Un nuevo orden mundial está en construcción y uno de sus pilares es el
libre comercio. Paradójicamente ese fue el pilar del orden surgido tras
la II Guerra Mundial; el libre comercio se consideró condición
necesaria para la reconstrucción de los mercados y la ampliación de los
espacios para el capital.
El capitalismo pudo por esa vía rehacerse
tras los estragos de dos guerras mundiales y un gran depresión gracias
a un sistema regulado, basado en acuerdos y en negociaciones
multilaterales. Sin embargo, en el orden mundial en formación el
multilateralismo es un estorbo para las ET, aun cuando los Estados
dominantes no hubieran renunciado al intento de usar los organismos
llamados multilaterales para legitimarlo.
Los
TLC son expresión de esa nueva fase en las relaciones internacionales,
en la que las negociaciones multilaterales dejan de tener mayor interés
para las empresas transnacionales, que con sus cadenas productivas
regadas a lo largo de varios países para llevar a cabo un único proceso
de producción y acumulación determinan la dirección y el volumen del
comercio bilateral de muchísimos países, máxime si se tiene en cuenta
que el comercio intra-firma, que es el que llevan a cabo estas empresas
entre los eslabones de su propia cadena de valor, y el comercio
realizado entre empresas transnacionales representa más del 60% del
valor total del comercio mundial. Es decir, se comercia en el mundo
básicamente lo que las transnacionales desean comerciar y no lo que los
Estados o los consumidores necesitan que se comercie; y por esa razón
esos esquemas bilaterales o regionales de comercio “ordenado” o TLC
entran en conflicto con los mecanismos que requieren las naciones
pobres para salir del atraso, desarrollarse y atender las necesidades
básicas de su población.
Si bien el vínculo entre comercio y
desarrollo se fue disolviendo en el pensamiento económico de la
posguerra, especialmente después del colapso de Bretton Woods, en la
actualidad la preocupación por el desarrollo sencillamente ha
desaparecido del discurso y las agendas de los impulsores del libre
comercio.
Los TLC que Estados Unidos propugna en América Latina
son más explícitamente instrumentos para el ordenamiento de las
relaciones comerciales de sus transnacionales.
Estados Unidos,
un gigante con pies de barro que se moviliza sobre divisiones
aerotransportadas, enormes portaviones, destructores y tanques,
sobrelleva un déficit en su cuenta corriente de alrededor de 850 mil
millones de dólares que se suma a un déficit fiscal que bordea los 500
mil millones de dólares y una deuda total (incluyendo el déficit
externo, la deuda del gobierno, de las corporaciones y de las familias,
y las burbujas financieras, como la inmobiliaria o los quebrados fondos
de pensiones) de 47 billones de dólares, hasta hace poco detentaba la
moneda más poderosa del planeta, sin embargo, el dólar está sometido a
una importante presión debido a los desequilibrios estructurales, la
volatilidad financiera internacional que la desregulación que impulsó
ha contribuido a ahondar y en la coyuntura actual, debido a la burbuja
inmobiliaria cuyo estallido ha comenzado.
Estados Unidos está
urgido de mejorar sus cuentas comerciales y sabe que ello sólo se
consigue incrementando sus exportaciones, para lo cual debería mejorar
su competitividad bajando sus costos o mejorando la productividad del
capital y del trabajo. Y es allí precisamente donde está el nudo
gordiano de la economía estadounidense, puesto que es imposible mejorar
las cuentas externas con un dólar que contra la propia lógica económica
convencional se sostiene únicamente gracias a una vocación especuladora
alentada por su política monetaria y a su capacidad para imponer la
denominación de los precios de materias primas, en particular del
petróleo, en su propia moneda. A pesar de la importante depreciación
sufrida, el dólar está aún sobrevaluado y ello afecta la competitividad
externa de amplios sectores de su aparato productivo.
En este
contexto los TLC cumplen la función de ampliar el acceso a los mercados
y los recursos para el capital transnacional, al mismo tiempo que
sientan las bases materiales para la conformación de un orden mundial
en el que:
• el capital gobierna de facto el mundo,
•
se establece una legalidad que siendo ajena al Estado de derecho y al
orden jurídico internacional vigentes amplia el margen de acción del
capital al tiempo que conculca los derechos de las naciones y de los
pueblos,
• el desarrollo de las naciones atrasadas y dominadas resulte inviable.
