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El pasado 3 de enero, la columna editorial del diario "Correo" trajo una síntesis de lo que Aldo Mariátegui piensa en torno a Francisco Morales Bermúdez y a las acusaciones que la justicia italiana levantara en su contra por el tema del secuestro de argentinos durante su gestión gubernativa.
Mucho más es lo que oculta el texto, que lo que dice; pero aún así se puede deducir la línea general con que el apologista del neoliberalismo mueve el tema para decir lo que siente y ocultar lo que quiere. Es bueno entonces que esto último se ponga en evidencia.
Lo primero que admite el discutido Aldo es que, en efecto, el gobierno peruano de aquellos años estuvo metido en la Operación Cóndor.
Lo que discute, no es el hecho; sino la magnitud del compromiso que habrían asumido los militares de nuestro país en esa coyuntura. Y por eso dice casi poniendo los ojos en blanco: "dudo mucho que el Perú haya estado muy metido en la bárbara Operación Cóndor". A su juicio, entonces, podría haberlo estado, pero no mucho. Como las muchachas que perdieron su virginidad, pero no tanto.
Si eso afectó a Juan Carlos Maguid, -podría ser el corolario del razonamiento- fue ese "un caso", y no una sucesión de hechos que permitieran hablar de "un compromiso mayor" entre genocidas.
No se trata, sin embargo de juzgar si el secuestrado fue uno solo, o si fueron varios (en el caso que nos ocupa, fueron por lo menos seis los afectados por esta acción del Estado Terrorista).
Se trata de precisar más bien si el fenómeno del secuestro existió, y si esta bárbara acción privó de la libertad o de la vida a determinadas personas. Y eso es lo que legítimamente inquiere la justicia italiana y que bien podría considerar también el Ministerio Público de nuestro país dado que este tipo de crímenes tienen ahora la naturaleza de imprescriptibles.
Lo real es que Juan Carlos Maguid -un destacado profesor universitario argentino- fue ilegalmente detenido en los primeros días de marzo de 1977 y confinado en una celda de Seguridad del Estado en Lima, conforme me consta personalmente dado que viví con él la misma experiencia.
Se trataba de alguien que se había visto forzado a huir de su país, acosado por una dictadura asesina y que trabajaba seriamente en una institución peruana. Su detención, en ese momento, no fue revelada, como tampoco lo fue su secuestro, ocurrido algunas semanas más tarde, y que culminara con su desaparición, y probable ejecución.
Pero en nuestro país el tema de la Operación Cóndor da para más. Porque no se extiende solamente al caso citado. Ni siquiera a la captura ilegal y desaparición forzada de otros argentinos algunos años después. También incluye otros operativos que se ejecutaron contra dirigentes políticos y sociales peruanos que fueron deportados a Argentina (¿Por qué precisamente a ese país, y no a México por ejemplo?) y que fueron confinados en inhóspitos penales en tierras Gauchas.
Aldo M. asegura que eso carece de importancia porque a los afectados "no los mataron ni torturaron", por lo que tampoco, no importa. Pero si eso hubiera ocurrido, el editor de Correo habría encontrado la forma de justificar el crimen, como ha sucedido en otras circunstancias con víctimas del Terrorismo de Estado en nuestro suelo.
En realidad, lo que quiere el periodista que usurpa el prestigio de su abuelo es lanzar un salvavidas al General Morales Bermúdez, a quien se siente en el deber de proteger por tres razones que prefiere ocultar.
Ellas, son muy simples: 1) Porque Morales Bermúdez traicionó al general Velasco Alvarado y dio al traste con el proceso patriótico y antiimperialista que lideraba, habiendo prometido al asumir la dirección del estado en agosto de 1975, "profundizarlo y desarrollarlo". 2) Porque con su traición, calificada como expresión de felonía por Jorge Basadre, el historiador de la República, puso un obstáculo en ese momento insalvable para las expectativas del pueblo peruano, y 3) Porque luego de ese aberrante crimen social, Morales Bermúdez entregó el Poder a los partidos reaccionarios y abrió paso a la restauración del Perú Oligárquico en las condiciones de absoluto sometimiento y servilismo a los dictados del Gran Capital.
Esas son verdaderamente las razones que mueven a Aldo y a otros áulicos del Poder Imperial a reverenciar a quienes defraudaron la expectativa de los peruanos y desandaron el camino que ya había recorrido nuestro pueblo en la lucha por la justicia social y la liberación nacional. Por eso los protegen.
No es esa, por cierto, la situación de García, que tiene, adicionalmente, otras razones: se mira en el espejo de su propio futuro
Todo el resto es chácharra sin contenido. Y odio por todas las fuerzas que se empeñaron, en un momento crucial para la patria en una lucha abierta por la transformación revolucionaria de la sociedad. Y Aldo lo sabe. Por eso nos cita con nombre propio, como si nuestra presencia en esa circunstancia fuera un factor descalificador ante la sociedad.
Debiera saber, en cambio, que si la Izquierda Peruana jugó un papel descollante a comienzo de la década de los 80, ello fue precisamente producto de esa experiencia y del aporte y actividad de las personas que menciona.
En lo que se refiere a nosotros, los comunistas -Aldo cita a Jorge del Prado y a mi-, nada personal obtuvimos durante los años de Velasco. Ningún puesto, ninguna prebenda, ningún beneficio de orden alguno puso el gobierno de Juan Velasco Alvarado en nuestras manos.
Los Sindicatos, los trabajadores y el pueblo por el que luchamos, alcanzaron sí avances y conquistas notables, pero ellas no cayeron del cielo ni estuvieron sembradas en la tierra. Fueron producto de su propia lucha y de su esfuerzo abnegado y resuelto por un país mejor.
Y es eso precisamente lo que quita el resuello a todos los cabilderos de la Mafia que en su momento batieron palmas por el masivo despedido de 5,000 dirigentes sindicales y trabajadores en julio de 1977, que eran en esa instante, la vanguardia fundamental de la clase obrera peruana.
Ellos saben, en efecto, que la semilla sembrada por esa indoblegable vanguardia, está fresca. Y habrá de reverdecer apenas asome en nuestro encrespado escenario político el sol primaveral. Eso es lo que les aterra (fin)
(*) Del Colectivo de Nuestra Bandera. www.nuestra-bandera.com
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