|
José Martí (1853-1895) Patriota y escritor cubano, apóstol de
la independencia de Cuba, última colonia española en América. El hecho de
haber muerto en la batalla lo transformó en el mártir de las aspiraciones
cubanas a la independencia. Nació en el seno de una modesta familia
española en la Habana, el 28 de enero de 1853, donde recibió su educación
primaria. Fue discípulo de Mendive y de Luz y Caballero. A los 16 años por
sus ideas revolucionarias fue condenado a seis años de prisión. Con la salud
quebrantada, fue indultado y confinado en la isla de Pinos. Deportado a España
en 1871, publicó El presidio político en Cuba, el primero de muchos folletos
que abogaban por la independencia cubana de España y La República Española
ante la Revolución Cubana. Terminó su educación en la Universidad de
Zaragoza; donde en 1874 se licenció en Derecho y Filosofía y Letras. Años más
tarde, vivió su destierro en Francia, en 1875 se trasladó a México donde se
casó con Carmen Zayas Bazán, y en 1877 fue a Guatemala, donde enseñó por un tiempo en la Universidad Nacional. Volvió a Cuba en 1878 pero fue
desterrado nuevamente en 1879 por sus continuas actividades revolucionarias.
Cultivo una Rosa Blanca
Cultivo una rosa blanca En Junio como en Enero, Para el amigo sincero, Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca El corazón con que vivo, Cardo ni ortiga cultivo cultivo una rosa blanca.
Versos Sencillos
Yo soy un hombre sincero De donde crece la palma. Y antes de morirme quiero Echar mis versos del alma. Yo vengo de todas partes, Y hacia todas partes voy: Arte soy entre las artes, En los montes, monte soy. Yo sé los nombres extraños De las yerbas y las flores, Y de mortales engaños, Y de sublimes dolores. Yo he visto en la noche oscura Llover sobre mi cabeza Los rayos de lumbre pura De la divina belleza. Alas nacer vi en los hombros De las mujeres hermosas: Y salir de los escombros Volando las mariposas. He visto vivir a un hombre Con el puñal al costado, Sin decir jamás el nombre De aquella que lo ha matado. Rápida, como un reflejo, Dos veces vi el alma, dos: Cuando murió el pobre viejo, Cuando ella me dijo adiós. Temblé una vez -en la reja, A la entrada de la viña.- Cuando la bárbara abeja Picó en la frente a mi niña. Gocé una vez, de tal suerte Que gocé cual nunca: --cuando La sentencia de mi muerte Leyó el alcalde llorando. Oigo un suspiro, a través De las tierras y la mar, Y no es un suspiro, --es Que mi hijo va a despertar. Si dicen que del joyero Tome la joya mejor Tomo a un amigo sincero Y pongo a un lado el amor. Yo he visto al águila herida Volar al azul sereno, Y morir en su guarida La víbora del veneno. Yo sé bien que cuando el mundo Cede, lívido, al descanso, Sobre el silencio profundo Murmura el arroyo manso. Yo he puesto la mano osada De horror y júbilo yerta, Sobre la estrella apagada Que cayó frente a mi puerta. Oculto en mi pecho bravo La pena que me lo hiere: El hijo de un pueblo esclavo Vive por él, calla, y muere. Todo es hermoso y constante, Todo es música y razón, Y todo, como el diamante, Antes que luz es carbón. Yo sé que el necio se entierra Con gran lujo y con gran llanto,-- Y que no hay fruta en la tierra Como la del camposanto. Callo, y entiendo, y me quito La pompa del rimador: Cuelgo de un árbol marchito Mi muceta de doctor.
V
Si ves un monte de espumas, Es mi verso lo que ves: Mi verso es un monte, y es Un abanico de plumas. Mi verso es como un puñal Que por el puño echa flor: Mi verso es un surtidor Que da un agua de coral. Mi verso es de un verde claro Y de un carmín encendido: Mi verso es un ciervo herido Que busca en el monte amparo. Mi verso al valiente agrada: Mi verso, breve y sincero, Es del vigor del acero Con que se funde la espada. X
El alma trémula y sola Padece al anochecer: Hay baile; vamos a ver La bailarina española. Han hecho bien en quitar El banderón de la acera; Porque si está la bandera, No sé, yo no puedo entrar. Ya llega la bailarina: Soberbia y pálida llega: ¿Cómo dicen que es gallega? Pues dicen mal: es divina. Lleva un sombrero torero Y una capa carmesí: ¡Lo mismo que un alelí! Que se pusiese un sombrero! Se ve, de paso, la ceja, Ceja de mora traidora: Y la mirada, de mora: Y como nieve la oreja. Preludian, bajan la luz, Y sale en bata y mantón, La virgen de la Asunción Bailando un baile andaluz. Alza, retando, la frente; Crúzase al hombre la manta: En arco el brazo levanta: Mueve despacio el pie ardiente. Repica con los tacones El tablado zalamera, Como si la tabla fuera Tablado de corazones. Y va el convite creciendo En las llamas de los ojos, Y el manto de flecos rojos Se va en el aire meciendo. Súbito, de un salto arranca: Húrtase, se quiebra, gira: Abre en dos la cachemira, Ofrece la bata blanca. El cuerpo cede y ondea; La boca abierta provoca; Es un rosa la boca: Lentamente taconea. Recoge, de un débil giro, El manto de flecos rojos: Se va, cerrando los ojos, Se va, como en un suspiro... Baila muy bien la española; Es blanco y rojo el mantón: ¡Vuelve, fosca a su rincón, El alma trémula y sola! XI
Yo tengo un paje muy fiel Que me cuida y que me gruñe, Y al salir, me limpia y bruñe Mi corona de laurel. Yo tengo un paje ejemplar Que no come, que no duerme, Y que se acurruca a verme Trabajar, y sollozar. Salgo, y el vil se desliza Y en mi bolsillo aparece; Vuelvo, y el terco me ofrece Una taza de ceniza. Si duermo, al rayar el día Se sienta junto a mi cama: Si escribo, sangre derrama Mi paje en la escribanía. Mi paje, hombre de respeto, Al andar castañetea: Hiela mi paje, y chispea: Mi paje es un esqueleto. XVIII
Es rubia: el cabello suelto Da más luz al ojo moro: Voy, desde entonces, envuelto En un torbellino de oro. La abeja estival que zumba Más ágil por la flor nueva, No dice, como antes, "tumba": "Eva" dice: todo es "Eva". Bajo, en lo oscuro, al temido Raudal de la catarata: ¡Y brilla el iris, tendido Sobre las hojas de plata! Miro, ceñudo, la agreste Pompa del monte irritado; ¡Y en el alma azul celeste Brota un jacinto rosado! Voy, por el bosque, a paseo A la laguna vecina: Y entre las ramas la veo, Y por el agua camina. La serpiente del jardín Silva, escupe, y se resbala Por su agujero: el clarín Me tiende, trinando, el ala. ¡Arpa soy, salterio soy Donde vibra el Universo: Vengo del sol, y al sol voy: Soy el amor: soy el verso! XII
Estoy en el baile extraño De polaina y casaquín Que dan, del año hacia el fin, Los cazadores del año. Una duquesa violeta Va con un frac colorado: Marca un vizconde pintado El tiempo en la pandereta. Y pasan las chupas rojas; Pasan los tules de fuego, Como delante de un ciego Pasan volando las hojas. XLV
Sueño con claustros de mármol Donde en silencio divino Los héroes, de pie, reposan: ¡De noche, a la luz del alma, Hablo con ellos: de noche! Están en fila: paseo Entre las filas: las manos De piedra les beso: abren Los ojos de piedra: mueven Los labios de piedra: tiemblan Las barbas de piedra: empuñan La espada de piedra: lloran: ¡Vibra la espada en la vaina!: Mudo, les beso la mano. Hablo con ellos, de noche! Están en fila: paseo Entre las filas: lloroso Me abrazo a un mármol: "Oh mármol, Dicen que beben tus hijos Su propia sangre en las copas Venenosas de sus dueños! Que hablan la lengua podrida De sus rufianes! que comen Juntos el pan del oprobio, En la mesa ensangrentada!! Que pierden en lengua inútil El último fuego!: ¡dicen, Oh mármol, mármol dormido, Que ya se ha muerto tu raza!" Échame en tierra de un bote El héroe que abrazo: me ase Del cuello: barre la tierra Con mi cabeza: levanta El brazo, ¡el brazo le luce Lo mismo que un sol!: resuena La piedra: buscan el cinto Las manos blancas: del soclo Saltan los hombres de mármol! XLVI
Vierte, corazón, tu pena Donde no se llegue a ver, Por soberbia, y por no ser Motivo de pena ajena. Yo te quiero, verso amigo, Porque cuando siento el pecho Ya muy cargado y deshecho, Parto la carga contigo. Tú me sufres, tú aposentas En tu regazo amoroso, Todo mi ardor doloroso, Todas mis ansias y afrentas. Tú, porque yo pueda en calma Amar y hacer bien, consientes En enturbiar tus corrientes En cuanto me agobia el alma. Tú, porque yo cruce fiero La tierra, y sin odio, y puro, Te arrastras, pálido y duro, Mi amoroso compañero. Mi vida así se encamina Al cielo limpia y serena, Y tú me cargas mi pena Con tu paciencia divina. Y porque mi cruel costumbre De echarme en ti te desvía De tu dichosa armonía Y natural mansedumbre; Porque mis penas arrojo Sobre tu seno, y lo azotan, Y tu corriente alborotan, Y acá lívido, allá rojo, Blanco allá como la muerte, Ora arremetes y ruges, Ora con el peso crujes De un dolor más que tú fuerte. ¿Habré, como me aconseja Un corazón mal nacido, De dejar en el olvido A aquel que nunca deja? ¡Verso, nos hablan de un Dios A donde van los difuntos: Verso, o nos condenan juntos, O nos salvamos los dos!
La Niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala, Contar este cuento en flor: La niña de Guatemala, La que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos, Y las orlas de reseda Y de jazmín: la enterramos En una caja de seda.
...Ella dio al desmemoriado Una almohadilla de olor: El volvió, volvió casado: Ella se murió de amor.
Iban cargándola en andas Obispos y embajadores: Detrás iba el pueblo en tandas, Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a ver, Salió a verlo al mirador: El volvió con su mujer: Ella se murió de amor.
Como de bronce candente Al beso de despedida Era su frente ¡la frente Que más he amado en mi vida!
...Se entró de tarde en el río, La sacó muerta el doctor: Dicen que murió de frío: Yo sé que murió de amor.
Allí, en la bóveda helada, La pusieron en dos bancos: Besé su mano afilada, Besé sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer, Me llamó el enterrador: ¡Nunca más he vuelto a ver A la que murió de amor!
Homomagno
Homomagno sin ventura La hirsuta y retostada cabellera Con sus pálidas manos se mesaba. "Máscara soy, mentira soy, decía; Estas carnes y formas, estas barbas Y rostro, estas memorias de la bestia, Que como silla a lomo de caballo Sobre el alma oprimida echan y ajustan, Por el rayo de luz que el alma mía En la sombra entrevé, - no son Homomagno! Mis ojos sólo; los mis caros ojos, Que me revelan mi disfraz, son míos: Queman, me queman, nuca duermen, oran, Y en mi rostro los siento y en el cielo, Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan. Por qué, por qué, para cargar en ellos Un grano ruin de alpiste mal trojado Talló el Creador mis colosales hombros? Ando, pregunto, ruinas y cimientos Vuelco y sacudo, a delirantes sorbos En la Creación, la madre de mil pechos, Las fuentes todas de la visa aspiro: Muerdo, atormento, beso las calladas Manos de piedra que glpeo. Con demencia amorosa su invisible Cabeza con las secas manos mías Acaricio y destrenzo: por la tierra Me tiendo compungido y los confusos Pies, con mi llanto baño y con kis besos. Y en medio de la noche, palpitante, Con mis voraces ojos en el cráneo Y en sus órbitas anchas encendidos, Trémulo, en mí plegado, hambriento espero, Por si al próximo sol respuestas vienen; Y a cada nueva luz -de igual enjuto Modo, y ruin, la vida me aparece, Como gota de leche que en cansado Pezón, al terco ordeño, titubea,- Como carga de hormiga,- como taza De agua añeja en la jaula de un jilguero.-" Remordidas y rotas, ramos de uvas Estrujadas y negras, las ardientes Manos del triste Homomagno parecían! Y la tierra en silencio, y una hermosa Voz de mi corazón, me contestaron. Yugo y Estrella
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: -Flor de mi seno, Homomagno generoso, De mí y de la creación suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se torna, Mira estas dos, que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y escoge. Este, es unyugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey, y como presta Servicio a los eñores, duerme en paja Calente, y tiene rica y ancha avena. Ésta, oh misterio que de mí naciste Cual la cumbre nació de la montaña, Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva luz se queda solo. Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto La escala universal de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe, Como que crea, crece! Cuando al mundo De su copa el licor vació ya el vivo: Cuando, para manjar de la sangrienta Fiesta humana, sacó contento y grave Su propio corazón: cuando a los vientos De Norte y Sur virtió su voz sagrada,- La estrella como un manto, en luz lo envuelve Se enciende, como a fiesta, el aire claro, Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, Se oye que un paso más sube en la sombra! Dame el yugo, oh mi madre, de manera Que el puesto en él de pie, luzca en mi frente Mejor la estrella que ilumina y mata.
Amor de Ciudad Grande
De gorja son y rapidez los tiempos. Corre cual luz la voz; en lata aguja, Cual nave despeñada en sirte horrenda, Húndese el rayo, y en ligera barca El hombre, como alado, el aire hiende. ¿Así el amor, sin pompa ni misterio Muere, apenas nacido., de saciado! Jaula es la villa de palomas muertas Y ávidos cazadores! Si los pechos Se rompen de los hombres, y las carnes Rotas por tierra ruedan, no han de verse Dentro más que frutillas estrujadas! Se ama de pie, en las calles, entre el polvo De los salones y als plazas; muere La flor que nace. Aquella virgen Trémula que antes a la muerte daba La mano pura que a ignorado mozo; El goce de temer: aquel salirse Del pecho el corazón; el inefable Placer de merecer; el grato susto De caminar deprisa en derechura Del hogar de la amada, y a sus puertas Como un niño feliz romper en llanto;- Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego, Irse tiñiendo de color las rosas,- Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene Tiempo de ser hidalgo? Bien que sienta Cual áureo vaso o lienzo suntuoso, Dama gentil en casa de magnate! O si se tiene sed, se alarga el brazo Y a la copa que pasa se la apura! Luego, la copa turbia al polvo rueda, Y el hábil catador, - manchado el pecho De una sangre invisible,- sigue alegre, Coronado de mirtos, su camino! No son los cuerpos ya sino desechos, Y fosas, y jirones! Y las almas No son como en el árbol fruta rica En cuya blanda piel la almíbar dulce En su sazón de maduresz rebosa,- Sino fruta de plaza que a brutales Golpes el rudo labradoe madura! ¿La edad es ésta de los labios secos! De las noches sin sueño! De la vida Estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta Que la ventura falta? Como liebre Azorada, el espíritu se esconde, Trémulo huyendo al cazador que ríe, Cual en soto selvoso, en nuestro pecho; Y el deseo, de brazo de la fiebre, Cual rico cazador recorre el soto. ¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena De copas por vaciar, o huecas copas! ¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino Tósigo sea, y en mis venas luego Cual duende vengador los dientes clave! ¡Tengo sed,- más de un vino que en la tierra No se sabe beber! ¡No he padecido Bastante aún, para romper el muro Que me aparta ¡oh dolor! De mi viñedo! ¡Tomad vosotros, catadores ruines De vinillos humanos, esos vasos Donde el jugo de lirio a grandes sorbos Sin compasión y sin temor se bebe! Tomad! Yo soy honrado: y tengo miedo!
Príncipe Enano Para un príncipe enano !Venga mi caballero Se hace esta fiesta. Por esta senda! Tiene guedejas rubias, !Entrese mi tirano Blandas guedejas; Por esta cueva! Por sobre el hombro blanco Tal es, cuando a mis ojos Luengas le cuelgan. Su imagen llega, Sus dos ojos parecen Cual si en lóbrego antro Estrellas negras: Pálida estrella !Vuelan, brillan, palpitan, Con fulgores de ópalo Relampaguean! Todo vistiera. El para mí es corona, A su paso la sombra Almohada, espuela. Matices muestra, Mi mano, que así embrida Como al sol que las hiere Potros y hienas, Las nubes negras. Va, mansa y obediente, !Heme ya , puesto en armas, Donde él la lleva. En la pelea! Si el ceño frunce, temo; Quiere el príncipe enano Si se me queja,- Que a luchar vuelva: Cual de mujer, mi rostro !El para mí es corona, Nieve se trueca: Almohada, espuela! Su sangre, pues, anima Y como el sol, quebrando Mis flacas venas: Las nubes negras, !Con su gozo mi sangre En banda de colores Se hincha, o se seca! La sombra trueca,- Para un príncipe enano El, al tocarla, borda Se hace esta fiesta. En la onda espesa, Mi banda de batalla !Entrese mi tirano Roja y violeta. Por esta cueva! ¿Con que mi dueño quiere !Déjeme que la vida Que a vivir vuelva? A él, a él le ofrezca! !Venga mi caballero Para un príncipe enano Por esta senda! Se hace esta fiesta. Musa Traviesa Mi musa? Es un diablillo Contándolo, me inunda Con ala de ángel. Un gozo grave:- !Ah, musilla traviesa, Y cual si el monte alegre, Qué vuelo trae! Queriendo holgarse Al alba enamorando Yo suelo, caballero Con voces ágiles, En sueños graves, Sus hilillos sonoros Cabalgar horas luengas Desanudase, Sobre los aires. Y salpicando riscos, Me entro en nubes rosadas, Labrando esmaltes, Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas Y en los senos eternos Cálidas cauces, Hago viajes. Echáralos risueños Allí asisto a la inmensa Por falda y valle, - Boda inefable, Así, al alba del alma Y en los talleres huelgo Regocijándose, De la luz madre: Mi espíritu encendido Y con ella es la oscura Me echa a raudales Vida, radiante, Por las mejillas secas Y a mis ojos los antros Lágrimas suaves. Son nidos de ángeles! Me siento, cual si en magno Al viajero del cielo Templo oficiase: ¿Qué el mundo frágil? Cual si mi alma por mirra Pues, ¿no saben los hombres Virtiese al aire; Qué encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran !Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante; Vaciar su sangre, Cual si el sol en mi seno Y andar, andar heridos La luz fraguase: - Muy largo valle, !Y estallo, hiervo, vibro, Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen! Los pies en carne, Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta -!No en tierra!- exánimes! Del cuarto se abre, Y entonces sus talleres Y éntranse a él gozosos La luz les abre, Luz, risas, aire. Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma ¿Qué el mundo frágil? Y en los cristales: Seres hay de montaña, !Por la puerta se ha entrado seres de valle, Mi diablo ángel! Y seres de pantanos ¿Qué fue de aquellos sueños, Y lodazales. De mi viaje, Del papel amarillo, De mis sueños desciendo, Del llanto suave? Volando vanse, Cual si de mariposas Y en papel amarillo Tras gran combate Cuento el viaje. Volaran alas de oro Por tierra y aire, Mis libros lance, Así vuelan las hojas Y siéntese magnífico Do cuento el trance. Sobre el desastre, Hala acá el travesuelo Y muéstreme riendo, Mi paño árabe; Roto el encaje- Allá monta en el lomo -!Qué encaje no se rompe De un incunable; En el combate!- Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa Fabrica y átase; Gruesa onda hace! Un sílex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo Vuelca un estante, Mi vida lance, Y !allá ruedan por tierra Y a mis manos la vieja Versillos frágiles, Péñola arranque, Brumosos pensadores, Y del vaso manchado Lópeos galanes! La tinta vacie! De águilas diminutas !Vaso puro de nácar: Puéblase el aire: Dame a que harte !Son las ideas, que ascienden, Esta sed de pureza: Rotas sus cárceles! Los labios cánsame! ¿Son éstas que lo envuelven Del muro arranca, y cíñese, Carnes, o nácares? Indio plumaje: La risa, como en taza Aquella que me dieron De ónice árabe, De oro brillante, En su incólume seno Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante: Frentes infames, !Hete aquí, hueso pálido, De su caja de seda Vivo y durable! Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo! Del sol a los requiebros El me rehace! Brilla el plumaje, Que baña en aúreas tintas Pudiera yo, hijo mío, Su audaz semblante. Quebrando el arte De ambos lados el rubio Universal, muriendo Cabello al aire, Mis años dándote, A mí súbito viénese Envejecerte súbito, A que lo abrace. La vida ahorrarte!- De beso en beso escala Mas no: que no verías Mi mesa frágil; En horas graves !Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma Ismaëlillo, árabe! Y a los cristales! ¿Qué ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro Como mirarle Risa asonante: De entre polvo de libros Rueden pliegues abajo Surgir radiante, Libros exangës: Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre, De pluma armarse, La escala suave: Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso Tregua al combate? Mi mesa asaltes:- Venga, venga Ismaelillo: !Pues ésa es mi musilla, La mesa asalte, Mi diablo ángel! Y por los anchos pliegues !Ah, musilla traviesa, Del paño árabe Qué vuelo trae! En rota vergonzosa Penachos Vívidos Como taza en que hierve Ora en carreras locas, De transparente vino O en sonoros relinchos, En doradas burbujas O sacudiendo el aire El generoso espíritu; El crinaje magnífico;- Como inquieto mar joven Asi mis pensamientos Del cauce nuevo henchido Rebosan en mí vividos, Rebosa, y por las playas Y en crespa espuma de oro Bulle y muere tranquilo; Besan tus pies sumisos, O en fúlgidos penachos Como manada alegre De varios tintes ricos, De bellos potros vivos Se mecen y se inclinan Que en la mañana clara Cuando tú pasas -hijo! Muestran su regocijo,
Valle Lozano Dígame mi labriego Otros, con dagas grandes ¿Cómo es que ha andado Mi pecho araron: En esta noche lóbrega Pues, ¿qué hierro es el tuyo Este hondo campo? Que no hace daño? Dígame de qué flores Y esto dije -y el niño Untó el arado Riendo me trajo Que la tierra olorosa En sus dos manos blancas Trasciende a nardos? Un beso casto. Dígame de qué ríos Regó ese prado, Que era un valle muy negro Y ora es lozano? Versos Libres Hierro Ganado tengo el pan: hágase el verso,- Y en su comercio dulce se ejercite La mano, que cual prófugo perdido Entre oscuras malezas, o quien lleva A rastra enorme peso, andaba ha poco Sumas hilando y revolviendo cifras. Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga de la pálida espalda ensangrentada El arpa dívea, acalla los sollozos Que a tu garganta como mar en furia Se agolparán, y en la madera rica Taja plumillas de escritorio y echa Las cuerdas rotas al movible viento. ¡ Oh alma!, ¡oh, alma buena! ¡mal oficio Tienes!: ¡póstrate, calla, cede, lame Manos de potentado, ensalza, excusa Defectos, tenlos -que es mejor manera De excusarlos, y mansa y temerosa Vicios celebra, encumbra vanidades: Verás entonces, alma, cuál se trueca En plato de oro rico tu desnudo Plato de pobre! Pero guarda ¡oh alma! ¡Que usan los hombres hoy oro empañado! Ni de esos cures, que fabrican de oro Sus joyas el bribón y el barbilindo: Las armas no, -las armas son de hierro! Mi mal es rudo: la ciudad lo encona: Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto Lo aliviará mejor! -Y las oscuras Tardes me atraen, cual si mi patria fuera La dilatada sombra. Era yo niño- Y con filial amor miraba al cielo, ¡Cuán pobre a mi avaricia el descuidado Cariño del hogar! ¡Cuán tristemente Bañado el rostro ansioso en llanto largo Con mis ávidos ojos perseguía La madre austera, el padre pensativo Sin que jamás los labios ardorosos Del corazón voraz la sed saciasen. ¡ Oh verso amigo, Muero de soledad, de amor me muero! No de vulgar amor; estos amores Envenenan y ofuscan: no es hermosa La fruta en la mujer, sino la estrella La tierra ha de ser luz, y todo vivo Debe en torno de sí dar lumbre de astro. ¡ oh, estas damas de muestra ¡ ¡oh, estas copas de carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño que las ennjoya y que las nutre echadas! ¡ te digo, oh verso, que los dientes duelen de comer de esta carne! Es de inefable Amor del que yo muero, -del muy dulce Menester de llevar, como se lleva Un niño tierno en las cuidadosas manos, Cuanto de bello y triste ven mis ojos. Del sueño, que las fuerzas no repara Sino de los dichosos, y a los tristes El duro humor y la fatiga aumenta, Salto, al Sol, como un ebrio. Con las manos Mi frente oprimo, y de los turbios ojos Brota raudal de lágrimas. ¡ Y miro El Sol tan bello y mi desierta alcoba, Y mi virtud inútil, y las fuerzas Que cual tropel famélico de hirsutas Fieras saltan de mí buscando empleo; Y el aire hueco palpo, y en el muro Frío y desnudo el cuerpo vacilante Apoyo, y en el cráneo estremecido En agonía flota el pensamiento, Cual leño de bajel despedazado Que el mar en furia a playa ardiente arroja! ¡ Y echo a andar, como un muerto que camina, Loco de amor, de soledad, de espanto! ¡Amar, agobia! ¡es tósigo el exceso de amor! Y la prestada casa oscila Cual barco en tempestad: en el destierro Naúfrago es todo hombre, y toda casa Inseguro bajel, al mar vendido! ¡Sólo las flores del paterno prado Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias Del sol amparan! Como en vaga nube Por suelo extraño se anda; las miradas Injurias nos parecen, y el sol mismo, ¡Más que en grato calor, enciende en ira! ¡No de voces queridas puebla el eco los aires de otras tierras: y no vuelan del arbolar espeso entre las ramas los pálidos espíritus amados! De carne viva y profanadas frutas Viven los hombres, -¡ay! mas el proscripto ¡ De sus entrañas propias se alimenta! ¡ Tiranos: desterrad a los que ancalzan el honor de vuestro odio: ya son muertos! Valiera más ¡ oh barbaros! que al punto De arrebatarlos al hogar, hundiera En lo más hondo de su pecho honrado Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura! Grato es morir, horrible, vivir muerto. Mas no! mas no! La dicha es una prenda De compasión de la fortuna al triste Que no sabe domarla: a sus mejores Hijos desgracias da naturaleza: Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!
