AMAR. Amar es comprender y amar al diferente..
Me gente la gente noble y sencilla
Que ama y ama la vida,
Que ama a propios y a extraños
Sin prejuicios de ninguna clase.
(...)
Me gusta la gente joven y adulta
Que levanta la cara y mirando de frente
Le dice al Mandamás del Reino
¡No!!! ¡Nunca!!! ¡Jamás!!!
A Carlos Javier Palomino
Que dejo el sol y la lluvia,
Dejo el amor y la vida,
Sin darle el tiempo
Para amar y vivir
Un imbécil Nazi,
Nacional Fascista.
A Carlos Javier Palomino
Que dejo el sol y la lluvia,
Dejo el amor y la vida,
Para renacer y SER
Hijo del sol y del mar,
La luz del relámpago
En la noche oscura
A Carlos Javier Palomino
Que dejo el sol y la lluvia,
Dejo el amor y la vida,
Dejo Vallecas, dejo Madrid,
Para ser de la piel de toro
La voz del trueno
Donde reina el silencio.
A Carlos Javier Palomino
Que dejo el sol y la lluvia
Dejo el amor y la vida
Para ser la voz del viento,
Ser símbolo y bandera
De la España más culta
Solidaria y peregrina.
A CARLOS JAVIER PALOMINO
Asesinado a los 16 años por la barbarie fascista
TOC-TOC, LAS CÁRCELES
DE LOS ARIOS
Amenazadas las fronteras del Norte
por la explosión demográfica del Sur,
por la emigración que se avecina
y adivina imparable del Este.
Sin la necesaria tasa de natalidad
para reproducirse biológicamente,
a la subespecie animal
autoproclamada RAZA ARIA.
A la cultura del despilfarro
se le hunden sus valores y su mundo,
se le hunden las bolsas y las bases,
los pilares y cimientos de su poder.
A los ARIOS caníbales y antropófagos
de los suyos y de sí mismos,
les tiemblan las patas y las manos
cuando oyen el toc-toc en sus puertas.
Se desesperan, aterrados,
por la ola de criminalidad
e inseguridad ciudadana
que les acosa y les azota.
Chicago, años veinte y la ley seca,
Al Capone y Los Intocables,
historietas y cuentos para dormir
hoy los niñitos de biberón.
Quienes siembran la miseria y la violencia,
a los de la doble y triple moral, prisioneros
de su caca y de la coca, les tiembla el alma
cuando alguien se les acerca pidiendo su pan.
En los EE.UU. y en la CE los ARIOS
se sienten machos y seguros de sí mismos,
ricos y ufanos, van bailando y silbando,
marcando, pisando fuerte en el asfalto.
Y cuando se les acerca un negro o un moreno,
un indio o un amarillo que no sea japonés,
dan un salto y retroceden espantados,
huyen como perseguidos por el diablo.
Escapan despavoridos de sus propios pecados.
Cierran las puertas blindadas
de sus corazones y de sus almas
con mil cadenas y candados.
Se esconden detrás de los cerrojos,
debajo de las camas y en los armarios,
en los sótanos y refugios
de plomo y hormigón armado.
Se encierran y se encadenan
los de la miserable opulencia,
en las cárceles del cuerpo y del alma,
de su angustia, tortura y locura.