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Cuando los antisemitas, o más propiamente, los enemigos de los judíos,
notaron, después de lanzar contra ellos a lo largo de la historia diversas
persecuciones, incluso las más sangrientas, que no habría forma de deshacerse de
sus odiados, intentaron entonces una novedosa estrategia: el sionismo.
El nacionalismo había surgido en Europa como una forma de emancipación
colectiva de los pueblos y ofreció un "interesante" método de segregación. Los
judíos serían identificados como un pueblo distinto, "el pueblo judío", y como
tal quedaría discriminado. No formaría parte de las naciones que estaban
naciendo.
Muchos judíos protestaron y denunciaron este plan. Querían integrarse a las
naciones nacientes, se identificaban con las ideas libertadoras que soplaban en
el viento de la época. Pero sus voces fueron siendo tragadas gradualmente porque
la destructiva alianza del antisemitismo con el sionismo ya había sido sellada.
Era el arma última que sería usada contra ellos; la más mortífera, porque
funcionaría como una bomba de tiempo progresiva que iría atacándolos desde
dentro.
Se cuenta que el sionismo político nació en el siglo XIX de una reflexión de
Teodoro Hertzl (1860-1904) acerca del "caso Dreyfus", un militar francés judío
que fue injustamente inculpado de traición, aparentemente por motivaciones
antisemitas. Hertzl razonó que los antisemitas tenían de alguna forma razón, y
que los judíos eran un pueblo distinto que no pertenecía a la nación en la cual
vivían. Aun si ya vivían en el seno de la misma desde muchas generaciones atrás,
algún fenómeno especial marcaba al judío como diferente. No era la religión
(Hertzl mismo no era para nada religioso), tampoco la cultura, pues muchos
judíos perseguidos compartían y se identificaban con la misma cultura de las
naciones donde vivían. En realidad, al proponer el sionismo político, Hertzl
estaba aceptando la tesis de sus supuestos enemigos, los antisemitas. Estaba
aceptando un prejuicio discriminatorio como una realidad. Adoptaba, por así
decirlo, el viejo dicho de "si no puedes con tus enemigos, únete a ellos".
Por eso mismo, no es una sorpresa constatar que el mismísimo Hitler, que
desconfiaba profundamente de los judíos y fundó el nazismo, una ideología de
supremacía racial segregacionista de fuerte sesgo antisemita, y que llevó a una
de las peores masacres de judíos de la historia, haya apoyado decisivamente al
sionismo y a la construcción del Estado de Israel en sus comienzos como
gobernante de Alemania. Sí: Hitler, considerado tal vez el peor enemigo de los
judíos por la mayoría de los historiadores, incluso negoció directamente con los
sionistas, intercambió cartas y colaboró activamente con ellos, como lo
demuestra el artículo del historiado Mark Weber, trascripto abajo. Y no hace
falta recordar la mayor contribución de Hitler al sionismo a través de las
masacres que él mismo y su régimen asestaron a los judíos de Europa. Se sabe que
la decisión de la Organización de las Naciones de apoyar decisivamente la
partición de Palestina en 1947 y la creación de un Estado judío estuvo
directamente influenciada por los horrores del Holocausto nazi. Con esto, Hitler
se convirtió en el mayor colaborador del sionismo de la historia, pues dejó
enmudecidos a los mayores detractores del sionismo que había en la época, que no
eran pocos, incluso dentro del judaísmo. El Holocausto nazi contribuyó a la
conversión masiva al sionismo, tanto de judíos como de personas de otras
ascendencias.
El sionismo, en mi opinión, es decididamente una forma de antisemitismo. La
peor, porque destruye al judío desde adentro. Lo corrompe, lo aleja de su
esencia humana, porque, como ideología, es un conjunto de falacias diseñadas
para confundir y reemplazar al ser, a la condición del hombre natural, por una
condición ficticia: la de miembro de una secta, la secta sionista. El
sionista es aquel que sucumbe a la teoría antisemita, que no está basada en nada
más que la ignorancia, y que se asume como un perseguido que justifica, como lo
hacía Herzl, esa persecución porque se cree diferente.
Es por eso que hoy la lucha desde dentro del judaísmo para desenmascarar y
desarticular al sionismo y a su criatura, el Estado de Israel, es una lucha
esencial por la libertad del ser.
Los dejo con el artículo del historiador Mark Weber.
El Sionismo y el Tercer Reich
Mark Weber(*)
Traducido del original publicado en Inglés en The Journal of Historical
Review, Julio-Agosto de 1993 (Vol. 13, No. 4), pp. 29-37
A principios de 1935, un navío de pasajeros con rumbo al puerto de Haifa, en
Palestina, dejaba el puerto alemán de Bremerhaven. En su popa llevaba escrito su
nombre en letras hebreas, "Tel Aviv", mientras una bandera con la esvástica nazi
flameaba en el mástil. Y aunque la nave era propiedad de los sionistas, su
capitán era un miembro del Partido Nacional Socialista Alemán. Muchos años
después, un viajero a bordo la nave, revocó esta simbólica combinación como un
"absurdo metafísico". (1) Absurdo o no, ésta es sólo una ilustración de un
capítulo poco conocido de la historia: La colaboración en un amplio rango entre
el sionismo y el Tercer Reich de Hitler.
Propósitos Comunes
Durante años, pueblos de diferentes países se han enfrentado con la "cuestión
judía": es decir, ¿Cuál es el papel apropiado de los judíos en la sociedad
no-judía? Durante los años treinta, los sionistas judíos y los alemanes
nacional-socialistas compartieron una visión similar de cómo tratar con este
confuso problema. Ellos estaban de acuerdo que los judíos y los alemanes eran de
nacionalidades claramente diferentes y que los judíos no pertenecían a Alemania.
Los judíos que viven por consiguiente en el Reich no debían ser considerados
como "alemanes de fe judía", sino como miembros de una comunidad nacional
separada. El sionismo (nacionalismo judío) también implicaba una obligación de
los judíos sionistas de reasentarse en Palestina, "la patria judía".
Difícilmente podrían considerarse como sinceros sionistas y simultáneamente
exigir iguales derechos en Alemania o en cualquier otro país "extranjero."
Theodor Herzl (1860-1904), el fundador del sionismo moderno, sostuvo que el
antisemitismo no es una aberración, sino una natural y completamente entendible
respuesta del no-judío a la conducta y actitud extranjera judía. La única
solución, él defendía, es que los judíos debían reconocer la realidad y vivir en
un estado separado de su propiedad. "La Cuestión Judía existe en dondequiera que
los judíos vivan en números notables", escribió él en su trabajo más influyente,
"El Estado Judío".