Canto de Otoño
Bien; ya lo sé!: -la muerte está sentada A mis umbrales: cautelosa viene, Porque sus llantos y su amor no apronten En mi defensa, cuando lejos viven Padres e hijo.-al retornar ceñudo De mi estéril labor, triste y oscura, Con que a mi casa del invierno abrigo, De pie sobre las hojas amarillas, En la mano fatal la flor del sueño, La negra toca en alas rematada, Ávido el rostro, - trémulo la miro Cada tarde aguardándome a mi puerta En mi hijo pienso, y de la dama oscura Huyo sin fuerzas devorado el pecho De un frenético amor! Mujer más bella No hay que la muerte!: por un beso suyo Bosques espesos de laureles varios, Y las adelfas del amor, y el gozo De remembrarme mis niñeces diera! ...Pienso en aquél a quien el amor culpable trajo a vivir, - y, sollozando, esquivo de mi amada los brazos: - mas ya gozo de la aurora perenne el bien seguro. Oh, vida, adios: - quien va a morir, va muerto. Oh, duelos con la sombra: oh, pobladores Ocultos del espacio: oh formidables Gigantes que a los vivos azorados Mueren, dirigen, postran, precipitan! Oh, cónclave de jueces, blandos sólo A la virtud, que nube tenebrosa, En grueso manto de oro recogidos, Y duros como peña, aguardan torvos A que al volver de la batalla rindan -como el frutal sus frutos- de sus obras de paz los hombres cuenta, de sus divinas alas!... de los nuevos árboles que sembraron, de las tristes lágrimas que enjugaron, de las fosas que a los tigres y vívoras abrieron, y de las fortalezas eminentes que al amor de los hombres levantaron! ¡esta es la dama, el Rey, la patria, el premio apetecido, la arrogante mora que a su brusco señor cautiva espera llorando en la desierta espera barbacana!: este el santo Salem, este el Sepulcro de los hombres modernos:-no se vierta más sangre que la propia! No se bata sino al que odia el amor! Únjase presto soldados del amor los hombres todos!: la tierra entera marcha a la conquista De este Rey y señor, que guarda el cielo! ...Viles: el que es traidor a sus deberes. Muere como traidor, del golpe propio De su arma ociosa el pecho atravesado! ¡Ved que no acaba el drama de la vida En esta parte oscura! ¡Ved que luego Tras la losa de mármol o la blanda Cortina de humo y césped se reanuda El drama portentoso! ¡y ved, oh viles, Que los buenos, los tristes, los burlados, Serán een la otra parte burladores! Otros de lirio y sangre se alimenten: ¡Yo no! ¡yo no! Los lóbregos espacios rasgué desde mi infancia con los tristes Penetradores ojos: el misterio En una hora feliz de sueño acaso De los jueces así, y amé la vida Porque del doloroso mal me salva De volverla a vivi. Alegremente El peso eché del infortunio al hombro: Porque el que en huelga y regocijo vive Y huye el dolor, y esquiva las sabrosas Penas de la virtud, irá confuso Del frío y torvo juez a la sentencia, Cual soldado cobarde que en herrumbre Dejó las nobles armas; ¡y los jueces No en su dosel lo ampararán, no en brazos Lo encumbrarán, mas lo echarán altivos A odiar, a amar y a batallar de nuevo En la fogosa y sofocante arena! ¡Oh! ¿qué mortal que se asomó a la vida vivir de nuevo quiere? ... Puede ansiosa La Muerte, pues, de pie en las hojas secas, Esperarme a mi umbral con cada turbia Tarde de Otoño, y silenciosa puede Irme tejiendo con helados copos Mi manto funeral. No di al olvido Las armas del amor: no de otra púrpura Vestí que de mi sangre. Abre los brazos, listo estoy, madre Muerte: Al juez me lleva! Hijo!...Qué imagen miro? qué llorosa Visión rompe la sombra, y blandamente Como con luz de estrella la ilumina? Hijo!... qué me demandan tus abiertos Brazos? A qué descubres tu afligido Pecho? Por qué me muestran tus desnudos Pies, aún no heridos, y las blancas manos Vuelves a mí? Cesa! calla! reposa! Vive: el padre No ha de morir hasta que la ardua lucha Rico de todas armas lance al hijo!- Ven, oh mi hijuelo, y que tus alas blancas De los abrazos de la muerte oscura Y de su manto funeral me libren!
BOSQUE DE ROSAS
Allí despacio te diré mis cuitas; Allí en tu boca escribiré mis versos!- Ven, que la soledad será tu escudo! Pero, si acaso lloras, en tus manos Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas Borraré los extraños versos míos.
Sufrir ¡tú a quien yo amo, y ser yo el casco Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto? Oh, la sangre del alma, tú la has visto? Tiene manos y voz, y al que la vierte Eternamente entre la sombra acusa. ¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres De almas, y hay villanos matadores! Al bosque ven: del roble más erguido Un pilòn labremos, y en el pilòn Cuantos engañen a mujer pongamos!
Esta es la lidia humana: la tremenda Batalla de los cascos y los lirios! Pues los hombres soberbios ¿no son fieras? Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo Mi bestia muerta, y mi furor domado.- Ven, a callar; a murmurar; al ruido De las hojas de Abril y los nidales. Deja, oh mi amada, las paredes mudas De esta casa ahoyada y ven conmigo No al mar que bate y ruge sino al bosque De rosas que hay al fondo de la selva. Allí es buena la vida, porque es libre- Y la virtud, por libre, será cierta, Por libre, mi respeto meritorio. Ni el amor, si no es libre, da ventura. ¡Oh, gentes ruines, las que en calma gozan De robados amores! Si es ajeno El cariño, el placer de respetarlo Mayor mil veces es que el de su goce; Del buen obrar ¡qué orgullo al pecho queda Y còmo en dulces lágrimas rebosa, Y en extrañas palabras, que parecen Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa La de fingir amor! Pues hay tormento Como aquél, sin amar, de hablar de amores! Ven, que allí triste iré, pues yo me veo! Ven, que la soledad será tu escudo!
FLORES DEL CIELO
Leí estos versos de Ronsard: «Je vous envoie un bouquet que ma main Vient de trier de ces fleurs épanouies», y escribí esto:
Flores? No quiero flores! Las del cielo Quisiera yo segar! Cruja, cual falda De monte roto, esta cansada veste Que me encinta y engrilla con sus miembros Como con sierpes,- y en mi alma sacian Su hambre, y asoman a la cueva lòbrega Donde mora mi espíritu, su negra Cabeza, y boca roja y sonriente!- Caiga, como un encanto, este tejido Enmarañado, de raíces! -Surjan Donde mis brazos alas,- y parezca Que, al ascender por la solemne atmòsfera, De mis ojos, del mundo a que van llenos, Ríos de luz sobre los hombres rueden!
Y huelguen por los húmedos jardines Bardos tibios segando florecillas:- Yo, pálido de amor, de pie en las sombras, Envuelto en gigantesca vestidura De lumbre astral, en mi jardín, el cielo, Un ramo haré magnífico de estrellas: ¡No temblará de asir la luz mi mano!;
Y buscaré, donde las nubes duermen, Amada, y en su seno la más viva Le prenderé, y esparciré las otras Por su áurea y vaporosa cabellera.
COPA CICLÓPEA
El sol alumbra: ya en los aires miro La copa amarga: ya mis labios tiemblan, -No de temor, que prostituye,- de ira!... El Universo, en las mañanas alza Medio dormido aún de un dulce sueño En las manos la tierra perezosa, Copa inmortal, donde Hierven al sol las fuerzas de la vida!- Al niño triscador, al venturoso De alma tibia y mediocre, a la fragante Mujer que con los ojos desmayados Abrirse ve en el aire extrañas rosas, Iris la tierra es, roto en colores,- Raudal que juvenece, y rueda limpio Por perfumado llano, y al retozo Y al desmayo después plácido brinda!- Y para mí, porque a los hombres amo Y mi gusto y mi bien terco descuido, La tierra melancòlica aparece Sobre mi frente que la vida bate, De lúgubre color inmenso yugo! La frente encorvo, el cuello manso inclino, Y, con los labios apretados, muero.
POMONA
Oh, ritmo de la carne, oh melodía, Oh licor vigorante, oh filtro dulce De la hechicera forma! -no hay milagro En el cuento de Lázaro, si Cristo Llevò a su tumba una mujer hermosa!
Qué soy- quién es, sino Memnòn en donde Toda la luz del Universo canta,- Y cauce humilde en que van revueltas, Las eternas corrientes de la vida? - Iba,- como arroyuelo que cansado De regar plantas ásperas fenece, Y, de amor por el Sol noble transido, A su fuego con gozo se evapora: Iba, -cual jarra que el licor ligero Hinche, sacude, en el fermento rompe, Y en silenciosos hilos abandona: Iba,- cual gladiador que sin combate Del incòlume escudo ampara el rostro Y el cuerpo rinde en la ignorada arena ...Y súbito,- las fuerzas juveniles De un nuevo mar, el pecho rebosante Hinchen y embargan,- el cansado brío Arde otra vez,- y puebla el aire sano Música suave y blando olor de mieles! Porque a mis ojos los fragantes brazos En armònico gesto alzò Pomona.
MEDIA NOCHE
Oh, qué vergüenza!: -El sol ha iluminado La tierra: el amplio mar en sus entrañas Nuevas columnas a sus naves rojas Ha levantado: el monte, granos nuevos Juntò en el curso del solemne día A sus jaspes y breñas: en el vientre De las aves y bestias nuevos hijos Vida, que es forma, cobran: en las ramas Las frutas de los árboles maduran:- Y yo, mozo de gleba, he puesto sòlo, Mientras que el mundo gigantesco crece, Mi jornal en las ollas de la casa!
Por Dios, que soy un vil!:- No en vano el sueño A mis pálidos ojos es negado! No en vano por las calles titubeo Ebrio de un vino amargo, cual quien busca Fosa ignorada donde hundirse, y nadie Su crimen grande y su ignominia sepa! No en vano el corazòn me tiembla ansioso Como el pecho sin calma de un malvado!
El cielo, el cielo, con sus ojos de oro Me mira, y ve mi cobardía, y lanza Mi cuerpo fugitivo por la sombra Como quien loco y desolado huye De un vigilante que en sí mismo lleva! La tierra es soledad! la luz se enfría! Adonde iré que este volcan se apague? Adonde iré que el vigilante duerma?
Oh, sed de amor! -oh, corazòn, prendado De cuanto vivo el Universo habita;
Del gusanillo verde en que se trueca La hoja del árbol: -del rizado jaspe En que las ondas de la mar se cuajan:- De los árboles presos, que a los ojos Me sacan siempre lágrimas: -del lindo Bribòn gentil que con los pies desnudos En fango o nieve, diario o flor pregona. Oh, corazòn, -que en el carnal vestido No hierros de hacer oro, ni belfudos Labios glotones y sensuosos mira,- Sino corazas de batalla, y hornos Donde la vida universal fermenta!-
Y yo, pobre de mí!, preso en mi jaula, La gran batalla de los hombres miro!- [1878]
YUGO Y ESTRELLA
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: -Flor de mi seno, Homagno generoso De mí y de la Creaciòn suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se torna, Mira estas dos, que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y escoge. Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey, y como presta Servicio a los señores, duerme en paja Caliente, y tiene rica y ancha avena. Ésta, oh misterio que de mí naciste Cual la lumbre naciò de la montaña, Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva luz, se queda solo. Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto La escala universal de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe, Como que crea, crece! Cuando al mundo De su copa el licor vaciò ya el vivo: Cuando, para manjar de la sangrienta Fiesta humana, sacò contento y grave Su propio corazòn: cuando a los vientos De Norte y Sur virtiò su voz sagrada,- La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro, Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, Se oye que un paso más sube en la sombra!