Estados
Unidos ha usado el dinamismo de su mercado interno para soldar vínculos
con las naciones atrasadas especialmente de América Latina y el Caribe
aprovechando el privilegio adquirido en el viejo orden mundial de
financiar sus déficits y la deuda de sus consumidores y de sus empresas
en su propia moneda. Sin embargo, ese dinamismo depende del
endeudamiento y éste a su vez de un acceso al financiamiento
internacional basado enteramente en la hegemonía del dólar. En este
contexto de fragilidad financiera los TLC cumplen un papel central en
la preservación de su hegemonía y de la capacidad para competir con
otras fuentes de poder mundial.
Desde esa perspectiva, los TLC
son parte de una estrategia de supervivencia al mismo tiempo que de
afirmación como gran potencia, que permiten responder a los retos que
plantean los cuestionamientos al orden vigente y el malestar de las
naciones atrasadas y dominadas ante la ampliación de la brecha de
riqueza con las naciones avanzadas. En la OMC, los PED han logrado
frenar las pretensiones de EU, UE y Japón de imponer unas reglas
comerciales contrarias a sus intereses. De allí que la OMC haya caído
en un bache que la coloca al borde de la irrelevancia y que los países
desarrollados multipliquen las negociaciones de TLC que les permiten
obtener concesiones más radicales de los PED que las que hubieran
podido arrancarles en un marco multilateral en términos de: acceso a
sus mercados sin una retribución equivalente (reciprocidad) y menos aun
equitativa; propiedad intelectual y acceso al conocimiento, a la
tecnología y a los recursos, especialmente la biodiversidad; el control
de los servicios; y la regulación de las inversiones y de los mercados
laborales.
Antes de analizar cada uno de estos capítulos de la
“negociación” de tratados comerciales cabe mencionar que la llamada
“liberalización competitiva”, como eufemísticamente se suele referir a
la estrategia de negociaciones bilaterales, es un mecanismo
extremadamente eficaz para liquidar la capacidad de los PED de orientar
sus políticas económicas hacia el desarrollo, y por lo tanto una
garantía para mantener la brecha entre ricos y pobres. Si los PED
pudieran acceder a los beneficios de la dinámica económica
internacional serían capaces de mejorar su acceso a los recursos para
financiar proyectos ulteriores que les permitieran incrementar su
capacidad tecnológica, creando oportunidades de inversión que si bien
no necesariamente repercutirían en niveles de vida más equitativos si
podrían contribuir a la formación de un bloque empresarial que
intentara actuar con mayor autonomía en la competencia internacional y
de una fracción de consumidores que hicieran más relevante el mercado
interno. Los TLC se orientan precisamente a preservar la rigidez de los
parámetros que mantenga en calidad de socios subalternos a los grupos
dominantes de los PED y a desarticular la respuesta organizada de los
pueblos, único conducto para la gestación de un proyecto
nacional-popular. Empobrecer, mantener en la miseria, desalienta y
debilita la autoestima socavando así uno de los factores cruciales del
desarrollo: el “capital humano”; sobre esa base es muy difícil que los
pueblos tengan convicción de sus derechos y se organicen para luchar
por ellos. Como veremos, las nuevas reglas que se imponen en los TLC
pretenden destruir la capacidad de respuesta de la sociedad,
desarticulan las de por sí débiles cadenas productivas y convierten a
los estados en meros organizadores y garantes de las condiciones que
aseguren la rentabilidad del capital. “El efecto global de estos
cambios en las reglas es el progresivo desmantelamiento de la
gobernabilidad económica, transfiriendo poder de los gobiernos a las
empresas multinacionales y privando a los países en desarrollo de las
herramientas que necesitan para desarrollar sus economías y lograr una
posición favorable en los mercados mundiales.” (1)
Por otra
parte, la lógica de “caso por caso” en la negociación de los TLC,
inspirada en la administración de la deuda externa con excelentes
resultados para los acreedores, divide a los PED y debilita su poder de
negociación a la par que permite a los PD actuar de manera concertada
para imponer reglas, normas, “principios” y condiciones a través de los
llamados organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID, OCDE) en
lo que se ha dado en denominar “gobernabilidad global”. A estas
negociaciones donde aparentemente sólo participan los gobiernos, en
realidad los loobies de las corporaciones transnacionales tienen no
sólo acceso sino la capacidad de incidir de manera determinante porque
las negociaciones se llevan a cabo a puertas cerradas, complemente de
espaldas a todo principio de transparencia y exentos de la rendición de
cuentas. Las discretas reuniones que tienen lugar para “negociar” los
TLC son lo más distante de la democracia. Parten del supuesto de que
los únicos interesados son las empresas que movilizan capitales y
bienes sin considerar los intereses de la sociedad a al menos de los
consumidores (papel que el en el capitalismos e asigna a los
ciudadanos) que recibirán el impacto ambiental y en su bienestar de las
consecuencias de liberar a las empresas de toda responsabilidad social
y moral.
