|
En uno de sus famosos monólogos, Mauricio Borensztein, más conocido como Tato Bores, decía:"Qué país! ¡Qué país! ¡No me explico por qué nos despelotamos tanto... si éramos multimillonarios!
Usted iba y tiraba un granito de maíz y ¡paf !, le crecían diez hectáreas... Sembraba una semillita de trigo y ¡ñácate!, una cosecha que había que tirar la mitad al río porque no teníamos dónde meterla... Compraba una vaquita, la dejaba sola en el medio del campo y al año se le formaba un harén de vacas... Créame, lo malo de esta fertilidad es que una vez, hace años, un hijo de puta sembró un almácigo de boludos y la plaga no la pudimos parar ni con DDT. Aunque la verdad es que no me acuerdo si fue un hijo de puta que sembró un almácigo de boludos, o un boludo que sembró un almácigo de hijos de puta."
En el terreno de las historias graciosas es efectiva. Uno no puede menos que esbozar una sonrisa, y si está bien predispuesto hasta una tremenda carcajada.
Pero en general toda historia graciosa suele anclar en una realidad que no lo es tanto, ya que el humor se construye habitualmente a partir de otra mirada posible sobre la tragedia. Y si de tragedias se trata, el eterno problema del "campo" argentino (colectivo tan heterogéneo como complejo) es mucho más serio y acotado.
Tratar a todos los hombres que están vinculados de una u otra manera con dicho colectivo de boludos, o peor aún, de h. de p., es un grave error. Y qué decir si dicha generalización se extiende a la mayoría de los argentinos. Si nos limitamos al abordaje del campo podemos afirmar que este error es el producto de una pobre visión de la estructura social agraria, compuesta por distintas clases, que a su vez se han ido modificando con el devenir de nuestra historia.
Por lo tanto, y como ya lo hemos sostenido en anteriores oportunidades, decir campo no es decir nada, porque la excesiva generalidad del concepto lo vuelve estéril a la hora de analizar la complejidad de nuestra realidad agraria.
Sí de tragedias se trata entonces, superando las simplificaciones que el humor impone, es necesario precisar la cuestión. Desde hace tiempo existe un concepto sociológico y político muy específico para denominar a esos h. de p. (que no son ningunos boludos); que además tienen nombre, apellido e historia (en algunos casos lejana y en otros muy reciente), Y desde luego hay soluciones políticas que alguna vez nos animaremos a tomar con una relación de fuerzas más favorable y plena convicción revolucionaria. Por ahora lo importante es saber de qué lado ponerse ante la manifestación concreta de la contradicción principal.
Por si cabe alguna duda, el concepto sociológico y político que se utiliza para hacer referencia a ese grupo de h. de p. nativos es: oligarquía (con sus viejos y nuevos componentes). Esta clase social cuenta a su favor no sólo con la propiedad material de extensas y ricas tierras en la pampa húmeda (más otras propiedades que exceden el tema analizado), sino que es dueña de una conciencia de clase muy desarrollada (conciencia para sí en la teoría marxista).
Tanto cierto es esto que en los últimos años ha logrado una proeza de ribetes tragicómicos: que muchos distraídos y desinformados (aunque también están los que se hacen los b....) crean que dicha clase ya no existe. Obviamente cuantos más políticos del campo popular consuman semejante disparate (contradicho por los censos agropecuarios más recientes que validan la hipótesis acerca de una cada vez mayor concentración de la propiedad) más grande será nuestro problema ideológico para revertir el origen de la tragedia analizada. Dicha clase es, a su vez, el eslabón necesario para que operen las transnacionales imperialistas (en este caso, grupos de h. de p. con sede en los países "civilizados y serios") que lo hacen tanto invirtiendo en el campo, como vendedoras de paquetes tecnológicos o en la comercialización de la producción.
Por otra parte, sabemos que en tiempos del imperialismo moderno y posmoderno, éste sólo recurre en casos de necesidad extrema a la invasión militar de los países a los que necesita conquistar para ampliar mercados y maximizar beneficios. En su defecto la mayoría de las veces actúa a través de las alianzas de clase construidas con sus socios internos de las regiones apetecidas.
Como se observa existe una asociación internacional de h. de p. con sede central en los países dominantes y subsidiarias en los dominados, que pueden engendrar tragedias tales como que en un país naturalmente rico la mayoría viva en condición de pobreza. Revertir esa tragedia sólo será posible poniendo el estado nacional al servicio de la mayoría, atacando la especulación parasitaria de lo grandes propietarios y redistribuyendo esa renta diferencial y extraordinaria que naturalmente produce nuestra pampa húmeda, sobretodo cuando los precios internacionales son ampliamente favorables. Por lo tanto, estimados amigos y compañeros, una buena broma puede servirnos para generar reflexiones más profundas. Reflexiones que nos conduzcan a desentrañar la tragedia que dio origen a la necesaria sonrisa o carcajada. Y eso es poner el humor al servicio de la liberación de nuestro pueblo ubicándose en la trinchera correcta.
|