-Dame el yugo, oh mi madre, de manera Que puesto en él de pie, luzca en mi frente Mejor la estrella que ilumina y mata.
ISLA FAMOSA
Aquí estoy, solo estoy, despedazado. Ruge el cielo: las nubes se aglomeran, Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan: Los vapores del mar la roca ciñen: Sacra angustia y horror mis ojos comen: A qué, Naturaleza embravecida, A qué la esteril soledad en torno De quien de ansia de amor rebosa y muere? Dònde, Cristo sin cruz, los ojos pones? Dònde, oh sombra enemiga, dònde el ara Digna por fin de recibir mi frente? En pro de quién derramaré mi vida?
-Rasgòse el velo: por un tajo ameno De claro azul, como en sus lienzos abre Entre mazos de sombra Díaz famoso, El hombre triste de la roca mira En lindo campo tropical, galanes Blancos, y Venus negras, de unas flores Fétidas y fangosas coronados:
Danzando van: a cada giro nuevo Bajo los muelles pies la tierra cede! Y cuando en ancho beso los gastados Labios sin lustre ya, trémulos juntan, Sáltanle de los labios agoreras Aves tintas en hiel, aves de muerte.
SED DE BELLEZA
Solo, estoy solo: viene el verso amigo, Como el esposo diligente acude De la erizada tòrtola al reclamo. Cual de los altos montes en deshielo Por breñas y por valles en copiosos Hilos las nieves desatadas bajan- Así por mis entrañas oprimidas Un balsámico amor y una avaricia Celeste de hermosura se derraman. Tal desde el vasto azul, sobre la tierra, Cual si de alma de virgen la sombría Humanidad sangrienta perfumasen, Su luz benigna las estrellas vierten Esposas del silencio! -y de las flores Tal el aroma vago se levanta.
Dadme lo sumo y lo perfecto: dadme Un dibujo de Angelo: una espada Con puño de Cellini, más hermosa Que las techumbres de marfil calado Que se place en labrar Naturaleza.
El cráneo augusto dadme donde ardieron El universo Hamlet y la furia Tempestuosa del moro: -la manceba India que a orillas del ameno río Que del viejo Chichén los muros baña A la sombra de un plátano pomposo Y sus propios cabellos, el esbelto Cuerpo bruñido y nítido enjugaba. Dadme mi cielo azul... dadme la pura Alma de mármol que al soberbio Louvre Dio, cual su espuma y flor, Milo famosa.
¡OH, MARGARITA!
Una cita a la sombra de tu oscuro Portal donde el friecillo nos convida A apretarnos los dos, de tan estrecho Modo, que un solo cuerpo los dos sean: Deja que el aire zumbador resbale, Cargado de salud, como travieso Mozo que las corteja, entre las hojas, Y en el pino Rumor y majestad mi verso aprenda. Sòlo la noche del amor es digna. La oscuridad, la soledad convienen. Ya no se puede amar, ¡oh Margarita!
ÁGUILA BLANCA
De pie, cada mañana, Junto a mi áspero lecho está el verdugo.-
Brilla el sol, nace el mundo, el aire ahuyenta Del cráneo la malicia,- Y mi águila infeliz, mi águila blanca Que cada noche en mi alma se renueva, Al alba universal las alas tiende Y camino del sol emprende el vuelo. Y silencioso el bárbaro verdugo De un nuevo golpe de puñal le quiebra El fuerte corazòn cada mañana. Y en vez del claro vuelo al sol altivo Por entre pies, ensangrentada, rota, De un grano en busca el águila rastrea.
Oh noche, sol del triste, amable seno Donde su fuerza el corazòn revive, Perdura, apaga el sol, toma la forma De mujer, libre y pura, a que yo pueda Ungir tus pies, y con mis besos locos Ceñir tu frente y calentar tus manos. Líbrame, eterna noche, del verdugo, O dale, a que me dé, con la primera Alba, una limpia y redentora espada. Que con qué la has de hacer? Con luz de estrellas!
HE VIVIDO: ME HE MUERTO...
He vivido: me he muerto: y en mi andante Fosa sigo viviendo: una armadura Del hierro montaraz del siglo octavo, Menos, sí, menos que mi rostro pesa. Al cráneo inquieto lo mantengo fijo
Porque al rodar por tierra el mar de llanto [............................], no asombre. Quejarme, no me quejo: que es de lacayos Quejarse, y de mujeres, Y de aprendices de la trova, manos Nuevas en liras viejas: -Pero vivo Cual si mi ser entero en un agudo Desgarrador sollozo se exhalara.- De tierra, a cada sol mis restos propios Recojo, en junto los apilo, a rastras A la implacable luz y a los voraces Hombres cual si viviesen los paseo: Mas si frente a la luz me fuese dado Como en la sombra donde duermo, al polvo Mis disfraces echar, viérase súbito Un cuerpo sin calor venir a tierra Tal como un monte muerto que en sus propias Inanimadas faldas se derrumba.
He vivido: al deber juré mis armas Y ni una vez el sol doblò las cuestas Sin que mi lidia y mi victoria viere:- Ni hablar, ni ver, ni pensar yo quisiera! Cruzados ambos brazos, como en nube Parda, en mortal sosiego me hundiría. De noche, cuando al sueño a sus soldados En el negro cuartel llama la vida, La espalda vuelvo a cuanto vive: al muro La frente doy, y como jugo y copia De mis batallas en la tierra miro- La rubia cabellera de una niña Y la cabeza blanca de un anciano!
ESTROFA NUEVA
Cuando, oh Poesía, Cuando en tu seno reposar me es dado!- Ancha es y hermosa y fúlgida la vida: Que éste o aquél o yo vivamos tristes, Culpa de éste o aquél será, o mi culpa! Nace el corcel, del ala más lejano Que el hombre, en quien el ala encumbradora Ya en los ingentes brazos se diseña: Sin más brida el corcel nace que el viento Espoleador y flameador,- al hombre La vida echa sus riendas en la cuna! Si las tuerce o revuelve, y si tropieza Y da en atolladero, a sí se culpe Y del incendio o del zarzal redima La destrozada brida: sin que al noble Sol y [.................] vida desafíe. De nuestro bien o mal autores somos, Y cada cual autor de sí: la queja A la torpeza y la deshonra añade De nuestro error: cantemos, sí, cantemos Aunque las hidras nuestro pecho roan El Universo colosal y hermoso!
Un obrero tiznado, una enfermiza Mujer, de faz enjuta y dedos gruesos: Otra que al dar al sol los entumidos Miembros en el taller, como una egipcia Voluptuosa y feliz, la saya burda Con las manos recoge, y canta, y danza: Un niño que, sin miedo a la ventisca,
Como el soldado con el arma al hombro, Va con sus libros a la escuela: el denso Rebaño de hombres que en silencio triste Sale a la aurora y con la noche vuelve Del pan del día en la difícil busca,- Cual la luz a Memnòn, mueven mi lira. Los niños, versos vivos, los heroicos Y pálidos ancianos, los oscuros Hornos donde en bridòn o tritòn truecan Los hombres victoriosos las montañas Astiánax son y Andròmaca mejores, Mejores, si, que los del viejo Homero.
Naturaleza siempre viva: el mundo De minotauro yendo a mariposa Que de rondar el sol enferma y muere: Dejad, por Dios, que la mujer cansada De amar, con leche y menjurjes Su piel rugosa y su verdad restaure, Repíntense las viejas: la doncella Con rosas naturales se corone:- La sed de luz, que como el mar salado La de los labios, con el agua amarga De la vida se irrita: la columna Compacta de asaltantes, que sin miedo, Al Dios de ayer en los desnudos hombros La mano libre y desferrada ponen,-
Y los ligeros pies en el vacío,- Poesía son, y estrofa alada, y grito Que ni en tercetos ni en octava estrecha Ni en remilgados serventesios caben:
Vaciad un monte,- en tajo de Sol vivo Tallad un plectro: o de la mar brillante El seno rojo y nacarado, el molde De la triunfante estrofa nueva sea!
Como nobles de Nápoles, fantasmas Sin carne ya y sin sangre, que en palacios Muertos y oscuros con añejas chupas De comido blasòn, a paso sordo Andan, y al mundo que camina enseñan Como un grito sin voz la seca encía, Así, sobre los árboles cansados, Y los ciriales rotos, y los huecos De oxidadas diademas, duendecillos Con chupa vieja y metro viejo asoman! No en tronco seco y muerto hacen sus nidos, Alegres recaderos de mañana, Las lindas aves, cuerdas y gentiles: Ramaje quieren suelto y denso, y tronco Alto y robusto, en fibra rico y savia. Mas con el sol se alza el deber: se pone Mucho después que el sol: de la hornería Y su batalla y su fragor cansada La mente plena en el rendido cuerpo, Atormentada duerme, -como el verso Vivo en los aires, por la lira rota Sin dar sonidos desolado pasa!
Perdona, pues, oh estrofa nueva, el tosco Alarde de mi amor. Cuando, oh Poesía, Cuando en tu seno reposar me es dado.
MUJERES
1 Ésta, es rubia: ésa, oscura: aquélla, extraña Mujer de ojos de mar y cejas negras: Y una cual palma egipcia alta y solemne Y otra como un canario gorjeadora. Pasan, y muerden: los cabellos luengos Echan, como una red: como un juguete La lánguida beldad ponen al labio Casto y febril del amador que a un templo Con menos devociòn que al cuerpo llega De la mujer amada: ella, sin velos. Yace, y a su merced; -él, casto y mudo En la inflamada sombra alza dichoso Como un manto imperial de luz de aurora. Cual un pájaro loco en tanto ausente En frágil rama y en menudas flores De la mujer el alma travesea: Noble furor enciende al sacerdote Y a la insensata, contra el ara augusta Como una copa de cristal rompiera:- Pájaros, sòlo pájaros: el alma Su ardiente amor reserve al universo.