“En 2006 más de 100 países en desarrollo estaban
embarcados en la negociación de alrededor de 67 tratados comerciales
bilaterales o regionales, y firmaron más de 60 acuerdos bilaterales de
inversiones. Hoy en día más de 250 tratados comerciales regionales y
bilaterales rigen algo más del 30% del comercio mundial, y en los
últimos diez años se han aprobado una media de dos acuerdos comerciales
por semana”. (2)
Las nuevas reglas que los polos de poder
mundial están imponiendo a través de los TLC son contrarias al
desarrollo y forman parte de esa vieja estrategia de las potencias
capitalistas de “retirar la escalera” (3), suponen concesiones enormes
de los PED a cambio de apenas preservar el acceso a los mercados de los
países desarrollados, atándoles de manos y bloqueando su camino al
desarrollo. Sin “capital humano” ni acceso al conocimiento y la
tecnología e incrementado el poder monopólico de las grandes
corporaciones, la estabilidad macroeconómica, presentada como condición
para generar competitividad internacional y bienestar, deviene en la
llave que cierra el candado que aprieta las cadenas al cercenar el
acceso al financiamiento y retirar al estado su función promotora. Por
su parte para las naciones dominantes incrementar el poder monopólico
de sus corporaciones es el camino para sostener su posición
privilegiada en el reparto de la riqueza.
A la par que se han
consolidado los sistemas internacionales de producción integrada han
emergido nuevas potencias en ciernes (BRIC) alterando el equilibrio de
poder (4).
En esencia los tratados de libre comercio entre
países ricos y pobres son una forma de preservar y ahondar la
dominación económica. De allí la profusión de tratados en negociación.
Para que esta estrategia tenga éxito es preciso no sólo debilitar, sino
liquidar, el sistema multilateral de comercio, el último pilar
sobreviviente del orden mundial regulado de la posguerra, (5) lo que ha
abierto el paso a la transición epocal y de orden mundial en curso. Un
nuevo orden comercial y financiero se impone, por lo que la pertinencia
de los organismos multilaterales está en debate. En este contexto cabe
preguntarse ¿hasta qué punto es un fracaso la no conclusión de la Ronda
Doha que ha colocado en la irrelevancia a la OMC? La ronda ha
fracasado, en todo caso, por la cerrazón de los países desarrollados
para liberalizar su agricultura, no por la vinculación que
establecieron los PED entre el mayor acceso a los mercados y su
disponibilidad a abrir sus sectores agrícola y de servicios. En esta
transición la solidaridad y colaboración entre PED es fundamental,
porque más allá de la agresión militar, la principal arma de los PD
para imponer un sistema de dominación aggiornado es enfrentar entre sí
a los PED. De allí la importancia estratégica que tienen las políticas
solidarias y la integración impulsadas por Cuba y Venezuela.
Algunos de los aspectos más problemáticos de los contenidos en las reglas impuestas en los TLC son: (6)
1.
Propiedad intelectual. Limitan el acceso al conocimiento retrasando o
frustrando la innovación tecnológica, encarecen la atención de la salud
al impedir el uso de medicinas genéricas y ponen la biodiversidad a
merced de la codicia de los conglomerados transnacionales
agroexportadores y laboratorios farmacéuticos, al eliminar el derecho a
intercambiar semillas protegidas, desconocer los derechos de propiedad
de los productores ancestrales. El uso intensivo de agroquímicos en los
PD ha forzado a los agricultores en los PED a imitar esos métodos de
producción para mantenerse en el mercado induciendo una fuerte
dependencia de los pesticidas con los consecuentes efectos negativos en
la salud y el medio ambiente. Estas normas impiden el desarrollo de
versiones genéricas de menor costo y apuntalan el alza de los precios
de los agroquímicos provocando una transferencia de beneficios de los
agricultores pobres hacia los conglomerados agroquímicos. Estos
conglomerados operan con métodos de explotación intensivos en capital y
requieren un control cada vez más extendido de las tierras y de las
variedades genéticas naturales para dar paso a los organismos
genéticamente modificados. Tras la usurpación de las riquezas naturales
(biodiversidad) por considerarse “patrimonio de la humanidad” los
conglomerados imponen a los agricultores a través de patentes el pago
de derecho de uso de la biodiversidad que éstos han contribuido a
desarrollar. Por este conducto se obliga a los PED poseedores de
biodiversidad a anular la legislación que la protege, eximiendo a las
ET de la obligación de presentar certificados de propiedad. Un
auténtico hurto conocido como biopiratería. La consecuencia de este
enfoque en el manejo de la producción agropecuaria es la expulsión de
campesinos y agricultores pobres de sus tierras.
