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El poder de la mentira |
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Por: el Administrador
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Junio 18, 2006 |
Para bien o para mal, el tema de las plantas de celulosa y de los monocultivos de eucaliptos y pinos, de la contaminación, el riesgo de la salud de la gente, la pérdida de las tierras uruguayas, el agotamiento del agua en el país...
Por: Delia Villalba La Juventud 18/6/06
A esta altura de los acontecimientos, todos deberíamos estar bien informados de la verdadera situación entre los países hermanos Argentina y Uruguay.
Pero tengamos en cuenta que hay muchos que tienen interés en deformar la verdad y así enrarecer la realidad. Es indudable que nuestro gobierno uruguayo dentro de su cantidad de mentiras dice a la ciudadanía, que Argentina nos avasalla la soberanía, que no quiere que el Uruguay progrese, que intenta adueñarse de los emprendimientos celulósicos, que son los políticos los que manipulan al pueblo.
Nada más lejos de la verdad, y es bueno analizarlo. No es Argentina quien ataca la soberanía de Uruguay, sino a la inversa.
De acuerdo con el Tratado del Río Uruguay, cada país está obligado a consultar al otro, cuando se proyecte un emprendimiento importante que genere algún impacto sobre el río, ya que ninguno de los dos países es «dueño» del río. Y al tratarse de un mega emprendimiento como es éste, la consulta debió hacerse. También Uruguay ataca la soberanía argentina cuando no toma en cuenta la doctrina internacional que dice: «un Estado puede disponer libremente de su territorio, pero no puede realizar actos que afecten la integridad del territorio ajeno». Dice también el Derecho Internacional: «Nadie puede usar lo propio para dañar lo ajeno».
Cuando nuestros gobernantes y políticos dicen que Argentino no quiere que Uruguay progrese, se extraen dos conceptos; en primer lugar ningún ser racional piensa que poseer plantas de celulosa sea expresión de progreso; en segundo lugar, aparece una mezquindad y mediocridad de parte de Uruguay al acusar a Argentina de estos sentimientos ruines.
En cuanto a que Entre Ríos quiere instalar esos emprendimientos en su territorio, quedó descartado ya que se dictó una ley por la cual se declara a Entre Ríos libre de plantas de celulosa. Lo que se han querido entender nuestros gobernantes y políticos es que estas movilizaciones del lado argentino, son protagonizadas por el pueblo, digno y soberano, son decisiones ciudadanas en las que nada tiene que ver ni el Gobernador Busti ni el Presidente Kirchner.
Luego que el pueblo entrerriano, casi por unanimidad, sale a defender su vida, su economía, su futuro, se suman al reclamo los gobernantes y políticos. Si fueramos latinoamericanos bien nacidos, responsables y dignos, deberíamos aplaudir la actitud de Gualeguaychú, que con sacrificio, convencimiento y mucha causa, transformándose, a partir del 5 de mayo del 2006 en el primer pueblo del mundo que defiende y lucha por un medio ambiente sano y habitable.
Pero lamentablemente nos han mentido tanto, nos han envenenado con sentimientos egoístas, nos han transformado en seres incapaces de reconocer las buenas actitudes de nuestros hermanos, que de la noche a la mañana se han vuelto nuestros enemigos, los malos de la película. Esta situación se debe a las mentiras de nuestros gobernantes que han ensuciado la cancha para su conveniencia, pero reconozcamos que han contribuido enormemente, muchos medios de comunicación, muchos periodistas, omitiendo información, tergiversando, minimizando datos, resaltando algunos hechos, desconociendo otros, en fin, muchos periodistas que aún desconociendo el tema, han flechado su información para favorecer a las empresas y aplaudir al gobierno. Apesar de haber puesto en juego todo el poder político, el poder económico y el poder de la información de radios, diarios, periódicos y televisión, el tema hoy está instalado en el mundo para su debate.
Para bien o para mal, el tema de las plantas de celulosa y de los monocultivos de eucaliptos y pinos, de la contaminación, el riesgo de la salud de la gente, la pérdida de las tierras uruguayas, el agotamiento del agua en el país, los perjuicios económicos y sociales, la imposibilidad de un país productivo y el peligro de perder la soberanía alimentaria, todo esto está en conocimiento del mundo.
Veremos como termina.
¿Triunfará la vida o la muerte?
¿Se instalará un desarrollo sustentable que respete la vida de las que vendrán o se consumir án todo en poco tiempo?
¿Se atenderán las exigencias de las multinacionales o el reclamo de la gente?
¿Se atenderá a lo razonable o se responderá a las ambiciones? Todo se puede sintetizar en dos posturas; lo honesto o lo perverso.
Lo que se resuelva será aplaudido o condenado por los que vendrán; roguemos para que las generaciones futuras nos aplaudan y nos recuerden con cariño, porque supimos dejarle un mundo habitable. |
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Última actualización ( Junio 18, 2006 )
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