2
Vino hirviente es amor: del vaso afuera, Echa, brillando al Sol, la alegre espuma:
Y en sus claras burbujas, desmayados Cuerpos, rizosos niños, cenadores Fragantes y amistosas alamedas Y juguetones ciervos se retratan: De joyas, de esmeraldas, de rubíes, De ònices y turquesas y del duro Diamante al fuego eterno derretidos, Se hace el vino satánico: Mañana El vaso sin ventura que lo tuvo Cual comido de hienas, y espantosa Lava mordente se verá quemado.
3
Bien duerma, bien despierte, bien recline- Aunque no lo reclino- bien de hinojos, Ante un niño que llega el cuerpo doble Que no se dobla a viles y a tiranos, Siento que siempre estoy en pie: -si suelo Cual del niño en los rizos suele el aire Benigno, en los piadosos labios tristes Dejar que vuele una sonrisa, -es fijo Así, sépalo el mozo, así sonríen Cuantos nobles y crédulos buscaron El sol eterno en la belleza humana. Sòlo hay un vaso que la sed apague De hermosura y amor: Naturaleza Abrazos deleitosos, híbleos besos A sus amantes pròdiga regala.
4
Para que el hombre los tallara puso El monte y el volcán Naturaleza,- El mar, para que el hombre ver pudiese Que era menor que su cerebro,- en horno Igual, sol, aire y hombres elabora. Porque los dome, el pecho al hombre inunda Con pardos brutos y con torvas fieras. ¡Y el hombre, no alza el monte: no en el libre Aire, ni en sol magnífico se trueca: Y en sus manos sin honra, a las sensuales Bestias del pecho el corazòn ofrece: A los pies de la esclava vencedora: El hombre yace, deshonrado, muerto.
ASTRO PURO
De un muerto, que al calor de un astro puro, De paso por la tierra, como un manto De oro sintiò sobre sus huesos tibios El polvo de la tumba, al sol radiante Resucitò gozoso, viviò un día, Y se volviò a morir,- son estos versos:
Alma piadosa que a mi tumba llamas Y cual la blanca luz de astros de Enero, Por el palacio de mi pecho en ruinas Entras, e irradias, y los restos fríos De los que en él voraces habitaron Truecas, oh maga! en candidas palomas:- Espíritu, pureza, luz, ternura, Aves sin pies que el ruido humano espanta, Señora de la negra cabellera,
El verso muerto a tu presencia surge Como a las dulces horas el rocío En el oscuro mar el sol dorado Y álzase por el aire, cuanto existe Cual su manto en el vuelo recogiendo, Y a ti llega, y se postra, y por la tierra En colosales pliegues [...........] Con majestad de púrpura romana. Besé tus pies,- te vi pasar: Señora, Perfume y luz tiene por fin la tierra! El verso aquel que a dentelladas duras La vida diaria y ruin me remordía Y en ásperos retazos, de mis secos Y codiciosos labios se exhalaba, Ora triunfante y melodioso bulle, Y como ola de mar al sol sereno Bajo el espacio azul rueda en espuma: Oh mago, oh mago amor! Ya compañía Tengo para afrontar la vida eterna: Para la hora de la luz, la hora De reposo y de flor, ya tengo cita.
Esto diciendo, los abiertos brazos Tendiò el cantor, como a abrazar. El vivo Amor que su viril estrofa mueve Sòlo durò lo que la estrofa dura: Alma infeliz el alma ardiente, aquélla En que el ascua más leve alza un incendio [...........""..........] y el sueño
Que vio esplender, y quiso asir, hundiòse Como un águila muerta: el ígneo, el [...] Callò, brillò, volviò solo a su tumba.
HOMAGNO AUDAZ
Homagno audaz, de tanto haber vivido Con el alma, que quema, se moría.- Por las còncavas sienes las canosas Lasas guedejas le colgaban: hinca Las silenciosas manos en los secos. Muslos: los labios, como ofensa augusta Al negro pueblo universal, horrible Pueblo infeliz y hediondo de los Midas, Junta como quien niega: y en los claros Ojos de ansia y amor, que la vislumbre De la muerte feliz, arroba, brilla Como en selva nocturna hoguera blanca La mirada caudal de un Dios que muere Remordido de hormigas: Suplicante
A sus llagados pies Jòveno hermoso Tiéndese y llora; y en los negros ojos Desolaciòn patética le brilla: No, no Homagno, ¡negras ropas visten Las mujeres de estos tiempos! -en que- Como hojas verdes en invierno, lucen: Oh las mujeres, oh las necias, trajes De rosas sin olor: -jubòn rosado, Con trajes anchos de perlada seda:- En los [...............] el galano Talle le ciñen: -oh dime, dime Homagno, De este palacio de que sales; dime Qué secreto conjuro la uva rompe De las sabrosas mieles: di qué llave Abre las puertas del placer profundo Que fortalece y embalsama: dilo, Oh noble Homagno, a Jòveno extranjero:-
La sublime piedad abriò los labios Del moribundo noble musitando: La llave quieres, Jòveno, del mundo? La llave de la fuerza, la del goce Sereno y penetrante, la del hondo Valor que a mundos y a villas, Cual gigante amazona desafía; La del escudo impenetrable, escudo Contra la tentadora humana Infamia! Yo ni de dioses ni de filtro tengo Fuerzas maravillosas: he vivido, Y la divinidad está en la vida!: ¡Mira si no la frente de los viejos!
Estréchame la mano: no, no esperes A que yo te la tienda: ¡yo sabia Antes tenderla, de mi hermoso modo Que envolvía en sombra de amor el Universo! Hoy, ya no puedo alzarla de la piedra Donde me asiento: aunque el corazòn Plumas nuevas se viste y tiende el ala: ¡No acaba el alma humana en este mundo! Ya, cual bucles de piedra, en mi mondado Cráneo cuelgan mis últimos cabellos; Pero debajo no! debajo vibra Todo el fuego magnífico y sonoro Que mantiene la tierra! Ven y toma Esta mano que ha visto mucha pena! Dicen que así verás lo que yo he visto. ¡Aprieta bien, aprieta bien mi mano! Es bueno ir de la mano de los jòvenes!: ¡Así, de sombra a luz, crece la vida! ¡Déjame divagar: la mente vaga Como las nubes, madres de la tierra!
Mozo, ven, pues: ase mi mano y mira: Aquí están, a tus ojos, en hilera, Frías y dormidas como estatuas, todas Las que de amor el pecho te han movido: ¡Las llaves falsas, Jòveno, del cielo! Una no más sencillamente lo abre Como nuestro dominio: pero nota Còmo estas barbas a la tierra llegan Blancas y ensangrentadas, y aún no topo Con la que me pudiera abrir el cielo. En cambio, mira a mi redor: la tierra Está amasada con las llaves rotas Con que he probado a abrirlo: -y que éste es todo
El mundo dicen los bellacos luego! ¡Viene después un cierto olor de rosa, Un trono en una nube, un vuelo vago, Y un aire y una sangre hecha de besos! ¡Pompa de claridad la muerte miro!: ¡Palpa cuál, de pensarla, están calientes, Finos, como si fuesen a una boda, Ágiles como alas, y sedosos, Como la mocedad después del baño, Estos bucles de piedra! Gruñes, gruñes De estas cosas de viejo... Ahí están todas las mujeres que amaste; llaves falsas Con que en vano echa el hombre a abrir el cielo. Por la magia sutil de mi experiencia Las miro como son: cáscaras todas, Esta de nácar, cual la Aurora brinda, Humo como la Aurora; ésta de bronce; Marfil ésta; ésa ébano; y aquella De esos diestros barrillos italianos De diversos colores... ¡cuenta! Es fijo... ¿Cuántos años cumpliste? Treinta? Es fijo Que has amado, y es poco, a más de ciento: ¡Se hacen muy fácilmente, y duran poco, Las estatuas de cieno! Gruñes, gruñes De estas cosas de viejo... A ver qué tienen Las cáscaras por dentro! ¡Abajo, abajo Esa hermosa de nácar! ¡qué riqueza Viene al suelo de espalda y hombros finos! ¡Parece una onda de òpalo cuajada! ¡Sube un aroma que perfuma el viento,- Que me enciende la carne, que me anubla El juicio, a tanta costa trabajado!: Pero vuélvela a diestra y a siniestra, A la luna y el sol: no hay nada adentro!
Y en la de bronce ¿qué hallas? ¡con que modo Loco y ardiente buscas!: aún humea Esa de bronce en restos: ¿qué has hallado Que con espanto tal la echas en tierra?: ¡Ah, lo que corre el duende negro: un cerdo!
Y ésa? ¡una uña! Y ¿ésa? ¡ay! una piedra Más dura que mis bucles: la más terrible Es esa de la piedra! Y ¿esta moza Toda de colorines? saca! saca! ¡Esta por corazòn tiene un vasillo Hueco, forrado en láminas de modas! Esa? nada! Esa? nada! Esa? Una doble Dentadura, y manchado cada diente De una sangre distinta: ¡mata, mata! ¡Mata con el talòn a esa culebra! Y ésa? Una hamaca! Y ¿ésa, pues, la última, La postrer de las cien, qué le has hallado Que le besas los pies, que la rehaces De prisa con tus manos, que la cubres Con sus mismos cabellos, que la amparas Con tu cuerpo, que te echas de rodillas? ¿Qué tienes? ¿qué levantas en las manos Lentamente como una ofrenda al cielo? ¿Entrañas de mujer? No en vano el cielo Con una luz tan suave se ilumina, ¡Eso es arpa: eso es sol: [.........]! ¿De cien mujeres, una con entrañas? ¡Abrázala! arrebátala! con ella Vive, que serás rey, doquier que vivas:
Cruza los bosques, que los lobos mismos Su presa te darán, y acatamiento: Cruza los mares, y las olas lomo Blando te prestarán; los hombres cruza Que no te morderán, aunque te juro Que lo que ven lo muerden, y si es bello Lo muerden más; y dondequier que muerden Lo despedazan todo y envenenan. Ya no eres hombre, Jòveno, si hallaste Una mujer amante! o no:- ya lo eres!
