Cada mes le
das la totalidad de tu sueldo para que te lo guarde, y le indicas que pagos
tiene que realizar por tí: la mensualidad del alquiler, del coche, el seguro
etc. Así mismo acuerdas con esa persona que podrás disponer de tu dinero siempre
que quieras, y que por esa molestia también cobrará una pequeña tasa.
El acuerdo parece funcionar, aunque es obvio que el que sale
ganando es él, ya que no produce nada y cobra por guardar y organizar tu dinero.
Decides recomendar a tus amistades y familiares que utilicen ese método, ya que
es más cómodo delegar en esa persona de confianza todos los asuntos económicos.
Así mismo decides recomendárselo a la empresa que te suministra gas, que te
cobra la conexión ainternet y a otras personas con las que mantienes
intercambios regulares de dinero. Así, en vez de tener que pagarlo en mano, la
persona que guarda el dinero simplemente tendrá que cambiar el dinero de cajón
donde los guarda, pasando el montante de cada factura de tu cajón al cajón del
proveedor.
Conforme pasa el tiempo, el que guarda el dinero se da cuenta
que en la mayor parte de los casos nadie saca la totalidad de sus ahorros, ya
que apenas necesitan dinero “contante y sonante” para la vida: casi todos los
pagos los realiza de cajón a cajón sin pasar por sus manos. Cada cajón pertenece
a una persona o empresa, y contiene el total de sus ingresos menos sus gastos,
aunque cada vez resulta más incómodo organizarlo ya que el que guarda el dinero
cada vez tiene más clientes y menos espacio. Además algunos de los cajones no
son lo suficientemente grandes para guardar todo el dinero. Dado que ha
constatado que nunca se saca la totalidad de los ahorros y que los clientes
confían en él, decide guardar el dinero de todos los cajones en una sala
especial y sustituir los cajones por capetas donde irá anotando los ingresos y
pagos de cada cuenta. Lo llama “cuentas”.
El sistema funciona a la perfección, el pequeño porcentaje que
cobra el que guarda el dinero por proteger el dinero y moverlo de cuenta a
cuenta supone al final un gran beneficio, y tras los cambios que realizó su
trabajo apenas le supone media mañana de anotaciones en las cuentas. El dinero
se va acumulando en la sala común, y hasta ahora ningún cliente le ha pedido que
le muestre el contenido de su cajón, lo cual sería lícito. Concluye que este
sistema funciona en base a la confianza ciega de los propietarios de las
cuentas. Confianza que se ha ganado al no haber interrumpido jamás ningún
intercambio de valores entre cuentas, básicamente. De esa forma los clientes
saben que su dinero está en su cajón, aunque los cajones ya no existan y su
dinero sea simplemente una anotación en un fichero.
En realidad, el intercambio de dinero entre cuentas no es tal.
Todo el dinero va directamente a la sala grande de almacena de billetes y
monedas, y el que guarda el dinero simplemente anota, resta o suma cifras de un
fichero u otro. Es decir, que aunque los clientes piensen que lo que
intercambian es dinero, lo que hacen es pasarse sumas y restas de cifras. El
sistema funciona porque existe un acuerdo tácito que define y respalda esas
cifras en base a un valor real monetario -el dinero contante y sonante de la
gran sala- aunque nadie lo comprueba. Y es esto último lo que le hace pensar al
que guarda el dinero que su negocio podría funcionar prácticamente sin dinero
porque, salvo cuando algún cliente desea sacarlo (pocos, ya que los pagos se
realizan de cuenta a cuenta o a través de una tarjeta electrónica que anota las
cifras como él lo hace en los ficheros), no sirve de nada tenerlo allí ya que no
hay apenas movilidad. El que guarda el dinero podría gastarse el 90% del dinero
de la gran sala (que pertenece a sus clientes) y nadie se daría cuenta ya que
nadie lo necesitaría. Sin embargo él es cauteloso y profesional.
Un día, una de sus primeras clientes le cuenta que se ha
quedado en paro, y que dejará de abonar cada mes dinero hasta que no encuentre
otro trabajo. Le cuenta que, sin embargo, le seguirán pasando los recibos de la
luz, el agua, el colegio y otros pequeños gastos fijos mensuales, y que no puede
hacerles frente. El que guarda el dinero le dice que vuelva al día siguiente,
que necesita pensar sobre ello ya que es una situación a la que no se ha
enfrentado y que ciertamente no será la única.
Al día siguiente, la mujer vuelve y el que guarda el dinero le
propone un plan: él le adelantará dinero a cambio de que ella se lo devuelva en
su totalidad, dentro de un tiempo, más un porcentaje para él. Dada la situación,
la mujer acepta confiada: le ha pedido 10.000 unidades de dinero y tendrá que
devolverle 13.000, es decir un 30% como concepto de adelanto. El que guarda el
dinero saca esos 10.000 de la sala grande, es decir que es dinero de los otros
clientes, aunque ellos jamás lo sabrán ni lo notarán ya que los pagos y cobros
seguirán su curso como siempre. Pero el beneficio de ese adelanto, el 30% de
suplemento, no lo depositará en esa sala sino que se lo quedará para sí mismo.
Es decir, no sólo gana dinero por guardar y hacer sumas y restas de un fichero a
otro, sino que obtiene beneficios directos con el dinero de los demás. Como
nadie le pedirá cuentas, nadie se dará cuenta. Es un sistema perfecto y pronto
tendrá varios clientes que pedirán adelantos de dinero a cambio de pagar un
porcentaje sobre el total. Los beneficios personales del que guarda el dinero,
conseguidos con el dinero de sus clientes, son extraordinarios.
El que guarda el dinero es consciente que está robando dinero
de sus clientes para sacar provecho personal. Pero tiene las espaldas bien
cubiertas, ya que además de que ningún cliente haya pedido comprobar que en su
cajón está su dinero, él sólo se queda el porcentaje y el resto del dinero, al
cabo de un tiempo, vuelve a la sala. Con tantos préstamos, en la sala sólo está
el 5% del total del dinero que debería haber (sumando las cifras de todas las
cuentas), pero todo funciona a la perfección ya que los pagos y cobros (las
anotaciones y pequeñas cifras que sacan algunos clientes) están al día.
En realidad el dinero deja de existir, salvo para el que guarda
el dinero. El que guarda el dinero controla y obtiene dinero, pero los demás
(clientes y proveedores), objetivamente, sólo tienen carpetas con anotaciones de
sumas y restas. El resultado del cálculo de cada carpeta es el dinero que tiene
cada cliente, y que debería estar respaldado por dinero contante y sonante en la
sala, pero ya no es así por el negocio de los préstamos. Los clientes, en
conclusión, no tienen nada. Pero no lo saben porque el sistema de pagos y cobros
sigue funcionando y siguen, por lo tanto, teniendo confianza.
El que guarda el dinero sabe que este sistema funcionará
eternamente, salvo si todos le piden ver el dinero de sus cuentas o, en el peor
de los casos, todos deciden sacar su dinero a la vez.
¿El que guarda el dinero es un ladrón? Fuera del cuento, le
llaman banco.