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UNA EXPERIENCIA DE CLASE Imprimir Correo
Por: GUSTAVO ESPINOZA M.   
Noviembre 12, 2007
Peru. La Jornada Nacional de Lucha del pasado 8 de noviembre, fue, por cierto, una valiosa experiencia de clase. Convocada por la CGTP en un inicio, gener una vasta adhesin. Se sumaron a ella las ms diversas organizaciones e instituciones sociales y polticas, y se cre -al calor de la confrontacin social- un clima propicio para la unidad del pueblo.

Como era de previsible, el gobierno no supo manejar la coyuntura. Convencido que su preocupacin no son los trabajadores, procur minimizar el tema o eludirlo, sin tomar para nada en cuenta las demandas planteadas. Y centr su inters muy lejos, en el Capitolio, donde la Cmara de representantes deba votar la ratificacin del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, que fuera firmado entre gallos y medianoche por el gobierno de Alejandro Toledo.

Atender ms el escenario exterior y mirar menos lo que pasa en el pas, es casi una constante en las administraciones locales que viven a la sombra de los intereses forneos y para los que la inversin extranjera es la piedra angular de sus preocupaciones bsicas.

Aunque, en efecto, los congresistas norteamericanos le dieron en la yema del gusto al Presidente Garca, ste an no podr, sin embargo, cantar victoria. No slo porque falta todava el debate en el Senado del Norte, sino tambin porque aqu mismo el gobierno peruano tiene una piedra en el zapato de la que no se podr librar fcilmente: ms del nmero legal de congresistas requerido para el efecto, present una denuncia ante el Tribunal Constitucional acreditando el uso de procedimiento ilegales para la sancin del Tratado Comercial con USA.

Se trata, en efecto, de un acuerdo que modifica hasta 11 disposiciones constitucionales y que incide en aspectos fundamentales de la vida peruana: la produccin agraria, la ecologa, el comercio, la inversin fornea, las relaciones laborales y otros temas de significativa incidencia. Legislar en torno a ellos hubiese requerido de un procedimiento ms serio que est contemplado en la Carta Magna pero que, por la premura obsequiosa del oficialismo, dejaron de lado tanto Toledo como Garca.

Bastar que el organismo constitucional peruano declare admitida la denuncia por acogerse a las formas establecidas -y sin necesidad an de pronunciarse sobre el contenido de la causa- para que la vigencia del TLC quede en suspendo hasta que se emita sentencia. Cuando eso ocurra, los exultantes cabilderos de la Clase Dominante aullarn de rabia e impotencia.

El hecho que, curiosamente, la aprobacin del TLC por parte del Congreso yanqui haya ocurrido el mismo da de la Jornada de Lucha de la CGTP -circunstancia que probablemente nadie program- le otorg a la movilizacin del 8 de noviembre un carcter antiimperialista ms definido y claro. Los manifestantes centraron su atencin en el tema del TLC que, en otra coyuntura, podra haber pasado casi desapercibido.

Un segundo elemento a considerar es el manejo de la situacin concreta en las calles de la ciudad el jueves pasado.

El gobierno haba autorizado la realizacin de varias pre concentraciones desde las que partiran marchas en direccin a la Plaza Dos de Mayo, y una concentracin en ese histrico lugar. Pero haba desestimado el pedido sindical para que se permitiera a la multitud reunida en la Plaza, salir en Marcha hacia el centro de la ciudad, como ocurre habitualmente. Este ltimo alcance, fue negado hasta el final. Slo cuando la fuerza de las masas se hizo ostensible y el gobierno pudo constatar en el marco mismo de la realidad que no podra cumplir su voluntad, se vio forzado a cambiar la orden y autoriz el desplazamiento de la multitud.

Por eso, la movilizacin del 8 de noviembre no fue una Marcha organizada y serena como las anteriores. Fue un desplazamiento tumultuoso y masivo, aguerrido y resuelto, por las ms amplias avenidas de la capital; un despertar cvico, una airada protesta ciudadana que rechaz con energa prohibiciones de corte burocrtico, y que congreg a millares de personas. Bien puede decirse que ese da, las masas impusieron su voluntad, y que el gobierno se vio forzado a ceder. No hacerlo, habra abierto la puerta a una confrontacin sangrienta que hoy el rgimen no est en capacidad de sostener.