CRIN HIRSUTA
Que como crin hirsuta de espantado Caballo que en los troncos secos mira Garras y dientes de tremendo lobo, Mi destrozado verso se levanta...? Sí,: pero se levanta! -a la manera Como cuando el puñal se hunde en el cuello De la res, sube al cielo hilo de sangre:- Sòlo el amor engendra melodías.
A LOS ESPACIOS
A los espacios entregarme quiero Donde se vive en paz, y con un manto De luz, en gozo embriagador henchido, Sobre las nubes blancas se pasea,- Y donde Dante y las estrellas viven. Yo sé, yo sé, porque lo tengo visto En ciertas horas puras, còmo rompe Su cáliz una flor,- y no es diverso Del modo, no, con que lo quiebra el alma,
Escuchad, y os diré: -viene de pronto Como una aurora inesperada, y como A la primera luz de primavera De flor se cubren las amables lilas... Triste de mí: contároslo quería Y en espera del verso, las grandiosas Imágenes en fila ante mis ojos Como águilas alegres vi sentadas. Pero las voces de los hombres echan De junto a mí las nobles aves de oro: Ya se van, ya se van: ved còmo rueda La sangre de mi herida. Si me pedís un símbolo del mundo En estos tiempos, vedlo: un ala rota. Se labra mucho el oro, el alma apenas!- Ved còmo sufro: vive el alma mía Cual cierva en una cueva acorralada:- Oh, no está bien: me vengaré, llorando!
PÓRTICO
Frente a casas ruines, en los mismos Sacros lugares donde Franklin bueno Citò al rayo y lo atò,- por entre truncos Muros, cerros de piedras, boqueantes Fosos, y los cimientos asomados Como dientes que nacen a una encía Un pòrtico gigante se elevaba. Rondaba cerca de él la muchedumbre [............] que siempre en torno De las fábricas nuevas se congrega:
Cuál, que ésta es siempre distinciòn de necios, Absorto ante el tamaño: piedra el otro Que no penetra el sol, y cuál en ira, De que fuera mayor que su estatura. Entre el tosco andamiaje, y las nacientes Paredes, el pòrtico [.......] En un cráneo sin tope parecía Un labio enorme, lívido e hinchado. Ruedas y hombres el aire sometieron: Trepaban en la sombra: más arriba Fueron que las iglesias: de las nubes La fábrica magnífica colgaron: Y en medio entonces de los altos muros Se vio el pòrtico en toda su hermosura.
MANTILLA ANDALUZA
Por qué no acaba todo, ora que puedes Amortajar mi cuerpo venturoso Con tu mantilla, pálida andaluza!- No me avergüenzo, no, de que me encuentren Clavado el corazòn con tu peineta!
Te vas! Como invisible escolta, surgen Sobre sus tallos frescos, a seguirte Mis jardines sin mancha y mis claveles: Te vas! Todos se van! y tú me miras, Oh perla pura en flor, como quien echa En honda copa joya resonante,- Y a tus manos tendidas me abalanzo Como a un cesto de frutas un sediento. De la tierra mi espíritu levantas Como el ave amorosa a su polluelo.
POETA
Como nacen las palmas en la arena, Y la rosa en la orilla al mar salobre, Así de mi dolor mis versos surgen Convulsos, encendidos, perfumados. Tal en los mares sobre el agua verde, La vela hendida, el mástil trunco, abierto A las ávidas olas el costado Después de la batalla fragorosa Con los vientos, el buque sigue andando.
Horror, horror! En tierra y mar no había Más que crujidos, furia, niebla y lágrimas! Los montes, desgajados, sobre el llano Rodaban: las llanuras, mares turbios En desbordados ríos convertidas, Vaciaban en los mares; un gran pueblo Del mar cabido hubiera en cada arruga: Estaban en el cielo las estrellas Apagadas: los vientos en jirones Revueltos en la sombra, huían, se abrían Al chocar entre sí, y se despeñaban: En los montes del aire resonaban Rodando con estrépito: en las nubes Los astros locos se arrojaban llamas!
Riò luego el sol: en tierra y mar lucia Una tranquila claridad de boda: Fecunda y purifica la tormenta! Del aire azul colgaban ya, prendidos Cual gigantescos tules, los rasgados Mantos de los crespudos vientos, rotos En el fragor sublime. Siempre quedan Por un buen tiempo luego de la cura Los bordes de la herida, sonrosados! Y el barco, como un niño, con las olas, Jugaba, se mecía, traveseaba.
ODIO EL MAR
Odio el mar, sòlo hermoso cuando gime Del barco domador bajo la hendente Quilla, y como fantástico demonio, De un manto negro colosal tapado, Encòrvase a los vientos de la noche Ante el sublime vencedor que pasa:- Y a la luz de los astros, encerrada En globos de cristales, sobre el puente Vuelve un hombre impasible la hoja a un libro.
Odio el mar: vasto y llano, igual y frío No cual la selva hojosa echa sus ramas Como sus brazos, a apretar al triste Que herido viene de los hombres duros Y del bien de la vida desconfía, No cual honrado luchador, en suelo Firme y seguro pecho, al hombre aguarda Sino en traidora arena y movediza, Cual serpiente letal.- También los mares, El sol también, también Naturaleza
Para mover el hombre a las virtudes, Franca ha de ser, y ha de vivir honrada. Sin palmeras, sin flores, me parece Siempre una tenebrosa alma desierta.
Que yo voy muerto, es claro: a nadie importa Y ni siquiera a mí: pero por bella Ígnea, varia, inmortal amo la vida.
Lo que me duele no es vivir: me duele Vivir sin hacer bien. Mis penas amo, Mis penas, mis escudos de nobleza. No a la pròvida vida haré culpable De mi propio infortunio, ni el ajeno Goce envenenaré con mis dolores. Buena es la tierra, la existencia es santa. Y en el mismo dolor, razones nuevas Se hallan para vivir, y goce sumo, Claro como una aurora y penetrante. Mueran de un tiempo y de una vez los necios Que porque el llanto de sus ojos surge Lo imaginan más grande y más hermoso Que el cielo azul y los repletos mares!-
Odio el mar, muerto enorme, triste muerto De torpes y glotonas criaturas Odiosas habitado: se parecen A los ojos del pez que de harto expira Los del gañán de amor que en brazos tiembla De la horrible mujer libidinosa:- Vilo, y lo dije: -algunos son cobardes, Y lo que ven y lo que sienten callan: Yo no: si hallo un infame al paso mío, Dígole en lengua clara: ahí va un infame, Y no, como hace el mar, escondo el pecho.
Ni mi sagrado verso nimio guardo Para tejer rosarios a las damas Y máscaras de honor a los ladrones:
Odio el mar, que sin còlera soporta Sobre su lomo complaciente, el buque Que entre música y flor trae a un tirano.
NOCHE DE MAYO
Con un astro la tierra se ilumina: Con el perfume de una flor se llenan Los ámbitos inmensos: como vaga, Misteriosa envoltura, una luz tenue Naturaleza encubre, -y una imagen Misma, del linde en que se acaba, brota Entre el humano batallar. Silencio! En el color, oscuridad! Enciende El sol al pueblo bullicioso, y brilla La blanca luz de luna! -En los ojos La imagen va, -porque si fuera buscan Del vaso herido la admirable esencia, En haz de aromas a los ojos surge:- Y si al peso del párpado obedecen, Como flor que al plegar las alas plega Consigo su perfume, en el solemne Templo interior como lamento triste La pálida figura se levanta! Divino oficio!: el Universo entero, Su forma sin perder, cobra la forma De la mujer amada, y el esposo Ausente, el cielo pòstumo adivina Por el casto dolor purificado.
BANQUETE DE TIRANOS
Hay una raza vil de hombres tenaces De sí propio inflados, y hechos todos, Todos, del pelo al pie, de garra y diente: Y hay otros, como flor, que al viento exhalan En el amor del hombre su perfume. Como en el bosque hay tòrtolas y fieras Y plantas insectívoras y pura Sensitiva y clavel en los jardines. De alma de hombres los unos se alimentan: Los otros su alma dan a que se nutran Y perfumen su diente los glotones, Tal como el hierro frío en las entrañas De la virgen que mata se calienta.
A un banquete se sientan los tiranos Donde se sirven hombres; y esos viles Que a los tiranos aman, diligentes Cerebro y corazòn de hombres devoran: Pero cuando la mano ensangrentada Hunden en el manjar, del mártir muerto Surge una luz que les aterra, flores Grandes como una cruz súbito surgen Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos A sus negras entrañas los tiranos.
Los que se aman a sí: los que la augusta Razòn a su avaricia y gula ponen: Los que no ostentan en la frente honrada Ese cinto de luz que el yugo funde Como el inmenso sol en ascuas quiebra Los astros que a su seno se abalanzan: Los que no llevan del decoro humano Ornado el sano pecho: los menores
Y segundones de la vida, sòlo A su goce ruin y medro atentos Y no al concierto universal.
