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Forestación y celulosa Imprimir Correo
Por: el Administrador   
Junio 18, 2006
Debates de ciencia ficción.La discusión sobre los impactos ambientales de la forestación y las plantas de celulosa muchas veces ha apelado a los golpes bajos y a las frases hechas. Hasta ahora, lamentablemente, la información y los argumentos científicos han faltado casi siempre a la cita.

Por:Víctor L Bacchetta
Brecha 16/6/06

No es necesario explicar por qué disponer de la información es fundamental para evaluar un proceso, máxime si se pretende sustentar con una base técnica y científica. Hasta el presente esto no ha sido resuelto en forma satisfactoria, en particular para los posibles afectados.
En el acto oficial del 29 de mayo último, el embajador Felipe Paolillo lo puso en estos términos: “Argentina siguió pidiendo informaciones. La información no satisfacía, o no satisfacía tal vez sus propósitos de impedir la construcción de la obra, porque de la información no surgía que hubiera como consecuencia del funcionamiento de estas plantas un perjuicio o un daño a la calidad o al régimen de las aguas del río”.
Pero la insuficiencia técnica y científica de la información viene siendo denunciada por las organizaciones ambientalistas y sociales uruguayas desde fines de 2004. Y este ha sido también el reclamo argentino luego confirmado por las evaluaciones del Banco Mundial (BM).
Por su parte, el ingeniero agrónomo Carlos Faroppa, asesor estratégico de Botnia, dijo el 30 de mayo a El Espectador: “No es un déficit de información. Simplemente pasa que la CFI (N de R: entidad dependiente del BM) hizo una evaluación de impacto ambiental en función de los estudios que había y de acuerdo con un permiso del Estado uruguayo que tenemos hoy. La ingeniería de detalle avanza, hoy tenemos mucha más información en la medida que se fueron generando los planes de gestión ambiental”. O sea que la información la proporciona la empresa a medida que va avanzando la obra, un procedimiento que invalida la evaluación de impacto ambiental (EIA)previsto por la legislación. La EIA es exigida para obtener información suficiente antes de emitir una autorización oficial, porque estos proyectos no se improvisan sobre la marcha. Así como están sucediendo las cosas, todo se reduce a confiar en las promesas de la empresa. ¿Es esta la forma técnica, científica y legalmente apropiada de proceder?

DIOXINAS Y MÁS DIOXINAS
Faroppa afirmó con total seguridad: “Primero, no vamos a generar las dioxinas, y segundo, vamos a tener un control de todos los precursores”. Y respecto al riesgo de 35 casos de cáncer por año para la zona Fray Bentos-Gualeguaychú (calculado en la Facultad de Ciencias), luego de un año de funcionamiento de las plantas respetando el límite de emisión de dioxinas permitido por la DINAMA en materia de emisiones gaseosas,
agregó: “No, ese número es aleatorio, no tiene justificación en cuanto a datos, porque no sería adjudicable a casos de salud”.
El ingeniero Ignacio Stolkin dijo a BRECHA que “el análisis de precursores es sólo posible en la fase líquida, pero todo el mundo coincide en que se producen dioxinas, a tal punto que la DINAMA le fijó, en su resolución del 14 de febrero de 2005, un valor máximo anual de 163 miligramos por año para la fase gaseosa”. Según Stolkin, “hay una clara contradicción entre los dichos de Botnia y la DINAMA”.
Por su parte, Danilo Antón, asesor en la Dirección de Medio Ambiente de la Intendencia de Río Negro y coautor del estudio de impacto ambiental de la empresa Botnia, afirmó que “las plantas de celulosa actuales, con las nuevas tecnologías, no producen prácticamente nada ... Nada porque es tan poco que no se puede medir”. Stolkin respondió: “Esto es un error (horror) técnico, pues las dioxinas son sólidos fácilmente filtrables hasta obtener las cantidades necesarias para ser analizadas. Lo que es cierto es que los análisis son muy caros (alrededor de 5 mil dólares por análisis) y que si se encuentran dioxinas toda la afirmación de ausencia quedará a la vista como mentirosa”.
Además, el informe elaborado por la consultora canadiense Hattfield para el BM, aceptado aparentemente por todas las partes involucradas, afirma que “las referencias a dioxinas/furanos en los vertidos de las plantas parecen haber sido manejadas algo a la ligera”. Hattfield insiste en que “estos compuestos (…) deben ser analizados. Dejar de lado el tema mediante la conclusión de que las dioxinas/furanos estarán ‘a niveles indetectables’ es inaceptable”.
Pero Antón cierra la discusión afirmando que “la forma como se plantea (el cuestionamiento) es totalmente –y uso la palabra conscientemente– terrorista”. Una forma no muy técnica y científica de debatir.

PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN
El presidente de la Fundación Argentina de Ecología Científica (FAEC),* Eduardo Ferreira, señaló durante una reciente mesa redonda** que hay personas que procuran “asustar” dando un mensaje apocalíptico, y cuestionó a quienes, “utilizando una expresión de fe y sin ninguna comprobación empírica, recurren a la ecología como un negocio”. Ferreira afirmó que la actividad de las plantas de celulosa es menos contaminante que la potabilización del agua que efectúa OSE y puntualizó que si se aplicara siempre el principio de precaución “todavía la humanidad estaría saltando en las ramas”.
Este principio surgió luego de que centenas de científicos comprobaran fenómenos como el calentamiento global, la erosión de la capa de ozono, y los altos niveles de desechos radiactivos y tóxicos. Su esencia es que la sociedad no puede esperar a conocer todas las respuestas antes de tomar medidas que protejan la salud humana o el ambiente de un daño potencial.

Quienes se oponen a la aplicación de este principio invocan la prioridad de las inversiones, trasladando de hecho a la sociedad la responsabilidad de demostrar que la tecnología o actividad es insegura o peligrosa, y al final es la sociedad la que paga las consecuencias.
Antón, saltando del plano científico al filosófico, plantea una idea similar a la de Ferreira: “Si uno quiere todas las certidumbres se mete en un rinconcito en su casa, nunca más sale y se muere de hambre. Se trata de manejar las incertidumbres en la vida, porque de eso se trata; la vida está llena de incertidumbres”. No queda aquí planteada la diferencia entre jugar con la vida propia y hacerlo con la de los demás.

* La FAEC es una entidad preocupada por “el surgimiento de una ideología irracional que se opone al progreso científico e industrial e impide el progreso económico y social”. La fundación denuncia los actuales acuerdos sobre el calentamiento global, que considera de base fraudulenta, y todo tipo de “mitos e histerias sobre temas relacionados con el ambiente, la salud humana y las tecnologías modernas”.
** Titulada “Desarrollo estratégico, investigación e implementación de tecnologías ecológicamente inteligentes”.
Última actualización ( Junio 18, 2006 )

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