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Agosto 29, 2008
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Más allá del terrorismo mediático Imprimir Correo
Por: Luis Britto García   
Abril 15, 2008
De niño, veía una serie de Superman en el balcón del teatro Boyacá, cuando alguien gritó que salía humo de la pantalla. Centenares de personas embistieron hacia las puertas, a pesar de que no había fumarada y mucho menos candela.

· Un Viernes Santo en la basílica de Santa Teresa alguien gritó que una vela había incendiado un velo. Hubo muertos y centenares de heridos, aunque no se encontró ningún trapo chamuscado.

· En 1939 Orson Welles radiodifundió que los marcianos invadían la Tierra. Centenares de miles de estadounidenses escaparon por las calles en pánico, a pesar de que ni policía ni ejército localizaron un solo extraterrestre.

· En 2002 George W. Bush juró que Sadam Hussein acumulaba armas de destrucción masiva. Para impedirlo mandó matar mas de un millón de iraquíes, aunque de bomba atómica no se encontró ni el más mínimo rudimento.

· Por lo expuesto el lector verificará que el riesgo inexistente anunciado puede causar más daño que el peligro real cumplido. Si el terrorismo es la manipulación de conductas mediante la difusión de amenazas de una violencia o un daño ilegítimos, el terrorismo es una operación mediática.

· Si el terrorismo es mediático, los medios pueden ser terroristas. Por lo mismo que hay un terrorismo de Estado, las mayores potencias potencian el mayor terrorismo.

· Los medios representan al terrorista como miembro de una ínfima secta que ocasionalmente atenta contra los grandes poderes de la tierra. Ocultan que los grandes poderes de la tierra son una secta colosal que se mantiene gracias al ejercicio permanente del terror.

· El sector terciario, que ocupa más del sesenta por ciento de las economías de los países desarrollados, comprende industrias que manejan representaciones y signos desde el punto de vista de la gerencia del pánico. Finanzas y seguros incitan al ahorro como prevención contra la miseria; moda y cosméticos explotan el horror al envejecimiento y la soledad; el gobierno imperial legitima sus atropellos como prevención contra la agresión interior y exterior; publicidad y comunicaciones multiplican sus mensajes como heraldos y panaceas del espanto.

· Recordemos que la comunicación global está monopolizada por cinco transnacionales. Tengamos en cuenta que los medios capitalistas defienden el capitalismo tanto por su condición de negocios como porque existen gracias a la publicidad que los negocios les suministran.

· Admitamos que el capitalismo subordina toda consideración de ética y de veracidad a la ganancia. Concluyamos que sus medios supeditan a la ganancia toda consideración de veracidad y de ética.

· La primera operación del terrorismo mediático es la culpabilización de la víctima. La gran potencia terrorista acusa de terrorista al pequeño país invadido; el Estado terrorista moteja de terrorista al insurgente que le resiste; la transnacional saqueadora desestabiliza al gobierno que no se le somete.

· En la medida en que las comunicaciones son indispensables para la administración, la economía o la vida ordinaria, su interferencia o uso ilegítimo puede ser terrorista. El corte de la señal de la televisora del Estado y su sustitución por mensajes golpistas instauró la dictadura el 11 de abril de 2002. El corte masivo de teléfonos celulares del 13 de abril podría haber sido terrorista.

· En Venezuela los medios promueven en forma consistente la antipolítica; intentan suplantar a los partidos; incitan de manera pertinaz a la discriminación étnica y racial, la guerra civil, el magnicidio y la deposición violenta del gobierno legítimo; ejecutaron materialmente un golpe de Estado al cortar las comunicaciones del gobierno y apoyar la instauración de una dictadura; violaron el derecho del público a la información al ocultar con un apagón mediático el rechazo popular a la autocracia; exhortan a la desobediencia tributaria y la destrucción de la industria petrolera y ejercen cotidianamente el veto contra noticias y comunicadores.

· El 2 de diciembre de 2007 el pueblo votó contra un proyecto de Reforma Constitucional que eliminaba todo tipo de propiedad, arrebataba los niños a los padres e instauraba una dictadura absolutista. Ese falso proyecto sólo existió en los mensajes de los medios de comunicación privados, lo cual no impidió que los votos contra él bloquearan el proyecto real, que ampliaba la propiedad, aumentaba la protección a la familia, fortalecía la democracia.

· La información es un arma. El arma mediática es la única que pretende actuar por encima de toda norma: el terrorismo mediático es la única contienda en la que se supone que el agredido no tiene derecho a la legítima defensa.

· Al uso ilegítimo de un arma se responde con las armas de la legitimidad. Para ir más allá del terrorismo mediático se requieren normas que lo penalicen; medios que lo contrarresten; educación del público y sanción de los infractores.

· En Venezuela las normas hacen obligatoria la información veraz, oportuna y equilibrada, penalizan la difamación, la injuria, la calumnia y el vilipendio, y los medios de servicio público avanzan una campaña de educación de la ciudadanía. En Venezuela existe un sistema administrativo y judicial competente para sancionar el terrorismo mediático, pero que no cumple sus funciones.

· El terrorismo busca, más que causar pánico o dolor en la población, infundirle el convencimiento de que las autoridades no pueden prevenir, impedir ni enmendar un daño anunciado. El terrorismo persigue el asesinato simbólico de un orden como preludio del asesinato real de sus integrantes.

· La inercia o la falta de respuesta instila la convicción de que las autoridades están derrotadas o han perdido la capacidad o la voluntad de defenderse. Cuando la población se convence de ello, se corta el vínculo entre gobernante y gobernado, y a todos los efectos el gobierno deja de existir.

· Gobierno que no va más allá del terrorismo mediático es enviado por el terrorismo mediático al más allá.


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