Danzas, comidas, músicas, harenes, Jamás la aprobaciòn de un hombre honrado. Y si acaso sin sangre hacerse puede Hágase... clávalos, clávalos En el horcòn más alto del camino Por la mitad de la villana frente, A la grandiosa humanidad traidores. Como implacable obrero Que un féretro de bronce clavetea, Los que contigo Se parten la naciòn a dentelladas.
COPA CON ALAS
Una copa con alas: quién la ha visto Antes que yo? Yo ayer la vi! Subía Con lenta majestad, como quien vierte Óleo sagrado: y a sus dulces bordes Mis regalados labios apretaba:- Ni una gota siquiera, ni una gota Del bálsamo perdí que hubo en tu beso!
Tu cabeza de negra cabellera -Te acuerdas?- con mi mano requería, Porque de mi tus labios generosos No se apartaran.-Blanda como el beso Que a ti me transfundía, era la suave Atmòsfera en redor; la vida entera Sentí que a mí abranzándote, abrazaba! Perdí el mundo de vista, y sus ruidos,
Y su envidiosa y bárbara batalla! Una copa en los aires ascendía Y yo, en brazos no vistos reclinado Tras ella, asido de sus dulces bordes Por el espacio azul me remontaba!-
Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista: En rueda o riel funde el herrero el hierro: Una flor o mujer o águila o ángel En oro o plata el joyador cincela: Tú sòlo, sòlo tú, sabes el modo De reducir el Universo a un beso!
ÁRBOL DE MI ALMA
Como un ave que cruza el aire claro Siento hacia mí venir tu pensamiento Y acá en mi corazòn hacer su nido. Ábrese el alma en flor: tiemblan sus ramas Como los labios frescos de un mancebo En su primer abrazo a una hermosura: Cuchichean las hojas: tal parecen Lenguaraces obreras y envidiosas, A la doncella de la casa rica En preparar el tálamo ocupadas: Ancho es mi corazòn, y es todo tuyo: Todo lo triste cabe en él, y todo Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere! De hojas secas, y polvo, y derruidas Ramas lo limpio: bruño con cuidado Cada hoja, y los tallos: de las flores Los gusanos del pétalo comido Separo: oreo el césped en contorno Y a recibirte, oh pájaro sin mancha! Apresto el corazòn enajenado!
LUZ DE LUNA
Esplendía su rostro: por los hombros Rubias guedejas le colgaban: era Una caricia su sonrisa: era Ciego de nacimiento: parecía Que veía: tras los párpados callados Como un lago tranquilo el alma exenta Del horror que en el mundo ven los ojos, Sus apacibles aguas deslizaba:- Tras los párpados blancos se veían Aves de plata, estrellas voladoras, En unas grutas pálidas los besos Risueños disputándose la entrada Y en el dorso de cisnes navegando Del ciego fiel los pensamientos puros.
Como una rama en flor al sosegado Río silvestre que hacia el mar camina, Una afable mujer se asomò al ciego: Temblò, encendiòse, se cubriò de rosas, Y las pálidas manos del amante Besò cien veces, y llenò con ellas:- En la misma guirnalda entrelazados Pasan los dos la generosa vida: Tan grandes son las flores, que a su sombra Suelen dormir la prolongada siesta.
Cual quien enfrena un potro que husmeando Campo y batalla, en el portal sujeto Mira, como quien muerde, al amo duro,- Así, rebelde a veces, tras sus ojos El pobre ciego el alma sujetaba:- -«Oh, si vieras! -los necios le decían
Que no han visto en sus almas -oh si vieras Cuando sobre los trigos requemados, Su ejército de rayos el sol lanza, Còmo chispean, còmo relucen, còmo, Asta al aire, el hinchado campamento Los cascos mueve y el plumòn lustrosos. Si vieras còmo el mar, roto y negruzco Vuelca al barco infeliz, y encumbra al fuerte; Si vieses, infeliz, còmo la tierra Cuando la luna llena la ilumina Desposada parece que en los aires Buscando va, con planta perezosa, La casa florecida de su amado. -Ha de ser, ha de ser como quien toca La cabeza de un niño!- -Calla, ciego: Es como asir en una flor la vida».
De súbito vio el ciego; esta que esplende, Dijéronle, es la luna; mira, mira Qué mar de luz: abismos, ruinas, cuevas, Todo por ella casto y blando luce Como de noche el pecho de las tòrtolas! -Nada más? -dijo el ciego, y retornando A su amada celosa los ya abiertos Ojos, besòle la temblante mano Humildemente, y díjole: -No es nueva, Para el que sabe amar, la luz de luna.
FLOR DE HIELO Al saber que era muerto Manuel Ocaranza
Mírala: Es negra! Es torva! Su tremenda Hambre la azuza. Son sus dientes hoces; Antro su frente; secadores vientos Sus hálitos; su paso, ola que traga Huertos y selvas; sus manjares, hombres. Viene! escondeos, oh caros amigos, Hijo del corazòn, padres muy caros! Do asoma, quema; es sorda, es ciega: -El hambre Ciega el alma y los ojos. Es terrible El hambre de la Muerte! No es ahora La generosa, la clemente amiga Que el muro rompe al alma prisionera Y le abre el claro cielo fortunado; No es la dulce, la plácida, la pía Redentora de tristes, que del cuerpo, Como de huerto abandonado, toma El alma adolorida, y en más alto Jardín la deja, donde blanda luna Perpetuamente brilla, y crecen sòlo En vástagos en flor blancos rosales: No la esposa evocada; no la eterna Madre invisible, que los anchos brazos, Sentada en todo el ámbito solemne, Abre a sus hijos, que la vida agosta; Y a reposar y a reparar sus bríos Para el fragor y la batalla nueva Sus cabezas igníferas reclina En su puro y jovial seno de aurora.
No: aun a la diestra del Señor sublime Que envuelto en nubes, con sonora planta Sobre cielos y cúspides pasea; Aun en los bordes de la copa dívea En colosal montaña trabajada Por tallador cuyas tundentes manos Hechas al rayo y trueno fragorosos Como barro sutil la roca herían; Aun a los lindes del gigante vaso Donde se bebe al fin la paz eterna, El mal, como un insecto, sus oscuros Anillos mueve y sus antenas clava Artero en los sedientos bebedores!
Sierva es la Muerte: sierva del callado Señor de toda vida: salvadora Oculta de los hombres! Mas el ígneo Dueño a sus siervos implacable ordena Que hasta rendir el postrimer aliento A la sombra feliz del mirto de oro, El bien y el mal el seno les combatan; Y sòlo las eternas rosas ciñe Al que a sus mismos ojos el mal torvo En batalla final convulso postra. Y pío entonces en la seca frente Da aquél, en cuyo seno poderoso No hay muerte ni dolor, un largo beso. Y en la Muerte gentil, la Muerte misma, Lidian el bien y el mal...! Oh dueño rudo, A rebeliòn y a admiraciòn me mueve Este misterio del dolor, que pena La culpa de vivir, que es culpa tuya Con el dolor tenaz, martirio nuestro! ¿Es tu seno quizá tal hermosura Y el placer de domar la interna fiera
Gozo tan vivo, que el martirio mismo Es precio pobre a la final delicia? ¡Hora tremenda y criminal -oh Muerte- Aquella en que en tu seno generoso El hambre ardiò, y en el ilustre amigo Seca posaste la tajante mano! No es, no, de tales víctimas tu empresa Poblar la sombra! De cansados ruines, De ancianos laxos, de guerreros flojos Es tu oficio poblarla, y en tu seno Rehacer al viejo la gastada vida Y al soldado sin fuerzas la armadura. Mas el taller de los creadores sea, Oh Muerte! de tus hambres reservado! Hurto ha sido; tal hurto, que en la sola Casa, su pueblo entero los cabellos Mesa, y su triste amigo solitario Con gestos grandes de dolor sacude, Por él clamando, la callada sombra! Dime, torpe hurtadora, di el oscuro Monte donde tu recia culpa amparas; Y donde con la selva seca en torno Cual cabellera de tu cráneo hueco, En lo profundo de la tierra escondes Tu generosa víctima! Di al punto El antro, y a sus puertas con el pomo Llamaré de mi espada vengadora! Mas, ay! que a do me vuelvo? Qué soldado A seguirme vendrá? Capua es la tierra, Y de orto a ocaso, y a los cuatro vientos, No hay más, no hay más que infames desertores, De pie sobre sus armas enmohecidas En rellenar sus arcas afanados.
No de mármol son ya, ni son de pro, Ni de piedra tenaz o hierro duro Los divinos magníficos humanos. De algo más torpe son: jaulas de carne Son hoy los hombres, de los vientos crueles Por mantos de oro y púrpura amparados,- Y de la jaula en lo interior, un negro Insecto de ojos ávidos y boca Ancha y febril, retoza, come, ríe! Muerte! el crimen fue bueno: guarda, guarda En la tierra inmortal tu presa noble! [1882]
CON LETRAS DE ASTROS
Con letras de astros el horror que he visto En el espacio azul grabar querría. En la llanura, muchedumbre: -en lo alto Mientras que los de abajo andan y ruedan Y sube olor de frutas estrujadas, Olor de danza, olor de lecho, en lo alto De pie entre negras nubes, y en sus hombros Cual principio de alas se descuelgan, Como un monarca sobre un trono, surge Un joven bello, pálido y sombrío Como estrella apagada, en el izquierdo Lado del pecho vésele abertura Honda y boqueante, bien como la tierra Cuando de cuajo un árbol se le arranca. Abalánzase, apriétanse, recògense, Ante él, en negra tropa, toda suerte
De fieras, anca al viento, y bocas juntas En una inmensa boca, -y en bordado Plato de oro bruñido y perlas finas Su corazòn el bardo les ofrece.
|