"Donde no exista, es fundada por la llegada de judíos... creo que entiendo el
antisemitismo, el cual es un fenómeno muy complejo. Considero este desarrollo
como un judío, sin odio o miedo". La Cuestión Judía, sostuvo él, no es social o
religiosa. "Es una cuestión nacional. Para resolverla debemos, sobre todo,
hacerla un problema político internacional... "Independientemente de su
ciudadanía, insistió Herzl, los judíos no constituyen meramente una comunidad
religiosa, sino una nacionalidad, un pueblo, un Volk (2). El sionismo, escribió
Herzl, ofreció al mundo una bienvenida "solución final a la Cuestión Judía" (3).
Seis meses después de que Hitler llegara al poder, la Federación sionista de
Alemania (por lejos el grupo sionista más grande de aquel país) emitió un
detallado memorándum al nuevo gobierno que revisaba las relaciones
judío-alemanas y formalmente ofrecía el apoyo sionista para "resolver" la
molesta "cuestión Judía". El primer paso sugerido, debía ser un franco
reconocimiento de las fundamentales diferencias de nacionalidad (4)".
"El sionismo no tiene ilusiones sobre la dificultad de la condición judía, la
cual consiste, sobre todo, en un modelo ocupacional anormal y en la falla de una
actitud intelectual y moral no arraigada en una propia tradición. El sionismo ha
reconocido hace décadas que como resultado de las tendencias a la asimilación,
síntomas de deterioro debían comenzar a aparecer....
El sionismo cree que el renacimiento de la vida nacional de un pueblo, el
cual está ocurriendo ahora en Alemania a través del énfasis de su carácter
cristiano y nacional, también debe suceder en el grupo nacional judío. Para las
personas judías, también, el origen nacional, la religión, el destino común y un
sentido de ser únicos, deben ser de decisiva importancia en la configuración de
su existencia. Esto significa que el individualismo egoísta de la era liberal
debe superarse y debe reemplazarse con un sentido de comunidad y de
responsabilidad colectiva....
Creemos que precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que
puede, a través de una determinación audaz en el manejo de la cuestión judía,
dar un paso decisivo hacia la superación del problema, el cual, en verdad,
tendrá que ser tratado por la mayoría de los pueblos europeos...
Nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía mantiene una relación clara y
sincera con el pueblo alemán y sus realidades nacional y racial. Precisamente
porque no deseamos falsificar estos principios, porque nosotros también estamos
contra el matrimonio mixto y estamos a favor de mantener la pureza del grupo
judío y rechazamos cualquier trasgresión en el dominio cultural, nosotros -
habiendo sido educados en el idioma y la cultura alemanes - podemos mostrar un
interés en los trabajos y valores de la cultura alemana con admiración y
simpatía interna...
Por sus prácticos objetivos, el sionismo espera ser capaz de ganar la
colaboración incluso de un gobierno fundamentalmente hostil a los judíos, porque
al tratar con la cuestión judía no están envueltos los sentimentalismos sino un
problema real cuya solución interesa a todas las personas y, en el actual
momento, sobre todo a los alemanes...
La propaganda del Boicot- tal como se está llevando a cabo, actualmente, de
muchas maneras contra Alemania - es en esencia no-sionista, porque el sionismo
no quiere dar batalla sino convencer y construir...
No somos ciegos al hecho de que la Cuestión Judía existe y continuará
existiendo. De la situación anormal de los judíos, resultan desventajas severas
para ellos, pero también condiciones escasamente tolerables para otras
personas."
El diario de la Federación, el Jüdische Rundschau ("Jewish Review"), proclamó
el mismo mensaje: "El sionismo reconoce la existencia de un problema judío y
desea una solución constructiva y de largo alcance. Para este propósito, el
sionismo desea obtener la ayuda de todos los pueblos, sea ésta en pro o
anti-judía, porque en su opinión, estamos tratando aquí, más con un problema
concreto que uno sentimental, la solución en la cual todos los pueblos están
interesados" (5). Un joven Rabino de Berlín, Joachim Prinz, que más tarde se
estableció en los Estados Unidos y se puso a la cabeza del Congreso Judío
Norteamericano, escribió en su libro de 1934, Wir Juden ("Nosotros los judíos"),
que la revolución Nacional Socialista en Alemania significó "Judaísmo para los
judíos." Él explicó: "Ningún subterfugio puede salvarnos ahora. En lugar de
asimilación deseamos un nuevo concepto: el reconocimiento de la nación judía y
de la raza judía. (6)
Colaboración activa
Sobre esta base de ideologías similares sobre etnicidad y nacionalismo, los
nacional socialistas y sionistas trabajaron juntos para lo que cada grupo creía
correspondía a su propio interés nacional. Como resultado, el gobierno de Hitler
apoyó vigorosamente al sionismo y la emigración judía a Palestina desde 1933
hasta 1940-41, cuando el inicio de la Segunda Guerra Mundial impidió una
colaboración más extensa.
Así como el Tercer Reich se volvió más fuerte, muchos judíos alemanes,
probablemente una mayoría, continuaron considerándose, a menudo con un
considerable orgullo, primero como alemanes. Pocos eran los entusiastas de alzar
sus raíces para comenzar una nueva vida en la lejana Palestina. No obstante, más
y más judíos alemanes se convirtieron al sionismo durante este período. Hasta
finales de 1938, el movimiento sionista floreció en Alemania bajo Hitler. La
circulación del quincenal Jüdische Rundschau de la Federación Sionista creció
enormemente. Se publicaron numerosos libros sionistas. "El trabajo sionista
funcionaba perfecto" en Alemania durante esos años, hace notar la Enciclopedia
Judaica. Una convención sionista llevada a cabo en Berlín en 1936 refleja "en su
composición, la vigorosa vida partidaria de los sionistas alemanes."(7)
Las SS fueron particularmente entusiastas en su apoyo al sionismo. Un informe
interno de junio de 1936 de las SS insta al apoyo activo y de amplio rango al
sionismo tanto por el gobierno y el Partido como la mejor manera de alentar la
emigración de los judíos de Alemania a Palestina. Esto requeriría aumentar la
auto estima judía. Escuelas judías, ligas de deportes judías, organizaciones
culturales judías - resumiendo, todo aquello que alentara esta nueva conciencia
y conocimiento de sí mismo - debe ser promovida, recomienda el informe (8). El
funcionario de la SS, Leopold von Mildenstein y el funcionario de la Federación
Sionista, Kurt Tuchler, recorrieron juntos Palestina durante seis meses para
evaluar allí el desarrollo sionista. Basado en sus observaciones de primera
mano, von Mildenstein escribió una serie de doce artículos ilustrados para el
importante diario de Berlín, Der Angriff que apareció a finales de 1934 bajo el
encabezado "Un Viaje Nazi a Palestina". La serie expresaba gran admiración por
el espíritu pionero y los logros de los colonos judíos.
