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Correa representa alternativa al fundamentalismo liberal Imprimir Correo
Por: Gilberto Lopes (Universidad)   
Noviembre 21, 2007
El cumplimiento de compromisos electorales contribuye al gran respaldo popular  Con el dólar transformado en moneda oficial desde el año 2000, Ecuador es también el país con la mayor tasa de inmigración en América del Sur. Se estima que 10% de su población ha tenido que buscar trabajo en el extranjero. Las remesas alcanzan ya unos 3.000 millones de dólares anuales, cifra similar a la de los ingresos petroleros, según estudios de economistas ecuatorianos.

25 años de políticas neoliberales han tenido efectos devastadores en el país. En 1982, cuando comenzaron a aplicarse las políticas de ajuste, las tasas de interés no superaban el 12%, existía seguridad social y leyes de protección laboral, los salarios cubrían el 100% de la canasta básica y su participación en la renta nacional era de casi 40%, como lo recuerda el economista Pablo Dávalos, en un artículo publicado por la agencia de prensa ALAI.


Dos décadas después, las tasas de interés superaban el 90%, los salarios representaban apenas 15% de la renta nacional y alcanzaban a cubrir apenas un tercio de la canasta familiar, según Dávalos.

Quizás esos antecedentes ayuden a explicar los acontecimientos políticos en ese país sudamericano, con poco menos de 284 mil km cuadrados (cinco veces el tamaño de Costa Rica) y casi 14 millones de habitantes, enclavado entre Perú y Colombia.

Las propuestas de cambios hechas por el presidente Rafael Correa -un economista de 44 años- desde que irrumpió en la vida política ecuatoriana, han renovado el interés por lo que ocurre en ese país. Para algunos, se trata de una corriente de la que son expresión los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y, sobre todo, Hugo Chávez, de Venezuela.

Inmerso en un proceso constituyente, con una asamblea que se instala este mes con una cómoda representación mayoritaria de gobierno (cerca de 80, de los 130 representantes), Correa asegura que su modelo no es copia del de nadie. Su propuesta es "reconstruir la capacidad de planificación del Estado" y acabar con el sistema neoliberal consagrado en la constitución de 1998.

Hay una cierta perplejidad frente a estas renovadas propuestas políticas que se extienden por el hemisferio. "Universidad" conversó, en Quito, con el economista René Báez, catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, autor de diversos libros y comentarista de la política ecuatoriana, sobre algunos aspectos del proceso político en ese país.

Correa

Correa representa la resistencia a las viejas formas de hacer política en el Ecuador, dijo Báez. "Representa el resurgimiento de una autoestima nacional y una heterogeneidad de fuerzas políticas, identificadas en su creencia en el gobierno. En buena medida representa también el agotamiento de las organizaciones de izquierda. Entre los grandes derrotados de los últimos procesos electorales está una izquierda marxista ortodoxa, debilitada por un proceso de desindustrialización y por políticas de flexibilización laboral".

"Esa conjugación de fuerzas heterogéneas, que incorpora a fracciones del poder económico que habían sido excluidas del viejo esquema de partidos, es lo que haría que a la ‘revolución ciudadana' de Correa se la vea como un proceso con mucha fuerza", añadió.

En la esfera internacional el gobierno ratificó algunas posiciones como el "no al TLC", el "no" a las petroleras extranjeras, y el no involucramiento del Ecuador en la guerra colombiana.

Correa se ha confrontado "al decadente poder norteamericano, como en el caso de la base militar de Manta, que deberá cerrarse en el 2009. A los sectores que han insistido en la necesidad de aprobar el TLC, les ha dicho que no va a pasar nada si no hay tratado, que hay recursos para subsidiar sus exportaciones".


En el terreno económico, Ecuador ha sido favorecido por los altos precios del petróleo y por remesas importantes, de unos 3.000 millones de dólares anuales, una cifra similar a la renta petrolera. Pero mientras las remesas van directamente a las familias ecuatorianas, tres cuartas partes de la renta petrolera sirve para el pago de la deuda pública, que bordea los 12 mil millones de dólares.

