Arabia Saudita por parte del rey Abadía y la eliminación de
los ministros que financiaron la lucha contra el Hezbollah y el Hamas.
Volviendo a las elecciones legislativas libanesas de junio, la cuestión
es saber si la victoria de la Resistencia ascenderá a un 55 o a un 70%.
Eso dependerá esencialmente de que surja o no una nueva fuerza
cristiana que siembre la división o que organice una acción de
diversión alrededor del presidente Sleimane. En definitiva, los
colaboradores de Estados Unidos y de Israel negociarán quizás un
compromiso, mientras estén en situación de hacerlo. El país estaría
abocado entonces a la designación de un millonario como primer ministro
(Saad Hariri o algún otro), pero éste se vería a la cabeza de un
gobierno enteramente controlado por la Resistencia nacional. Sería una
fórmula muy oriental: los honores y el primer plano para los perdedores
mientras que el verdadero poder se mantendría en la sombra. La ventaja
de esa solución reside en eliminar toda justificación para una
intervención militar contra el Líbano.
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Thierry Meyssan en la televisión rusa, Moscú septiembre 2008.
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I&R: Es usted muy conocido ahora en Rusia,
donde logró una audiencia de cerca de 30 millones de telespectadores
durante un programa sobre el 11 de septiembre. ¿Cómo ve usted la
situación en Rusia?
Thierry Meyssan: Paradójicamente, a pesar de la
victoria militar y diplomática en Georgia, Rusia atraviesa un momento
difícil. Después de la guerra del Cáucaso, los bancos anglosajones
animaron a los oligarcas a que castigaran a Moscú llevándose sus
capitales hacia Occidente. Posteriormente, los anglosajones empujaron a
los dirigentes ucranianos a traicionar sus propios intereses nacionales
y a cerrar los gasoductos durante las negociaciones sobre los precios.
El Kremlin, creía tener el control de la situación y tener la
iniciativa en cuanto a esas interrupciones, pero cayó en una trampa. La
pérdida de los ingresos correspondientes a dos meses devoró las
reservas monetarias. Todo esto provocó una impresionante caída del
rublo en momentos en que la crisis mundial está haciendo bajar los
precios de las materias primas y, por consiguiente, los ingresos de
Rusia.
Medvedev y Putin han evaluado con mucha sangre fría esta situación
de debilidad. Conocen las cartas que tienen a su favor, sobre todo la
superioridad tecnológica de su industria de armamento sobre la de
Estados Unidos. Están convencidos de que Estados Unidos no se levantará
de la crisis sino que se dislocará a mediano plazo, como el Pacto de
Varsovia y la URSS en los años 89-91. Así que esperan invertir los
papeles. A pesar del periodo de vas flacas, están equipando sus
ejércitos con el material nuevo y esperan sin inmutarse el derrumbe de
Occidente.
Públicamente o por debajo de la mesa, según el caso, están
equipando a todos los adversarios de Estados Unidos con el último
armamento disponible, desde el Medio Oriente, que mencioné hace un
momento, hasta Venezuela. Económicamente, han decidido construir vías
comerciales hacia China, al igual que hacia Europa Occidental, cuyo
obstinado sometimiento a los anglosajones vienen observando con
tristeza.
Esa situación puede tener importantes consecuencias en el plano
interno, donde se enfrentan la vieja generación y la nueva. Los viejos
muestran un fuerte tropismo americano, mientras que los jóvenes hacen
gala de un patriotismo libre de complejos. Paradójicamente las élites
provenientes de San Petersburgo son históricamente favorables a un
acercamiento de Rusia hacia Europa, al contrario de los moscovitas cuya
visión es más euroasiática. Sin embargo, Putin y Medvedev, a pesar de
ser los dos de San Petersburgo, comparten esa visión euroasiática.
Sueñan con una Rusia protectora del Islam y la han hecho entrar,
como observadora, en la Organización de la Conferencia Islámica. Aunque
han valorizado el Patriarcado ortodoxo, han puesto musulmanes en muchos
puestos de alta responsabilidad -es flagrante el contraste con Francia.
Aunque el trauma del desatelamiento de Yugoslavia y de las dos guerras
de Chechenia sigue siendo fuerte y a pesar de que la consiguiente ola
de racismo no está controlada todavía, Rusia ha escogido la
civilización y ha emprendido el camino de la síntesis entre Europa y
Asia.
Si Rusia logra atravesar los próximos años de graves turbulencias
internacionales sin verse demasiado afectada, alcanzará una posición de
árbitro en un mundo multipolar.
I&R: Continuemos esta interesante vuelta al mundo de la geopolítica hablando de China...
Thierry Meyssan: Yo tengo mis interrogantes sobre
su estrategia. ¿Cuál es el por qué de esas compras masivas de bonos del
Tesoro estadounidense? Pekín tomó la iniciativa de un acercamiento con
Moscú a través de la Organización de Cooperación de Shangai. Se
resolvieron muchos contenciosos. Los rusos aceptaron venderle energía a
los chinos a un precio preferencial y pidieron a cambio un control más
estricto de la emigración china hacia Siberia.
