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EN TODO ESTE tiempo, se habla del miedo que tienen muchos uruguayos ante las acciones del pueblo de Gualeguaychú que protesta por la instalación de la planta de celulosa de Botnia.
La ciudadanía de Fray Bentos también tiene mucho miedo ante la presencia de los asambleístas de Gualeguaychú.
Indudablemente que estos miedos son incentivados permanentemente por muchos periodistas que en sus programas y en sus informaciones, se encargan de "manijear" a la gente sobre los peligrosos que implican estos luchadores de Argentina.
Estos informadores se pasan el día hablando sobre los defectos y malas intenciones que tendrían estos ambientalistas de la ciudad entrerriana. Hay muchas que creen estas noticias y se esconden en sus casas, piensan que los entrerrianos los vienen a matar, a provocar, a buscar mártires, que tienen horribles intenciones, que estos argentinos no quieren que elUruguay progrese, que nos quieren perjudicar en todo sentido. Y entonces esta gente de Fray Bentos y Uruguay está "entretenida" con esos miedos: pensando que el enemigo es Gualeguaychú y los uruguayos que estamos en contra de las plantas de celulosa.
Nosotros somos los malos, los traidores, los que estamos en contra del progreso y del trabajo.
Mientras tanto, Botnia ya intoxica a la gente, posiblemente ya contamina el aire y el río y se encamina a inaugurar su gran industria de celulosa y se dispone a poner en marcha la gran industria química de la producción de dióxido de cloro.
Pero frente a todo este peligro, la ciudadanía de Fray Bentos no siente miedo. Es verdad que en esto ha habido un buen manejo, es decir "entretener" a la ciudadanía con el miedo a los piqueteros, olvidándose del verdadero peligro, del riesgo catastrófico que implica el funcionamiento de Botnia.
Peligro de funcionamiento que se agrava por la incapacidad que hay en el país para controlar estas industrias contaminantes.
Porque a pesar de que se habla de controles, de monitoreo y se involucra a grandes laboratorios, cuando se detecte la contaminación es porque ya la
población la recibió y naturalmente normal, ni pensemos en una accidente porque eso sería terrorífico.
Hay que tener en claro, una vez más, que la tecnología que usa Botnia, como ENCE, es una tecnología muy contaminantes, no es verdad lo que dice el gobierno uruguayo cuando habla de tecnología de última generación.
Los empresarios han informado bastante sobre las emanaciones peligrosas al aire, sobre los residuos peligrosos al río, sobre el feo olor, sobre las
dioxinas y otros perjuicios que se pueden provocar a partir del uso, de muchas toneladas de productos químicos peligrosos. Una de las preocupaciones que se suman a estos peligros latentes, es la falta de leyes ambientales y sobre todo el "involucramiento" de las autoridades gubernamentales con estas empresas.
Ha habido, desde el principio, una actitud de aplauso, privilegioy defensa hacia estas multinacionales y se les ha asignado algo así como una aureola de santidad y de que son intocables en sus proyectos industriales; y acá uno se pregunta: en el caso de comprobarse contaminación ¿quién le cuelga el cascabel al gato? Por todo esto, uno se preocupa, cuando los miedos se dirigen a un enemigo virtual y no se dirigen a un enemigo real. Los uruguayos manifiestan mucho miedo y hasta terror, frente a las acciones de los piqueteros, pero no manifiestan miedo ante la instalación de ISUSA, o Botnia, ENCE, Stora Enso y ahora la de Portucel y otra de Japón.
Y no olvidemos que en total son ocho plantas de celulosa las que vienen para Uruguay. Por ahora van cinco o seis.
Sin embargo, los uruguayos no sienten miedo ante la posibilidad segura a dejar el país sin tierra y sin agua, por las enormes plantaciones de
eucaliptos y pinos, no sienten miedo ante el peligro del uso indiscriminado de agro tóxicos que ya ocasionan problemas sanitarios en los trabajadores de la "forestación" y de los viveros.
No sienten miedo por el cáncer. No manifiestan miedo ante los proyectos perversos de este gobierno progresista que no tiene límites en su afán destructivo.
Uruguayos: primero nos entretuvieron con los festejos, ahora nos distraen con los miedos equivocados.
Enfoquemos de una vez por todas, a nuestros verdaderos enemigos, y empecemos a resistir, para tratar de salvar lo que nos queda. De los contrario, "el último que se vaya, que apague la luz". ¿Se acuerdan?
(*) Delia Villalba, militante social, integrante del Coordinador Nacional de la Asamblea Popular
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