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Paz y conflicto. Luces y sombras del acuerdo humanitario Imprimir Correo
Por: Alejo Vargas Velásquez   
Octubre 14, 2007
La facilitación de la senadora Córdoba y el papel que está cumpliendo Chávez en el proceso, podría llevarnos a un escenario de ‘gana-gana'. Por supuesto, se requiere que las FARC asuman este momento como una oportunidad que no se puede desperdiciar.

No hay duda que con la facilitación de la senadora del Partidos Liberal de oposición Piedad Córdoba y el rol que empieza a jugar el Presidente Chávez, el tema del acuerdo humanitario comienza a moverse y a despertar expectativas en la sociedad colombiana, en la comunidad internacional y por supuesto en los familiares de los secuestrados. Anotemos que también el Presidente Chávez ha ofrecido jugar un papel de tercero-facilitador en las conversaciones entre el Gobierno colombiano y el ELN. Pero además de las expectativas, también se vislumbran obstáculos y riesgos que hay necesidad de tener en consideración y en lo posible buscar prevenir.


Recordemos que las FARC mantiene en su poder como secuestrados, desde hace varios años, a suboficiales y oficiales dela Fuerza Pública colombiana, dirigentes políticos, incluyendo la excandidata presidencial Ingrid Betancur y su fórmula vicepresidencial Clara Rojas, parlamentarios, así como a tres contratistas estadoudinenses de empresas norteamericanas que trabajaban para el Plan Colombia. Y ha venido planteando que su libertad depende de un intercambio humanitario -canje lo han denominado- por guerrilleros presos -enjuiciados o condenados- miembros de su organización.


Las luces


La aceptación del gobierno colombiano y de las FARC de un rol de buenos oficios o facilitación para el Presidente Chávez en lo relacionado con el acuerdo humanitario -todavía no es muy claro el rol-, plantea una oportunidad muy positiva para destrabar este doloroso tema, no sólo por el ascendiente simbólico que él tiene en la izquierda latinoamericana -incluidas las guerrillas colombianas-, sino por la posibilidad que tiene de convocar a los gobernantes de centro-izquierda en América Latina (Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Nicaragua, Cuba, Panamá) para formar un frente común que apoye el acuerdo humanitario y eventualmente un proceso de conversaciones hacia la superación negociada del conflicto interno armado (una especie de Grupo Contadora para Colombia) y que podría darle un salto estratégico a su solución. Hay que valorar positivamente el interés que el Presidente Chávez ha colocado en el tema y la búsqueda de apoyos internacionales que ha promovido -el Presidente de Francia, los países no alineados, otros países latinoamericanos y de la comunidad internacional-.


Adicionalmente, la reunión de la senadora Piedad Córdoba con el dirigente de las FARC Raúl Reyes comienza a abrir alternativas de manejo del tema, que deberían continuar con una reunión entre un vocero de esta guerrilla y el Presidente Chávez en territorio venezolano. Este encuentro es previo a las necesarias e indispensables reuniones en el exterior entre delegados del Gobierno colombiano y de las FARC, para el cual ya varios países han ofrecido su territorio.

El papel fundamental del Presidente venezolano, en este primer momento, es lograr concretar este encuentro y eventualmente acompañarlo, si las partes lo consideran pertinente; eso sería una contribución muy importante.


Lo que aparece, por el momento, como más complejo y problemático -sin decir que no sea importante- es una eventual reunión en territorio colombiano del Presidente Chávez y el jefe de las FARC Manuel Marulanda, por cuanto esto requeriría una suspensión de operaciones militares en una zona del Caguán, lo cual genera rechazo en un sector importante de los colombianos y además tiene en principio la negativa del gobierno colombiano. Quizá podría viabilizarse hipotéticamente este encuentro, una vez se diera el acuerdo humanitario, si hubiere perspectivas ciertas para un eventual diálogo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, pero no sería lo más adecuado colocarlo como un paso indispensable para definir el acuerdo humanitario, éste lo deben definir los delegados de las partes en sus conversaciones en el exterior.


Igualmente, es probable que las conversaciones entre Gobierno y ELN no vayan a superar fácilmente las dificultades actuales, si no hay la intervención de un tercero con poder y ascendiente, que les de a las partes la confianza política que por el momento parece ser precaria. Y ese tercero, sin duda, puede ser en el momento el Presidente Chávez.


¿Alianza Uribe - Chávez?


Todo pareciera indicar que se está forjando una especie de alianza estratégica entre dos gobernantes que son política e ideológicamente opuestos, pero que tienen rasgos similares de pragmatismo y estilo de gobierno.


El Presidente Chávez, además de ser el principal contradictor de USA, proclama el socialismo del siglo XXI y está impulsando una serie de medidas de política social y de organización partidaria tendientes a cumplir su objetivo; el Presidente Uribe, principal aliado regional de Washington, proclama la inutilidad de la distinción izquierda-derecha y su principal obsesión es derrotar al terrorismo -la forma como se refiere a las organizaciones guerrilleras colombianas-, ya sea por la vía militar o por una negociación, pero bajo sus términos. Sin embargo, los dos tienen rasgos caudillistas y desarrollan estilos de gobierno que para muchos analistas se enmarcarían en lo que denominan prácticas populistas.


