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La semana pasada fue
escenario de varios hechos que apuntan hacia la gradual conformación de la Unión
de Naciones Suramericanas (UNASUR) en sus distintas vertientes.
Tibio
tratamiento le concedieron los medios de comunicación a la importante
movilización de autoridades de los estados miembros de la Unión para la puesta
en marcha de los diversos programas de distinta naturaleza comprendidos en su
ámbito, lo cual puso de relieve, nuevamente, la voluntad política que prima en
los gobiernos de los diez países que conforman este novedoso esquema de
integración.
Con base en la
flexibilidad, principio esencial en el Tratado que la institucionaliza -la cual
se traduce en el desarrollo de proyectos por pares o grupos de países para
estructurar un sistema de geometría variable para viabilizar su estructuración-,
UNASUR consiguió en la reunión brasileña-venezolana para la evaluación de las
relaciones bilaterales, un primer eslabón de la cadena de acciones,
especialmente, en los sectores de la integración física y la energía. Los
programas bilaterales adquirieron de inmediato un carácter cuadrilateral, cuando
en presencia de los Presidentes de Bolivia y Ecuador se decidiera emprender las
actividades conducentes a la interconexión de los cuatro países teniendo como
epicentro a la estratégica ciudad de Manaos, desde donde surgirán corredores
bioceánicos -incluyendo a Chile y Perú-, hacia el Caribe vía Venezuela, y hacia
el Atlántico Sur vía Paraguay y Argentina. De allí la prioridad que concederán
los cuatro gobiernos a las obras de infraestructura requeridas para hacer
realidad ese epicentro.
La Isla de Margarita
en Venezuela fue huésped de la tercera reunión de los titulares de los poderes
judiciales de los países suramericanos. Tal vez los hechos de mayor de
trascendencia que se ventilaron en ese encuentro fueron la consolidación de los
juzgados que velan por los derechos de la mujer y la propuesta conjunta de dos
países relativa a la constitución de un tribunal para atender las controversias
de distinta índole que permanentemente emergen entre los diez países. Esta
propuesta deberá ser objeto de una exhaustiva consideración en la próxima
reunión de estas autoridades.
Simultáneamente,
continuaron sus tareas las tres comisiones integradas por mandato de la
Declaración de La Moneda suscrita el 15 de septiembre pasado, cuyas funciones se
orientan al seguimiento del diálogo político entre el Gobierno y la oposición de
Bolivia -que se frustrara en las últimas horas-; a investigar la violación de
los derechos humanos producto del genocidio ocurrido en el Departamento de Pando
el día 11 del mes pasado; y la tercera denominada "de logística", cuyo cometido
es el de prestar ayuda a través del suministro de recursos técnicos y humanos
especializados en determinadas áreas, actuando siempre a solicitud del Gobierno
boliviano.
Las acciones
desplegadas, como se indicara anteriormente, provocaron una significativa
movilización de personeros gubernamentales para atender, sin lugar a dudas,
temas prioritarios para la región. Sin embargo, llama la atención dos aspectos:
el primero, la ausencia de un pronunciamiento acerca de la crisis financiera en
los Estados Unidos que, de una u otra forma, afectará la evolución económica de
los países suramericanos; en tanto que el otro se refiere a la limitada difusión
de las acciones desplegadas.
Si bien podría ser
prematuro intentar proyectar los efectos de la crisis norteamericana sobre la
subregión, no menos es cierto que la misma era esperable, con lo cual hubiese
sido políticamente muy significativo que los Presidentes de UNASUR, por lo
menos, hicieran pública una declaración -aunque fuese preliminar- en torno a
esta temática haciendo especial énfasis en la necesidad de estructurar una nueva
arquitectura financiera mundial, ante el desgaste y fracaso del Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial como consecuencia de los desvaríos en su
accionar. En este ámbito, la puesta en funcionamiento del Banco del Sur cobra
significativa importancia, para lo cual deben acelerarse las negociaciones
técnicas correspondientes, sobre todo en momentos cuando puede verificarse una
seria contracción de los créditos en el mercado financiero
internacional
El segundo está
directamente relacionado con la participación social en UNASUR, déficit crónico
de los esquemas de integración ensayados en Latinoamérica y el Caribe desde
finales de la década de los años 50 del siglo pasado. La clave para estimular
la participación es el desarrollo de un debate permanente acerca de los
distintos tópicos involucrados en el proceso unitario que comienza a
desarrollarse. A pesar de los esfuerzos desplegados por TELESUR, aún estamos muy
lejos de contar con los canales adecuados, no solo para la divulgación de las
actividades emprendidas, sino para mantener latente el tema integracionista en
los distintos estamentos de la sociedad. Huelga comentar que la creación y
mantenimiento de esos canales es la única alternativa válida para superar los
escollos derivados de la desinformación y la sistemática oposición que los
medios de comunicación tradicionales han sostenido frente a la integración
regional, para los cuales las noticias son las dificultades por mas logros que
puedan concretarse.
Ese par de falencias
encuentran explicación, entre otras causas, en los retrasos experimentados para
la instalación de la Secretaría General de la organización. Es indudable que
cada día cobra más urgencia la puesta en funcionamiento de esa instancia
técnico-política que actuaría como coordinadora de los distintos programas que
se instrumenten. Esta tarea requiere de una decisión inmediata por parte de los
países miembros.
En cualquier caso,
resulta reconfortante poder presenciar los avances que ponen de manifiesto el
interés que motiva a los gobiernos para la construcción de UNASUR, lo cual
evidencia, contra muchos pronósticos, que sí es posible conformar un movimiento
integracionista a partir de elementos distintos a los de índole comercial que en
este caso han sido derivados, de hecho, al MERCOSUR y la CAN contando con la
ALADI como foro para la articulación comercial entre ambos procesos
subregionales y entre éstos con Chile, Guyana y Surinam. Progresivamente, el
nuevo estilo de integración postulado por UNASUR, comienza a consolidarse en la
región. |