"El auto-desarrollo sionista," escribió von Mildenstein, "ha producido un
nuevo tipo de judío." Él alabó al sionismo como un gran beneficio para el pueblo
judío y para el mundo entero. "Una patria judía en Palestina", escribió en su
artículo final, "apunta a la forma de curar una herida de largos siglos en el
cuerpo del mundo: la cuestión judía". Der Angriff emitió una medalla especial,
con una Esvástica en un lado y una Estrella de David en el otro, para conmemorar
la visita conjunta SS-Sionista.
Unos meses después de que los artículos aparecieron, von Mildenstein fue
promovido para dirigir el Departamento de Asuntos Judíos del Servicio de
Seguridad de las SS con el objeto de apoyar la emigración sionista y
desarrollarla más eficazmente. (9)
El periódico oficial de la SS, Das Schwarze Korps, proclamó su apoyo al
sionismo en la editorial de la primera página en mayo 1935: "Puede no ser lejano
el tiempo en que Palestina podrá de nuevo recibir a sus hijos que han estado
alejados de ella por más de mil años. Nuestros mejores deseos, junto con la
buena voluntad oficial, van con ellos". (10) Cuatro meses después, un artículo
similar aparecía en el periódico de la SS: (11)
"El reconocimiento del Judaísmo como una comunidad racial basada en la sangre
y no en la religión llevó al gobierno alemán a garantizar sin reservas la
separación racial de su comunidad. El gobierno en sí mismo se encuentra en
completo acuerdo con el gran movimiento espiritual dentro del Judaísmo, el
llamado sionismo, con su reconocimiento de la solidaridad del Judaísmo alrededor
del mundo y su rechazo a todas las nociones de asimilación. Sobre esta base,
Alemania emprende medidas que jugarán ciertamente un papel significante en el
futuro, en el manejo del problema judío alrededor del mundo."
La principal línea naviera alemana comenzó el servicio directo de navíos de
pasajeros desde Hamburgo a Haifa, Palestina, en octubre 1933, entregaba comida
"estrictamente judía" (Kosher) en sus naves, bajo la vigilancia del rabinato de
Hamburgo". (12)
Con el apoyo oficial, los sionistas trabajaron sin descanso para "reeducar" a
los judíos de Alemania. Tal como el historiador norteamericano, Francis Nicosia,
lo puso en su estudio en 1985, ‘El Tercer Reich y la Cuestión Palestina': "Los
sionistas fueron alentados a llevar su mensaje a la comunidad judía, colectar
dinero, mostrar películas sobre Palestina y, en general, educar a los judíos
alemanes sobre Palestina. Hubo una considerable presión para enseñar a los
judíos en Alemania a dejar de identificarse como alemanes para despertar en
ellos una nueva identidad nacional judía." (13)
En una entrevista después de la guerra, el ex dirigente máximo de la
Federación Sionista de Alemania, Dr. Hans Friedenthal, resumió la situación: "La
Gestapo hizo de todo en aquellos días para promover la emigración,
particularmente a Palestina. Recibimos a menudo su ayuda cuando requeríamos algo
de otras autoridades con respecto a la preparación para la emigración." (14)
En el Congreso de septiembre de 1935 del Partido Nacional Socialista, el
Reichstag adoptó las llamadas "leyes de Nuremberg" que prohibieron los
matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y alemanes y, en efecto,
proclamó a los judíos como una nacionalidad minoritaria extranjera. Después de
unos días el sionista Jüdische Rundschau, en su editorial, dio la bienvenida a
las nuevas medidas: (15) "Alemania... está de acuerdo en las demandas del
Congreso Sionista Mundial cuando ha declarado a los judíos que viven ahora en
Alemania como una minoría nacional. Una vez que los judíos han sido caratulados
como una minoría nacional, es nuevamente posible establecer relaciones normales
entre la nación alemana y el Judaísmo. Las nuevas leyes dan a la minoría judía
en Alemania su propia vida cultural, su propia vida nacional. En el futuro podrá
formar sus propias escuelas, su propio teatro y sus propias asociaciones
deportivas. Resumiendo, podrá crear su propio futuro en todos los aspectos de
vida nacional...
Alemania le ha dado a la minoría judía la oportunidad de vivir por sí misma y
está ofreciendo la protección estatal para esta vida separada de la minoría
judía: El proceso de crecimiento de la judería hacia una nación será por ello
alentado y se hará una contribución al establecimiento de relaciones más
tolerables entre las dos naciones.
Georg Kareski, jefe máximo, tanto de la Organización "Revisionista" del
Estado sionista y de la Liga Cultural judía, y ex jefe máximo de la Comunidad
Judía de Berlín, declaró en una entrevista con el diario Der Angriff de Berlín a
finales de 1935: (16)
"Durante muchos años he considerado una completa separación de los asuntos
culturales de los dos pueblos [judíos y alemanes] como pre-condición para vivir
juntos sin conflictos... he apoyado tal separación por mucho tiempo, con tal de
que sea basada en el respeto de las nacionalidades extranjeras. Las Leyes de
Nuremberg... me parecen, aparte de sus provisiones legales, conformar
completamente este deseo para una vida separada basada en el respeto mutuo...
Esta interrupción del proceso de disolución en muchas comunidades judías, que se
había promovido a través de los matrimonios mixtos, es por consiguiente, del
punto de vista judío, completamente bienvenida."
Líderes sionistas en otros países, se hicieron eco de estas visiones. Stephen
S. Wise, Presidente del Congreso Judío Norteamericano y del Congreso Judío
Mundial, dijo en una reunión en Nueva York en junio de 1938: "Yo no soy un
ciudadano norteamericano de la fe judía, soy un judío... Hitler tenía razón en
una cosa. Él llamó a las personas judías una raza y nosotros somos una raza."
(17) El especialista en asuntos judíos del Ministerio del Interior, Dr. Bernhard
Lösener, expresó el apoyo al sionismo en un artículo que apareció en noviembre
de1935 emitido por el oficialista Reichsverwaltungsblatt: (18)
"Si los judíos ya tuvieran su propio estado en que la mayoría de ellos
pudiese asentarse, entonces la cuestión judía podría considerarse completamente
resuelta hoy en día, también para los judíos mismos. La menor cantidad de
oposición a las ideas que sustentan las Leyes de Nuremberg ha sido dada a
conocer por los sionistas, porque ellos comprenden de una vez que estas leyes
representan, también, la única solución correcta para las personas judías.
Porque cada nación debe tener su propio Estado como expresión exterior de su
particular nacionalidad.
En cooperación con las autoridades alemanas, los grupos sionistas organizaron
una red de unos cuarenta campamentos y centros agrícolas a lo largo de Alemania
en donde los posibles colonos serían entrenados para su nueva vida en Palestina.