Por eso el gobierno busc desquitarse de otro modo. El Primer Ministro Jorge del Castillo hizo uso de artificios deleznables en el empeo de asegurar que la coincidencia entre la fecha de la protesta y la ratificacin del TLC haba sido buscada por razones polticas, como si los congresistas norteamericanos se hubiesen sumado a la iniciativa de la Central Sindical de nuestro pas. Por lo dems, Del Castillo neg a la CGTP su condicin de tal, y asegur ms bien que se haba convertido en una Coordinadora Bolivariana.

Y es que las Coordinadoras Bolivarianas que han surgido en diversos pases de nuestro continente, le quitan el sueo a la clase dominante. Les aterra el slo imaginar que en un pas u otro, pudiese afirmar el ideal del Libertador, y que la causa de la unidad continental tome fuerza a partir de una clara definicin antiimperialista. Para Bush -y tambin para sus epgonos de aqu- eso luce simplemente intolerable.

Imbuido del mismo temor el Presidente Garca fue ms all. Asegur que la CGTP haba perdido su personera. Aunque no explic el contenido de su afirmacin, bien podra deducirse que el gobierno aprista estara dispuesto a retirar el registro de organizacin sindical a la Central Obrera Peruana. Si tal despropsito -demandado adems por la derecha ms reaccionaria. Asomara como una amenaza real, entonces la lucha tendra otro carcter y el gobierno enfrentara nuevos retos.

En el fondo, tras la amenaza est planteado un peligro: Retirar la personera a la CGTP implicara dejar virtualmente sola en el escenario a la organizacin sindical del APRA, la denominada Confederacin de Trabajadores del Per (CTP) puesta al servicio de los Patronos desde hace ms de cinco dcadas.

Saliendo al paso de la argumentacin oficial, y como lo decimos en las pginas de Nuestra Bandera, es til recordar que la CGTP no es -nunca lo fue- la fachada de masas del Partido Comunista ni el brazo sindical de la izquierda radical. Eso lo dijo siempre la prensa ms reaccionaria, que teme a los trabajadores y a sus luchas, en el empeo de aislar a la organizacin, y descalificarla. La CGTP, por el contrario, es la Central de Clase del Proletariado Peruano, el organismo de Frente Unico que naci al calor de las luchas obreras, y que se nutri de la palabra y el ejemplo de Jos Carlos Maritegui. Su concepcin bsica y sus tareas, la diferenciaron siempre de la CTP, que en los tiempos de Luis Negreiros Vega comenz como una organizacin representativa de trabajadores, pero perdi su condicin de tal por el sectarismo aprista, que la convirti en furgn de cola de su partido.

Durante largos aos -los de la Convivencia y el primer belaundismo- la CTP se aliment de las migajas de la patronal y su ms caracterizado lder -Arturo Sabroso- fue el smbolo vivo del amarillaje y la traicin. Durante el velasquismo, la CTP desentra su imagen como fuerza de choque de la reaccin; y hoy, despus de dormitar plcidamente bajo el fujimorismo, es apenas el instrumento de agresin del gobierno aprista contra los trabajadores. No es, entonces, una organizacin sindical ni una Central Obrera, Agrupa, apenas, a los militantes apristas que se colocan bajo su frula y busca dividir y quebrar a los sindicatos que luchan, para que no hagan resistencia a los planes del gobierno. Hay que decirlo para que no prospere una torpeza como la que se perfila ya en el escenario. Por lo dems, la CGTP debe hacer honor a su historia y a su tradicin de lucha colocndose en el sitial que le corresponde por su carcter verdaderamente unitario, para ganar a los t rabajadores sembrando, como deca Maritegui, conciencia y sentimiento de clase.

Para que esto sea fructfero, es indispensable que la CGTP tenga tambin conciencia del tipo de relacin que debe mantener con los llamados Partidos de Izquierda. No pude, ni supeditarse, ni atarse a ellos porque su labor tiene otro carcter.

Hizo bien entonces el lder opositor Ollanta Humala quien sostuvo que los partidos deben marchar de la mano con el pueblo. Y es verdad, no auparse en los hombros de la CGTP para luego solazarse proclamndose convocantes de una exitosa jornada que pertenece a los trabajadores.

Comprender esto, sera, en verdad, extraer una nueva leccin de clase de esta valiosa experiencia. (fin)


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