Pese a todo, destacó Báez, "los altos precios del petróleo posibilitaron a Correa cumplir con algunos compromisos de campaña, como la elevación del bono de la pobreza de 15 a 30 dólares mensuales, el aumento de un bono para la vivienda y la rebaja de las tarifas de electricidad para los pobres. El cumplimiento de esos compromisos contribuye al gran respaldo popular a Correa".

Por otro lado, añadió, "Correa ha tenido el valor de tocar los intereses de grupos beneficiados con las privatizaciones, como lo ocurrido en los aeropuertos de Quito y Guayaquil por obra de los alcaldes separatistas Paco Moncayo y Jaime Nebot, que calificó como un ‘atraco'".

Pero también tiene ambigüedades, dijo Báez. En el gabinete de Correa, por ejemplo, "prácticamente no hay gente de izquierda; el que está más a la izquierda es el presidente".

Neoliberalismo

El gobierno de Correa y su "revolución ciudadana" son el resultado de una resistencia extraparlamentaria al neoliberalismo, explicó Báez.

Tres gobiernos cayeron en esa lucha: Abdalá Bucaram, en 1997; Jamil Mahuad, en el 2000; y Lucio Gutiérrez, en el 2005.

"Se fue configurado así una alternativa al modelo neoliberal, alternativa a la que la entiendo como un conjunto de demandas nacionalistas en materia de recuperación de los recursos naturales, proteccionistas, democráticas y de defensa del Estado unitario; así como la participación del país en esquemas de integración de signo bolivariano", dijo.

La crisis bancaria que estalló en el país entre 1998 y el 2000 determinó que quebrara el 70% de las instituciones financieras como consecuencia de la desregulación de la economía, que es la clave del modelo neoliberal, explicó.

"Este modelo supone que los excedentes económicos generados en la producción se canalizaran al sector financiero. Los grupos de poder financiero fueron creando condiciones para que fuera un gran negocio quebrar los bancos. El congreso aprobó una ley, en vísperas del mayor derrumbe de la banca, por la cual el Estado se responsabilizaba por los pasivos de esas instituciones. Los banqueros no perdieron, quien perdió fue el Estado, que se hizo cargo del 70% del sistema financiero ecuatoriano, inyectándoles recursos de los contribuyentes, para rehabilitar a esas instituciones y ulteriormente devolverlas a sus dueños anteriores o subastarlas".

Dolarización

Otro aspecto clave de la política ecuatoriana es la dolarización. En el 2000, Jamil Mahuad decretó la desaparición de la moneda nacional, el sucre, y la sustituyó por el dólar. Los ahorros de miles de personas se hicieron nada. "Si lo veo por la calle, le tiro el carro encima", me dijo un taxista, que atribuye la muerte de su padre al hecho de ver desaparecer, de la noche a la mañana, los ahorros de toda su vida.

En todo caso, Correa se ha manifestado contra la dolarización, pero se ha negado a revertir la medida. "Correa ha sido consecuente en este asunto. Ha sido un crítico de la dolarización pero, al mismo tiempo, ha dicho que, en su gobierno, eso se mantendrá, porque lo otro llevaría a una guerra civil", dijo Báez.

"No hay un soporte financiero para volver a cambiar la moneda, entre otras razones porque una política orientada a eso supondría una gestión fiscal muy austera. En cambio, el gobierno ha apostado al surgimiento de una moneda sudamericana y al Banco del Sur", agregó.

"Ha habido un desmantelamiento del sistema de protección laboral. Mediante la baja de salarios y la eliminación de derechos laborales, algunos sectores empresariales han podido competir. La gente trabaja hasta 14 horas diarias, a destajo, para sustentar el presupuesto familiar. Los empresarios han encontrado, en esa recomposición, la posibilidad de sobrevivir a la dolarización".

En su criterio, el mayor peligro para la dolarización vendría del desbalance comercial y de pagos del Ecuador, al que calificó de "muy crítico" y que obedecería al frenesí consumista de los estratos altos y medios así como al descomunal peso de una deuda externa/interna.

Gilberto Lopes

Periodista brasileño. Catedrático de la Universidad de San José de Costa Rica

10/11/07

 


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