Aunque las Leyes de Nuremberg prohíbían a los judíos desplegar la bandera
alemana, se garantizó específicamente a los judíos el derecho para desplegar el
emblema judío azul y blanco. La bandera que sería, algún día, adoptada por
Israel flameó en los campamentos y Centros sionistas en la Alemania de
Hitler.(19)
El servicio de seguridad de Himmler cooperó con el Haganah, la organización
militar sionista clandestina en Palestina. La agencia de la SS le pagó a Feivel
Polkes, oficial de Haganah, por información sobre la situación en Palestina y
por la ayuda dirigiendo la emigración judía a ese país. Entretanto, el Haganah
se mantuvo bien informado sobre los planes alemanes por un espía que logró
incluso implantar en la oficina principal de la SS en Berlín.(20) La
colaboración de Haganah-SS incluyó entregas secretas de armamento alemán a los
colonos judíos para usarlas en choques con los Árabes Palestinos. (21)
Como consecuencia del "Kristallnacht", estallidos de violencia y destrucción
de noviembre 1938, la SS ayudó rápidamente a la organización sionista a
levantarse y continuar su trabajo en Alemania, aunque, ahora, bajo una
vigilancia más restringida. (22)
Reservas oficiales
El apoyo alemán al sionismo no fue ilimitado. El gobierno y funcionarios del
Partido estaban muy atentos a la continua campaña de las poderosas comunidades
judías en los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países para movilizar a "sus"
gobiernos y ciudadanos judíos contra Alemania.
Mientras que la Judería mundial permaneciera implacablemente hostil hacia la
Alemania Nacional Socialista, y mientras que la gran mayoría de judíos alrededor
del mundo mostrara pocos deseos para asentarse en la "tierra prometida"
sionista, un estado judío soberano en Palestina no resolvería realmente la
cuestión judía internacional. En cambio, razonaron los funcionarios alemanes,
fortalecería inmensamente esta peligrosa campaña anti-alemana. Por consiguiente,
el apoyo alemán hacia el sionismo se limitó al apoyo a una patria judía en
Palestina bajo control británico, no un estado judío soberano (23). Un estado
judío en Palestina, informaba el Ministro de relaciones exteriores a los
diplomáticos en junio de 1937, no estaría en el interés de Alemania porque no
podría absorber a todos los judíos alrededor del mundo y sólo serviría como una
base de poder adicional para la Judería internacional, de la misma manera como
Moscú sirvió como base para el comunismo (24).
Reflejando algo de cambio en la política oficial, la prensa alemana expresó
una mayor simpatía en 1937 con la resistencia Árabe Palestina a las ambiciones
sionistas, en un momento en que las tensiones y los choques entre judíos y
árabes en Palestina aumentaban progresivamente (25).
En una circular del boletín de la Oficina de Extranjería del 22 de junio de
1937, advirtió que a pesar del apoyo al reasentamiento de los judíos en
Palestina, "sería, no obstante, un error asumir que Alemania apoye la formación
de una estructura estatal en Palestina bajo alguna forma de control judío. En
vista de la agitación anti-alemana de la Judería Internacional, Alemania no
puede estar de acuerdo con que la formación de un estado Palestino judío
ayudaría al desarrollo pacífico de las naciones del mundo (26)". "La
proclamación de un estado judío o una Palestina administrada por los judíos",
advirtió un memorándum interno de la sección de asuntos judíos de la SS,
"crearía para Alemania un nuevo enemigo, uno que tendría una profunda influencia
en los desarrollos del cercano Oriente". Otra agencia de la SS predijo que un
estado judío "trabajaría para otorgar protección especial como minoría a los
judíos en cada país, dando por consiguiente protección legal a la actividad de
explotación de la Judería mundial". (27) En enero de 1939, el nuevo ministro del
exterior de Hitler, Joachim von Ribbentrop, igualmente advirtió en otro boletín
que "Alemania debe considerar como peligrosa la formación de un estado judío"
porque "traería consigo un crecimiento internacional de poder a la Judería
mundial". (28)
El propio Hitler analizó totalmente este problema en forma personal a
principios de 1938 y, a pesar de su duradero escepticismo por las ambiciones
sionistas y presentimientos que sus políticas podrían contribuir a la formación
de un estado judío, decidió apoyar aún más vigorosamente la migración judía a
Palestina. La perspectiva de librar a Alemania de sus judíos, concluyó, pesaría
más que los posibles peligros.(29)
Entretanto, el gobierno británico impuso incluso más drásticas restricciones
a la inmigración judía en Palestina en 1937, 1938 y 1939.
En respuesta, el servicio de seguridad de la SS concluyó una alianza secreta
con la agencia clandestina sionista, Mossad le-Aliya. Acordaron pasar
ilegalmente de contrabando a los judíos a Palestina. Como resultado de esta
intensiva colaboración, varios convoyes de naves tuvieron éxito en alcanzar
Palestina, burlando las lanchas británicas. La migración judía, legal e ilegal,
desde Alemania (incluso de Austria) a Palestina aumentó dramáticamente en 1938 y
1939. En octubre de 1939 estaba fijada la salida de otros 10,000 judíos, pero la
erupción de la guerra en septiembre llevó a fin este esfuerzo. De todas maneras,
las autoridades alemanas continuaron promoviendo indirectamente la emigración
judía a Palestina durante 1940 y 1941. (30) Inclusive, hasta marzo de 1942, por
lo menos un "kibbutz" sionista, campo de entrenamiento para emigrantes
potenciales, continuó operando oficialmente autorizado en la Alemania de Hitler.
(31)
El Acuerdo de Traslado ("Transfer")
La pieza central de la cooperación alemana-sionista durante la era de Hitler
fue el Acuerdo de Traslado, un pacto que permitió a decenas de miles de judíos
alemanes emigrar a Palestina con su riqueza. El Acuerdo, también conocido como
el Ha'avara (palabra hebrea para "traslado"), se llevó a cabo en agosto de 1933,
como consecuencia de las conversaciones entre los funcionarios alemanes y Chaim
Arlosoroff, Secretario Político de la Agencia judía, el centro Palestino de la
Organización Sionista Mundial.
(32)
A través de este raro acuerdo, cada judío comprometido a viajar a Palestina
depositaba dinero en una cuenta especial en Alemania. El dinero era usado para
comprar herramientas agrícolas, materiales de construcción, bombas de agua,
fertilizantes, etc., de fabricación alemana, los cuales eran exportados a
Palestina y vendidos allí por la compañía de propiedad judía Ha'avara en
Tel-Aviv. El dinero de las ventas se le entregaba al emigrante judío a su
llegada a Palestina en la misma cantidad correspondiente a su dinero depositado
en Alemania. Los bienes alemanes entraron a raudales en Palestina a través del
Ha'avara que fue complementado un corto tiempo después con un acuerdo de trueque
por el cual se intercambiaron naranjas de Palestina por madera alemana,
automóviles, maquinaria agrícola y otros bienes. El Acuerdo, entonces, sirvió al
objetivo sionista de traer colonos judíos y capital de desarrollo a Palestina,
mientras, simultáneamente, servía a la meta alemana de librar el país de un
grupo extranjero no deseado.