Por lógica, los dos grandes debieran fortalecerse mutuamente
rechazando el dólar como moneda internacional. Pero Pekín no quiere
ponerse del lado de una de las partes y no desea provocar la
incomodidad de Washington. Los chinos están aplicando una estrategia
discreta de fortalecimiento de sus alianzas en todas direcciones. Eso
me parece un poco extraño porque puede costarles caro. Estados Unidos
pudiera arrastrarlos en su propio y previsible derrumbe.
Permítame expresarle de paso mi incomodidad ante la estúpida
denuncia de violaciones de derechos humanos en China. No cabe duda
alguna de que Pekín los respeta más que Washington -lo cual, aunque no
constituye una excusa para que no haya mejoría en ese aspecto, debe
conllevar relativizar esas acusaciones. Y hay que parar de decir que
China se anexó el Tibet en 1956, cuando los comunistas chinos le
quitaron esa región a los chinos de Chiang Kai-Chek.
I&R: ¿Tiene algo que decir sobre Sudamérica, antes de volver a hablar de Francia?
Thierry Meyssan: Más allá de la tendencia a la
unificación, se establecido estrategias ante el imperialismo. Pero el
debilitamiento, en espera de algo más, de Estados Unidos crea una nueva
situación y puede incitar a algunos a redistribuir sus cartas. La
protección de las economías nacionales vuelve a ser una preocupación de
primer plano. Paradójicamente, los Estados que son víctimas de
sanciones están mejor preparados para enfrentar la crisis. En ese caso
se encuentran Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador -como sucede con Siria
e Irán, en el Medio Oriente. Es de esperar que se desarrollen nuevas
instituciones nacionales, paralelamente al Banco del Sur. Es la
revancha de la Historia.
I&R: Para terminar, hablemos de Francia, más exactamente, de la Francia de Sarkozy...
Thierry Meyssan: Francia es una vieja nación que no
se puede manejar en cualquier sentido. Tiene un glorioso pasado y se
identifica con un ideal, del cual se aparta a menudo pero al que
siempre acaba por volver. Esta pasando hoy por un periodo malo porque
está siendo gobernada por el «partido del extranjero». Sus dirigentes están tomando la decisión incorrecta, en el peor
momento. Han decidido poner sus fuerzas armadas bajo las órdenes de la
OTAN, concretamente bajo el mando del general Banz Craddock,
el criminal que creó el centro de tortura en Guantánamo. Y están
cometiendo esa traición precisamente en el momento en que Estados
Unidos se hunde en la crisis. Están amarrando Francia a un barco que se
está hundiendo y que puede arrastrarla al naufragio.
Su servilismo los lleva no sólo a someter a sus propias fuerzas
armadas a las órdenes de otros, sino también a transformar
profundamente la sociedad francesa para clonarla conforme al «modelo»
americano. Lo están haciendo en el plano económico, con la reducción de
los servicios públicos, así como en los sectores de la justicia y la
educación, de la discriminación positiva y otros que no viene al caso
mencionar. Sarkozy no es de derecha ni de izquierda, lo que hace es
imitar a los yanquis.
Como expliqué detalladamente en un amplio trabajado publicado en la revista rusa Profile [1],
Sarkozy satisface a tres fuerzas: los anglosajones, la mafia y el banco
Rothschild. Hace años que toda esa gente está conciente del desgaste de
Estados Unidos y quiere garantizar el poder de la oligarquía financiera
global reequilibrando el Imperio.
Habría dos pilares -uno estadounidense y otro europeo- mientras
que el Reino Unido serviría de vínculo. Nicolas Sarkozy está al
servicio de ese proyecto desde que fue electo. Ese proyecto lo llevó a
romper el dúo franco-alemán y a acercarse a los ingleses, y después lo
llevó a proponer diferentes reorganizaciones de la Unión Europea,
específicamente la creación de un gobierno económico. La consecuencia
será hacernos más vulnerables a las convulsiones estadounidenses.
Sin embargo, hay quien sigue esperando por Francia, y no sólo en el
mundo francófono. Somos el país que fuera de lo común que proclamó la
soberanía popular. En Francia se subestima totalmente el nivel de
ridículo que caracteriza a Nicolas Sarkozy y su pandilla a los ojos del
resto del mundo. La imagen de Sarkozy es la de un fanfarrón
sobreexcitado, la de un individuo inestable lleno de manías que mete la
cuchareta en la mayor cantidad posible de conflictos internacionales y
que hace el papel de pez-piloto a los bandazos de Washington.
Desgraciadamente, la reconstrucción de una alternativa exigirá tiempo, pero eso no es razón para renunciar a hacerlo.
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