A pesar de estas diferencias y similitudes, es necesario destacar que las relaciones de los dos países, después de la crisis originada en la detención irregular del miembro de las FARC Rodrigo Granda en territorio venezolano a comienzos del 2005, pasan por uno de sus mejores momentos[1]. Todo indica que los dos gobiernos aprendieron que es posible tener unas cordiales y fluidas relaciones a pesar de diferencias ideológico-políticas que las reservan para consumo interno.


Ahora bien, adicionalmente, esto podría favorecer tanto al gobierno Uribe como al gobierno Chávez; al primero, al facilitarle un escenario de apoyo político regional de gobiernos que en otras circunstancias podrían por lo menos verlo con cierta distancia y de otra parte, mostrarle a USA que en la región hay apoyo político para buscar la solución de problemas estratégicos, sin necesariamente pedirle permiso a la potencia hemisférica -claro, sin entrar en tensiones con ella tampoco-; al segundo, igualmente le puede ayudar a jugar un rol de liderazgo regional y en cierta medida forzarlo a actuar de manera más prudente en política exterior, adicionalmente enviarle a Estados Unidos un mensaje de solidaridad regional que minimice los fantasmas chavistas de eventuales desestabilizaciones.


Por su parte la guerrilla colombiana tendría un escenario ideal para concluir su parábola de guerra y llegar a un acuerdo políticamente honorable de paz, pero además un escenario al cual es difícil dejar plantado, so pena de un altísimo costo político.


Si este desarrollo positivo avanza, podríamos entrar en un escenario de ‘gana-gana', gracias en buena medida a la oportuna facilitación de la senadora Córdoba y a un comportamiento realista de los presidentes Uribe y Chávez. Por supuesto se requiere que el pragmatismo campesino que en otras ocasiones han mostrado las FARC, las lleven a entender que llegó una oportunidad única que no se puede desperdiciar.


Las sombras


No hay duda que el acuerdo humanitario conlleva muchas dificultades unas inherentes al contexto político colombiano e internacional, otras a las demandas mismas que han planteado las FARC y unas terceras a las posiciones igualmente rígidas del gobierno colombiano.


No se puede omitir la posición de sectores políticos colombianos que consideran que cualquier tipo de tratativa con la guerrilla es una muestra de debilidad y que en esa medida abogan permanentemente por soluciones de tipo guerreristas; incluso hay voces discordantes al interior del propio gobierno y en esa medida tendría razón la senadora Piedad Córdoba al pedir que haya una vocería única sobre el tema -lo más aconsejable en cabeza del Alto Comisionado para la Paz-, lo cual al parecer ha sido aceptado por el Gobierno Uribe; pero igualmente a nivel internacional, habría muchos actores que estarían interesados en que fracase la intervención del Presidente Chávez, por cuanto no quisieran que fuera él quien se llevara esta especie de ‘trofeo' y no sería de extrañar que por lo menos de ese lado se tratara de enturbiar el panorama.


Igualmente hay que tener en consideración las complejas exigencias que ha planteado hasta el momento la guerrilla de las FARC: 1. El despeje de dos municipios del Departamento del Valle del Cauca, Pradera y Florida, para acordar el intercambio, que en teoría ahora se pudiera obviar con la oferta venezolana, pero seguramente aparecerá de nuevo, si hay acuerdo, para la entrega de los secuestrados. 2. La propuesta de que se incluyan en el intercambio humanitario todos los guerrilleros detenidos de las FARC, incluidos Simón Trinidad y Sonia que fueron extraditados a Estados Unidos y condenados allí, lo cual implicaría la presencia activa de otro actor, el gobierno y la justicia norteamericanos. Al respecto, hemos visto que la entrada en escena de parlamentarios del partido demócrata norteamericano, los familiares de los tres norteamericanos secuestrados y las consultas hechas por Piedad Córdoba con funcionarios del gobierno de USA, parecieran empezar a mostrar alternativas de salida para este tema, que sigue siendo complejo de resolver.


Por su parte, el gobierno de Álvaro Uribe, ha definido lo que ha denominado unos "inamovibles": en primer lugar, la no existencia de zonas de despeje en el territorio nacional -no hay que olvidar que el presidente Uribe ganó su primera elección basado en una fuerte critica al despeje del gobierno Pastrana en el Caguan-; que los guerrilleros que sean dejados en libertad por el gobierno colombiano deben comprometerse a no volver a hacer uso de la violencia, es decir, renunciar a la lucha armada como método.


Lo anterior bosqueja las dificultades en las cuales tanto el Gobierno colombiano como las FARC y los terceros facilitadotes se deben mover para tratar de hacer viable el acuerdo humanitario. Una tarea de filigrana difícil de tejer.


Descargue el artículo completo en pdf.

 

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[1] El intercambio comercial crece de manera ininterrumpida (estimaciones consideran que llegará a cinco mil millones de dólares este año), los proyectos energéticos de integración -gasoducto de la Guajira, suministro de combustibles en áreas fronterizas- se consolidan y adicionalmente el retorno de Venezuela a la CAN -presidida actualmente por el Presidente Uribe- parece una realidad a corto plazo sobre unas reglas especiales.

 


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