Delegados al Congreso Sionista de Praga en 1933 debatieron vigorosamente los
méritos del Acuerdo. Algunos temieron que el pacto minara el boicot económico
judío internacional contra Alemania. Pero los funcionarios sionistas
tranquilizaron al Congreso. Sam Cohen, una figura importante detrás del acuerdo
de Ha'avara, enfatizó que el Acuerdo no era económicamente ventajoso para
Alemania. Arthur Ruppin, un especialista en emigración de la Organización
Sionista que había ayudado a negociar el pacto, apuntó a que "el Acuerdo de
Traslado de ninguna forma interfería con el movimiento del boicot, ya que ningún
dinero fresco fluiría hacia Alemania como resultado del acuerdo... (33) El
Congreso Sionista que se llevó a cabo en Suiza en 1935, aprobó el pacto
abrumadoramente. En 1936, la Agencia judía ("gobierno sombra" sionista en
Palestina) tomó el control directo del Ha'avara, el cual funcionó en efecto,
hasta que la Segunda Guerra Mundial forzó su abandono.
Algunos funcionarios alemanes se opusieron al acuerdo. El Cónsul General de
Alemania en Jerusalén, Hans Döhle, por ejemplo, criticó en gran forma y en
varias ocasiones el Acuerdo durante 1937. Él señaló el costo que significaría
para el comercio exterior de Alemania si los productos exportados a Palestina a
través del acuerdo serían vendidos en otra parte. El monopolio de Ha'avara en la
venta de los bienes alemanes a Palestina a través de una agencia judía
encolerizó naturalmente a los hombres de negocios tanto alemanes como árabes. El
apoyo oficial alemán al sionismo podría llevar a una pérdida de mercados
alemanes a lo largo del mundo árabe. El gobierno británico también notó el
acuerdo. (34) Un boletín interno de la Oficina Exterior alemana de junio de 1937
se refirió a los "sacrificios del intercambio exterior" que resultaban de la
Ha'avara (35).
Un memorándum interno de diciembre 1937 emitido por el Ministerio del
Interior alemán revisó el impacto del Acuerdo de Traslado: "No hay ninguna duda
de que el arreglo de Ha'avara ha contribuido muy significativamente al rápido
desarrollo de Palestina desde 1933. El Acuerdo no sólo proporcionó grandes sumas
de dinero (¡desde Alemania!), sino también el grupo más inteligente de
inmigrantes, y finalmente llevó allí las máquinas y los productos industriales
esenciales para su desarrollo." La ventaja principal del pacto, informaba el
memorándum, era la emigración de grandes números de judíos a Palestina, el
territorio-objetivo más deseable de acuerdo a los intereses de Alemania de aquel
momento. Pero el documento también hacía notar las importantes desventajas
señaladas por el Cónsul Döhle y otros funcionarios. De acuerdo a lo que
indicaba, el Ministerio del Interior había llegado a la conclusión de que las
desventajas del acuerdo pesaban ahora más que las ventajas y que, por
consiguiente, debía darse por terminado.(36)
Sólo un hombre podría resolver la controversia. Hitler analizó la política
personalmente en julio y septiembre de 1937 y nuevamente en enero de 1938 y cada
vez decidió mantener el acuerdo de la Ha'avara. La meta de sacar a los judíos de
Alemania, concluyó él, justificaba las desventajas.(37)
El Ministerio de Economía del Reich ayudó a organizar otra empresa para el
traslado, la Agencia de Comercio Internacional e Inversión, o INTRIA
(International Trade and Investment Agency), a través de la cual los judíos en
países extranjeros podrían ayudar a los judíos alemanes a emigrar a Palestina.
Se canalizaron eventualmente casi $900,000 a través del Intria a los judíos
alemanes en Palestina.(38) Otros países europeos, deseosos de alentar la
emigración judía, concluyeron acuerdos con los sionistas siguiendo el modelo de
Ha'avara. En 1937, Polonia autorizó la fundación de la Empresa de Transferencia
Halifin (palabra hebrea para "intercambio"). A finales del verano de 1939,
Checoslovaquia, Rumania, Hungría e Italia habían firmado acuerdos similares. La
erupción de guerra en septiembre de 1939, sin embargo, previno la aplicación en
gran escala de estos acuerdos. (39)
Los logros de Ha'avara
Entre 1933 y 1941, unos 60,000 judíos alemanes emigraron a Palestina a través
de Ha'avara y otros acuerdos alemán-sionistas, o aproximadamente el diez por
ciento de la población judía de Alemania en 1933. (Estos judíos alemanes
constituyeron aproximadamente el 15 por ciento de la población judía de
Palestina en 1939.) Algunos emigrantes de Ha'avara transfirieron su considerable
riqueza personal de Alemania a Palestina. Como el historiador judío Edwin Black
lo ha notado: "Muchas de estas personas, sobre todo a fines de los años 30,
recibieron el permiso para transferir verdaderas réplicas de sus casas y
fábricas - de hecho, aproximadas réplicas de su existencia misma". (40) La
cantidad total transferida desde Alemania a Palestina a través del Ha'avara
entre agosto de 1933 y a fines de 1939 fue de 8.1 millones de libras o 139.57
millones de marcos alemanes (entonces equivalente a más de $40 millones de
dólares). Esta cantidad incluyó 33.9 millones de marcos alemanas ($13.8 millón
de dólares) entregados por el Reichsbank en conexión con el acuerdo. (41)
El historiador Black ha estimado que un adicional de $70 millones de dólares
pueden haber fluido a Palestina a través del corolario de acuerdos comerciales
alemanes y las transacciones bancarias internacionales especiales. Los fondos
alemanes tuvieron un gran impacto en un territorio tan subdesarrollado como
Palestina lo estaba en los años treinta, señaló él.
Varias de las mayores empresas industriales fueron construidas con capitales
de Alemania, incluyendo la empresa de aguas Mekoroth y la empresa textil Lodzia.