2. Servicios.
Este sector de la economía es el más dinámico en la mayoría de los PED,
representa una porción mayoritaria de PIB y es una fuente fundamental
de empleo e ingreso. En este sector se genera el crédito, se distribuye
la plusvalía que genera la comercialización de productos y una serie de
servicios básicos para el funcionamiento de la economía como el agua,
la energía, las comunicaciones y el transporte, con un impacto decisivo
en el poder adquisitivo de la población. El control o regulación de
este sector es un mecanismo de distribución fundamental para combatir
la pobreza y la desigualdad. Los TLC presionan por su privatización con
acceso al capital extranjero que ha detectado en su rápido crecimiento
nuevas oportunidades para la creación de lucro, sin considerar el
interés público que debería predominar en su gestión. Esta medida
dejaría sin opción alguna a millones de pequeños comerciantes y
campesinos de acceder a financiamiento acorde con la naturaleza de sus
actividades debilitando aún más sus posibilidades de competir con las
grandes cadenas comercializadoras, contribuyendo así a la concentración
y a la generación de ganancias monopólicas. Uno de los mayores riesgos
es que el usufructo de los servicios básicos por las ET excluya de su
acceso a los sectores de menores ingresos.
3. Inversiones. En
este ámbito interactúan los TLC con los Acuerdos Bilaterales de
Inversión (ABI) para garantizar que el capital quede liberado de toda
responsabilidad social, moral y económica ante el país receptor y su
población. La fruición con que los PD buscan imponer estos acuerdos es
una forma de responder al fracaso del Acuerdo Multilateral de
Inversiones (AMI), frenado por la acción concertada de los PED. La IED
en los PED alcanzó en 2005 los 334 MMD (7). Una porción abrumadora de
esta inversión está vinculada a transacciones comerciales por
corresponder a los sistemas integrados de producción industrial (SIPI),
de allí que en los TLC se incluyan capítulos relacionados con el
tratamiento del capital extranjero. En contra de los que suelen afirmar
los economistas neoliberales de la academia, de los organismos
multilaterales y la propaganda corporativa, los “tigres asiáticos”
determinaron cuidadosamente en qué sectores de su economía se
permitiría la IED, y bajo qué condiciones, porque se ocuparon de que
tales inversiones se articularan dentro de las cadenas productivas
locales, transfirieran tecnología, contribuyeran a elevar la
calificación de sus trabajadores, adquirieran insumos producidos
localmente para estimular la producción, las exportaciones y el
desarrollo equilibrado del sector industrial y del conjunto de los
sectores productivos.
Los TLC que imponen los PD se proponen
liquidar ese esquema prohibiendo explícitamente la imposición de
“requisitos de desempeño” y alentando los “derechos de establecimiento”
(que impiden a los PED seleccionar a los inversionistas extranjeros)
para impedir que las políticas que posibilitaron una inserción dinámica
de las economías del sudeste asiático pudieran ser imitadas por otros
PED. De allí que haya una flagrante manipulación y distorsión de la
información respecto de la experiencia asiática.
A pesar de las
implicaciones que tales imposiciones tienen para el desarrollo y el
ejercicio de la soberanía en política económica de los PED, la más
escandalosa de las pretensiones de los TLC es la posibilidad de las
empresas extranjeras de recurrir de manera automática al arbitraje
internacional inversor-estado en tribunales creados ex profeso y fuera
de la jurisdicción de los tribunales nacionales.