"La afluencia de los bienes y capital de Ha'avara, concluye Black, produjo una
explosión económica en la Palestina judía" y fue "un factor indispensable en la
creación del Estado de Israel". (42) El acuerdo de Ha'avara contribuyó
grandemente al desarrollo judío en Palestina y así, indirectamente, a la
fundación del Estado israelita. Una circular del boletín de enero de 1939 del
Ministerio del Exterior alemán informó, con algún presentimiento que "el
traslado de la propiedad judía fuera de Alemania [a través del acuerdo de
Ha'avara] contribuyó en no poca magnitud a la construcción de un Estado judío en
Palestina". (43) Ex funcionarios de la compañía Ha'avara en Palestina
confirmaron esta visión en un estudio detallado del Acuerdo de Traslado
publicado en 1972: "La actividad económica resultante de la entrada de capitales
alemanes y las transferencias de Ha'avara a los sectores privados y públicos
fueron importantísimas para el desarrollo del país. Muchas industrias y empresas
comerciales nuevas establecidas en la Palestina judía y numerosas compañías que
son enormemente importantes incluso hoy en la economía del Estado de Israel
deben su existencia al Ha'avara". (44)
El Dr. Ludwig Pinner, funcionario de la Compañía Ha'avara en Tel Aviv durante
los años treinta, comentó después que la excepcional competencia de los
inmigrantes de Ha'avara contribuyeron" "decididamente al desarrollo económico,
social, cultural y educativo de la comunidad judía de Palestina." (45)
El Acuerdo del Traslado es el ejemplo más elocuente de la cooperación entre
la Alemania de Hitler y el sionismo internacional. A través de este pacto, el
Tercer Reich de Hitler hizo más que cualquier otro gobierno durante los años
treinta para apoyar el desarrollo judío en Palestina.
Sionistas ofrecen una alianza militar a Hitler
A principios de Enero de 1941, una pequeña pero importante organización
sionista entregó una propuesta formal a los diplomáticos alemanes en Beirut para
una alianza político-militar con la Alemania en guerra. La oferta fue hecha por
organización radical secreta "Luchadores para la Liberación de Israel", más
conocida como el clan Lehi o Stern. Su líder, Avraham Stern, había roto
recientemente con los radicales nacionalistas "Organización Nacional Militar"
(irgun Zvai Leumi, NMO por sus siglas en inglés) por la actitud del grupo hacia
Gran Bretaña, la cual había prohibido eficazmente el asentamiento de judíos en
Palestina. Stern consideraba a Bretaña como el enemigo principal del sionismo.
Vale la pena citar en cierta medida esta notable propuesta sionista "para la
solución de la cuestión judía en Europa y la participación activa del NMO [Lehi
o Stern] en la guerra como aliado de Alemania"(46):
"En sus discursos y declaraciones, los principales estadistas de la Alemania
Nacional Socialista han enfatizado a menudo que un Nuevo Orden en Europa
requiere como requisito previo, una solución radical de la cuestión judía
mediante la evacuación. ("Europa libre de Judíos")
La evacuación masiva de judíos de Europa es una condición previa para
resolver la cuestión judía. Sin embargo, la única manera que esto puede ser
totalmente logrado es a través del asentamiento de estas masas en la patria del
pueblo Judío, Palestina, y por el establecimiento de un estado judío en sus
límites históricos.
La meta de la actividad política y los años de lucha del Movimiento de
liberación de Palestina, la Organización Militar Nacional en Palestina (Irgun
Zvai Leumi), busca resolver el problema judío de esta manera y así liberar
completamente al pueblo judío para siempre.
El NMO, que está muy familiarizado con los buenos deseos del gobierno del
Reich alemán y sus oficiales hacia las actividades sionistas dentro de Alemania
y el programa de la emigración sionista, deja ver que:
1. Intereses comunes pueden existir entre un Nuevo Orden europeo basado en el
concepto alemán y las verdaderas aspiraciones nacionales del pueblo judío tal
como las encarna el NMO.
2. La cooperación es posible entre la Nueva Alemania y una renovada Judería
nacionalista [Hebr_ertum].
3. El establecimiento del Estado judío histórico sobre una base nacionalista
y totalitaria y unida por tratados con el Reich alemán, estaría en el interés de
mantener y fortalecer la futura posición alemana de poder en el Medio Oriente.
En base a estas consideraciones y en la condición de que el gobierno del
Reich alemán reconoce las aspiraciones nacionales del Movimiento de Liberación
de Israel arriba
expresado, el NMO en Palestina ofrece tomar parte activa en la guerra como
aliado de Alemania.
Esta oferta del NMO incluiría actividades militares, políticas y de
inteligencia dentro de Palestina y, después de ciertas medidas organizacionales,
también fuera de Palestina. Junto con esto, los judíos de Europa serían
militarmente entrenados y organizados en unidades militares bajo la dirección y
orden de NMO. Ellos tomarían parte en operaciones de combate con el propósito de
conquistar Palestina, si se formarse un frente como el propuesto.
La participación indirecta del Movimiento de Liberación de Israel en el Nuevo
Orden de Europa, ya en la fase preparatoria, combinada con una solución
radical-positiva de la cuestión judía europea en base a las aspiraciones
nacionales del pueblo judío arriba expresadas, fortalecería en gran forma la
fundación moral del Nuevo Orden a los ojos de toda la humanidad.
La cooperación del Movimiento de Liberación de Israel también sería
consistente con un discurso reciente del Canciller del Reich alemán en que
Hitler enfatizó que él utilizaría cualquier combinación y coalición con el fin
de aislar y derrotar a Inglaterra."
No hay ningún registro de respuesta alemana alguna a esta propuesta. La
aceptación fue sin embargo muy improbable porque, por aquel tiempo, la política
alemana era decididamente en pro de los árabes.(47) Notablemente, el grupo Stern
buscó un pacto con el Tercer Reich en un momento en que las historias de que
Hitler estaba decidido a exterminar a los judíos ya estaban en amplia
circulación. Stern aparentemente o no creyó las historias o ellos estaban
deseosos de colaborar con el mortal enemigo de su pueblo para ayudar a provocar
la formación de un estado judío. (48) Un miembro importante del Lehi en el
momento en que el grupo hizo esta oferta fue Yitzhak Shamir, quien más tarde
sirvió como Ministro de Asuntos exteriores y luego, durante muchos de los años
ochenta y hasta junio de 1992, como Primer Ministro del Estado de Israel. Como
Jefe de Operaciones de Lehi, después de la muerte de Stern en 1942, Shamir
organizó numerosos actos terroristas, incluyendo el asesinato del Ministro de
Asuntos del Medio Oriente, en Noviembre de 1944, el británico Lord Moyne y la
matanza del mediador de Naciones Unidas, el sueco Count Bernadotte.
Años después, cuando a Shamir se le preguntó por la oferta de 1941, él
confirmó que estaba en conocimiento de la propuesta de alianza de su
organización con Alemania en tiempos de guerra. (49)
Conclusión
A pesar de la básica hostilidad entre el régimen de Hitler y la Judería
internacional, durante varios años los intereses del sionismo judío y de la
Alemania Nacional Socialista coincidieron. Colaborando con los sionistas para
una solución mutuamente deseable y humana a un complejo problema, el Tercer
Reich estaba deseoso de hacer sacrificios en su comercio exterior, dañar las
relaciones con Bretaña y encolerizar a los árabes. De hecho, durante los años
treinta, ninguna nación hizo más para apoyar sustantivamente los objetivos
judío-sionistas que la Alemania de Hitler.
Notas
1.W. Martini, "Hebr_isch unterm Hakenkreuz," Die Welt (Hamburg), Jan. 10,
1975. Cited in: Klaus Polken, "The Secret Contacts: Zionism and Nazi Germany,
1933-1941," Journal of Palestine Studies, Spring-Summer 1976, p. 65.
2.Quoted in: Ingrid Weckert, Feuerzeichen: Die "Reichskristallnacht"
(Tübingen: Grabert, 1981), p. 212. See also: Th. Herzl, The Jewish State (New
York: Herzl Press, 1970), pp. 33, 35, 36, and, Edwin Black, The Transfer
Agreement (New York: Macmillan, 1984), p. 73.
3.Th. Herzl, "Der Kongress," Welt, June 4, 1897. Reprinted in: Theodor Herzls
zionistische Schriften (Leon Kellner, ed.), erster Teil, Berlin: Jüdischer
Verlag, 1920, p. 190 (and p. 139).
4.Memo of June 21, 1933, in: L. Dawidowicz, A Holocaust Reader (New York:
Behrman, 1976), pp. 150-155, and (in part) in: Francis R. Nicosia, The Third
Reich and the Palestine Question (Austin: Univ. of Texas, 1985), p. 42.; On
Zionism in Germany before Hitler's assumption of power, see: Donald L. Niewyk,
The Jews in Weimar Germany (Baton Rouge: 1980), pp. 94-95, 126-131, 140-143.; F.
Nicosia, Third Reich (Austin: 1985), pp. 1-15.
5.Jüdische Rundschau (Berlin), June 13, 1933. Quoted in: Heinz H_hne, The
Order of the Death's Head (New York: Ballantine, pb., 1971, 1984), pp. 376-377.
6.Heinz Höhne, The Order of the Death's Head (Ballantine, 1971, 1984), p.
376.
7."Berlin," Encyclopaedia Judaica (New York and Jerusalem: 1971), Vol. 5, p.
648. For a look at one aspect of this "vigorous life," see: J.-C. Horak,
"Zionist Film Propaganda in Nazi Germany," Historical Journal of Film, Radio and
Television, Vol. 4, No. 1, 1984, pp. 49-58.
8.Francis R. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), pp.
54-55.; Karl A. Schleunes, The Twisted Road to Auschwitz (Urbana: Univ. of
Illinois, 1970, 1990), pp. 178-181.
9.Jacob Boas, "A Nazi Travels to Palestine," History Today (London), January
1980, pp. 33-38.
10.Facsimile reprint of front page of Das Schwarze Korps, May 15, 1935, in:
Janusz Piekalkiewicz, Israels Langer Arm (Frankfurt: Goverts, 1975), pp. 66-67.
Also quoted in: Heinz H_hne, The Order of the Death's Head (Ballantine, 1971,
1984), p. 377. See also: Erich Kern, ed., Verheimlichte Dokumente (Munich:
FZ-Verlag, 1988), p. 184.
11.Das Schwarze Korps, Sept. 26, 1935. Quoted in: F. Nicosia, The Third Reich
and the Palestine Question (1985), pp. 56-57.
12.Lenni Brenner, Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 83.
13.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 60.
See also: F. Nicosia, "The Yishuv and the Holocaust," The Journal of Modern
History (Chicago), Vol. 64, No. 3, Sept. 1992, pp. 533-540.
14.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 57.
15.Jüdische Rundschau, Sept. 17, 1935. Quoted in: Yitzhak Arad, with Y.
Gutman and A. Margaliot, eds., Documents on the Holocaust (Jerusalem: Yad
Vashem, 1981), pp. 82-83.
16.Der Angriff, Dec. 23, 1935, in: E. Kern, ed., Verheimlichte Dokumente
(Munich: 1988), p. 148.; F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 56.; L. Brenner,
Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 138.; A. Margaliot, "The
Reaction...," Yad Vashem Studies (Jerusalem), vol. 12, 1977, pp. 90-91.; On
Kareski's remarkable career, see: H. Levine, "A Jewish Collaborator in Nazi
Germany," Central European History (Atlanta), Sept. 1975, pp. 251-281.
17."Dr. Wise Urges Jews to Declare Selves as Such," New York Herald Tribune,
June 13, 1938, p. 12.
18.F. Nicosia, The Third Reich (1985), p. 53.
19.Lucy Dawidowicz, The War Against the Jews, 1933-1945 (New York: Bantam,
pb., 1976), pp. 253-254.; Max Nussbaum, "Zionism Under Hitler," Congress Weekly
(New York: American Jewish Congress), Sept. 11, 1942.; F. Nicosia, The Third
Reich (1985), pp. 58-60, 217.; Edwin Black, The Transfer Agreement (1984), p.
175.
20.H. H_hne, The Order of the Death's Head (Ballantine, pb., 1984), pp.
380-382.; K. Schleunes, Twisted Road (1970, 1990), p. 226.; Secret internal SS
intelligence report about F. Polkes, June 17, 1937, in: John Mendelsohn, ed.,
The Holocaust (New York: Garland, 1982), vol. 5, pp.62-64.
21.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 63-64, 105, 219-220.
22.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 160.
23.This distinction is also implicit in the "Balfour Declaration" of November
1917, in which the British government expressed support for "a national home for
the Jewish people" in Palestine, while carefully avoiding any mention of a
Jewish state. Referring to the majority Arab population there, the Declaration
went on to caution, "...it being clearly understood that nothing shall be done
which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish
communities in Palestine." The complete text of the Declaration is reproduced in
facsimile in: Robert John, Behind the Balfour Declaration (IHR, 1988), p. 32.
24.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 121.
25.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 124.
26.David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics 1889-1945
(Bar-Ilan University, Israel, 1974), p. 300.; Also in: Documents on German
Foreign Policy, Series D, Vol. 5. Doc. No. 564 or 567.
27.K. Schleunes, The Twisted Road (1970, 1990), p. 209.
28.Circular of January 25, 1939. Nuremberg document 3358-PS. International
Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before the International
Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), vol. 32, pp. 242-243. Nazi Conspiracy
and Aggression (Washington, DC: 1946-1948), vol. 6, pp. 92-93.
29.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 141-144.; On Hitler's critical view of
Zionism in Mein Kampf, see esp. Vol. 1, Chap. 11. Quoted in: Robert Wistrich,
Hitler's Apocalypse (London: 1985), p. 155.; See also: F. Nicosia, Third Reich
(1985), pp. 26-28.; Hitler told his army adjutant in 1939 and again in 1941 that
he had asked the British in 1937 about transferring all of Germany's Jews to
Palestine or Egypt. The British rejected the proposal, he said, because it would
cause further disorder. See: H. v. Kotze, ed., Heeresadjutant bei Hitler
(Stuttgart: 1974), pp.65, 95.
30.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 156, 160-164, 166-167.; H. H_hne, The
Order of the Death's Head (Ballantine, pb., 1984), pp. 392- 394.; Jon and David
Kimche, The Secret Roads (London: Secker and Warburg, 1955), pp. 39-43. See
also: David Yisraeli, "The Third Reich and Palestine," Middle Eastern Studies,
October 1971, p. 347.; Bernard Wasserstein, Britain and the Jews of Europe,
1939-1945 (1979), pp. 43, 49, 52, 60.; T. Kelly, "Man who fooled Nazis,"
Washington Times, April 28, 1987, pp. 1B, 4B. Based on interview with Willy
Perl, author of The Holocaust Conspiracy.
31.Y. Arad, et al., eds., Documents On the Holocaust (1981), p. 155. (The
training kibbutz was at Neuendorf, and may have functioned even after March
1942.)
32.On the Agreement in general, see: Werner Feilchenfeld, et al.,
Haavara-Transfer nach Palaestina (Tübingen: Mohr/Siebeck, 1972).; David
Yisraeli, "The Third Reich and the Transfer Agreement," Journal of Contemporary
History (London), No. 2, 1971, pp. 129-148.; "Haavara," Encyclopaedia Judaica
(1971), vol. 7, pp. 1012-1013.; F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine
Question (Austin: 1985), pp. 44-49.; Raul Hilberg, The Destruction of the
European Jews (New York: Holmes and Meier, 1985), pp. 140-141.; The Transfer
Agreement, by Edwin Black, is detailed and useful. However, it contains numerous
inaccuracies and wildly erroneous conclusions. See, for example, the review by
Richard S.Levy in Commentary, Sept. 1984, pp. 68-71.
33.E. Black, The Transfer Agreement (1984), pp. 328, 337.
34.On opposition to the Haavara in official German circles, see:
W.Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina (1972), pp. 31-33.;D.
Yisraeli, "The Third Reich," Journal of Contemporary History, 1971, pp.136-139.;
F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question, pp.126-139.; I. Weckert,
Feuerzeichen (1981), pp. 226-227.; Rolf Vogel, Ein Stempel hat gefehlt (Munich:
Droemer Knaur, 1977), pp. 110 ff.
35.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer (1972), p. 31. Entire text in:
David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics 1889-1945 (Israel:
1974), pp. 298-300.
36.Interior Ministry internal memo (signed by State Secretary W.Stuckart),
Dec. 17, 1937, in: Helmut Eschwege, ed., Kennzeichen J (Berlin: 1966), pp.
132-136.
37.W. Feilchenfeld, et al, Haavara-Transfer (1972), p. 32.
38.E. Black, Transfer Agreement, pp. 376-377.
39.E. Black, Transfer Agreement (1984), pp. 376, 378.; F. Nicosia, Third
Reich (1985), pp. 238-239 (n. 91).
40.E. Black, Transfer Agreement, p. 379.; F. Nicosia, Third Reich, pp.212,
255 (n. 66).
41.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer, p. 75.; "Haavara,"
Encyclopaedia Judaica, (1971), Vol. 7, p. 1013.
42.E. Black, Transfer Agreement, pp. 379, 373, 382.
43.Circular of January 25, 1939. Nuremberg document 3358-PS. International
Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before the International
Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), Vol. 32, pp. 242-243.
44.Werner Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina (Tübingen:
Mohr/Siebeck, 1972). Quoted in: Ingrid Weckert, Feuerzeichen (Tübingen: Grabert,
1981), pp. 222-223.
45.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina (1972). Quoted
in: I. Weckert, Feuerzeichen (1981), p. 224.
46.Original document in German Ausw_rtiges Amt Archiv, Bestand 47- 59, E
224152 and E 234155-58. (Photocopy in author's possession).; Complete original
German text published in: David Yisraeli, The Palestine Problem in German
Politics 1889-1945 (Israel: 1974), pp. 315-317. See also: Klaus Polkhen, "The
Secret Contacts," Journal of Palestine Studies, Spring-Summer 1976, pp. 78-80.;
(At the time this offer was made, Stern's Lehi group still regarded itself as
the true Irgun/NMO.)
47.Arab nationalists opposed Britain, which then dominated much of the Arab
world, including Egypt, Iraq and Palestine. Because Britain and Germany were at
war, Germany cultivated Arab support. The leader of Palestine's Arabs, the Grand
Mufti of Jerusalem, Haj Amin el-Husseini, worked closely with Germany during the
war years. After escaping from Palestine, he spoke to the Arab world over German
radio and helped raise Muslim recruits in Bosnia for the Waffen SS.
48.Israel Shahak, "Yitzhak Shamir, Then and Now," Middle East Policy
(Washington, DC), Vol. 1, No. 1, (Whole No. 39), 1992, pp. 27-38.; Yehoshafat
Harkabi, Israel's Fateful Hour (New York: Harper and Row, 1988), pp. 213-214.
Quoted in: Andrew J. Hurley, Israel and the New World Order (Santa Barbara,
Calif.: 1991), pp. 93, 208-209.; Avishai Margalit, "The Violent Life of Yitzhak
Shamir," New York Review of Books, May 14, 1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner,
Zionism in the Age of the Dictators (1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in
America Today (1986), pp. 175-177.; L. Brenner, "Yitzhak Shamir: On Hitler's
Side," Arab Perspectives (League of Arab States), March 1984, pp. 11-13.
49.Avishai Margalit, "The Violent Life of Yitzhak Shamir," New York Review of
Books, May 14, 1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner, Zionism in the Age of the
Dictators (1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in America Today (1986), pp.
175-177.; L. Brenner, "Skeletons in Shamir's Cupboard," Middle East
International, Sept. 30, 1983, pp. 15-16.; Sol Stern, L. Rapoport, "Israel's Man
of the Shadows," Village Voice (New York), July 3, 1984, pp. 13 ff.
From The Journal of Historical Review, July-August 1993 (Vol. 13, No. 4),
pages 29-37.
(*)Mark Weber estudió historia en la Universidad de Illinois (Chicago,
EEUU), la Universidad de Munich, y las universidades dl Estado de Portland y de
Indiana (M.A., 1977). En Marzo de 1988 testificó durante cunco días en la Corte
del Distrito de Toronto como un reconocido testigo experto en la política sobre
asuntos judíos de la Alemania en tiempos de guerra y el tema del
Holocausto.
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