Más de 170
países han firmado estos ABI, de manera que prácticamente el mundo
entero ha quedo a merced del poder del capital transnacional. Si con la
deuda externa nuestras naciones quedaron sometidas al arbitrio de
tribunales extranjeros (Londres y Nueva York), con los ABI se quebranta
no sólo el derecho de los gobiernos y de sus ciudadanos en beneficio de
de los inversores extranjeros, sino la soberanía de las naciones de una
manera flagrante, transfiriendo la solución de controversias a
tribunales de dudosa imparcialidad, debidamente sometidos al poder y el
“encanto” de los poderes fácticos globales. De manera que hablar del
imperio del capital no es retórica ni adjetivación altisonante, sino
simple descripción de hechos. Ya hay abundante evidencia del desempeño
de estos paneles de arbitraje que sesionan en audiencias secretas (que
en muchos casos dependen del BM o de la ONU, cuando no se trata de
tribunales ad-hoc) a favor de los inversores extranjeros. Las demandas
pueden ser aceptadas incluso cuando se trata de modificaciones en la
regulación o decisiones de política económica que responden al interés
público (derechos laborales, condiciones de trabajo, protección del
medio ambiente, tributación) que pudieran afectar la rentabilidad
futura de las ET.
Los ABI y los TLC en materia de inversiones se
orientan a limitar la capacidad de los gobiernos de regular los flujos
de capital.
4. Empleo y derechos laborales. Si el rápido aumento
de las exportaciones no ha redundado en mejores salarios siquiera en
las industrias exportadoras, se ha debido a que buena parte de la
inversión está vinculada a la explotación de bajos salarios en ausencia
de derechos laborales. Las legislaciones nacionales que intentan
preservar los derechos de los trabajadores y garantizarles un empleo
digno y bien remunerado son percibidas como hostiles a la inversión. En
consecuencia, la llamada flexibilidad laboral es la contrapartida de la
flexibilidad que otorgan al capital las ABI.
Allí donde existen
normas laborales tras la firma de TLC su cumplimiento no se sigue con
el mismo celo que los ABI, es decir las normas que sustentan los
beneficios del capital. En este marco se generan empleos para mantener
en la pobreza a los trabajadores a través de bajos salarios, largas
jornadas, ausencia de prestaciones, férrea disciplina, desconocimiento
de los derechos laborales (prohibición de sindicatos), entre otras
características del ambiente laboral que degradan la dignidad y la vida
familiar de los trabajadores. ¿Dignifica al ser humano el trabajo en
estas condiciones?
5. Aranceles. A los PED se les obliga a
eliminar sus aranceles en agricultura e industria y reducir las
barreras no arancelarias, en tanto los PD se niegan a reducir sus
aranceles agrícolas y practican el dumping (subsidios a sus
exportaciones). Los TLC van aún más lejos, al limitar el derecho de los
PED a utilizar salvaguardas para frenar las importaciones en casos de
que cayeran los precios. No hay forma de mejorar la competitividad de
las exportaciones agrícolas de los PED cuando éstos no pueden hacer
usos de las salvaguardas en tanto los PD subsidian a sus productores en
montos y proporciones inalcanzables para los países pobres. Por este
conducto los TLC ponen en riesgo la seguridad alimentaria y los medios
de vida de las comunidades rurales, propiciando la migración masiva y
el rápido abandono de sus tierras.
Estas prácticas de los
países desarrollados denotan un compromiso de apoyo del Estado a sus
productores especialmente cuando se trata de ET, encubierto en un
discurso “liberal” que la ortodoxia de los PED reproduce para coactar
el papel promotor y regulador del Estado.
Podríamos resumir en
una ecuación simple para un problema complejo las implicaciones de los
TLC y los ABI: la sustitución de cultivos por importaciones, la caída
del precio de las exportaciones agrícolas de los PED resultante de un
incremento de la producción para contrarrestar los bajos precios a que
inducen los subsidios (dumping) de los PD a sus agricultores, las
cuotas de importación impuestas, el endeudamiento derivado de los altos
costos de los insumos (muchas veces importados o provistos por los
propios conglomerados agroexportadores de los PD) aunados a largas y
desgastantes jornadas laborales que apenas proveen ingresos para mal
alimentarse y a un ciclo agrícola que incluye largos periodos de
inactividad que en la mayoría de las ocasiones obligan a migrar,
constituyen el círculo vicioso de la pobreza y la garantía de que los
agriculturas pobres de los PED difícilmente podrían representar
competencia para los conglomerados agroexportadores. La expulsión de
campesinos de sus tierras por el hambre, la falta de crédito y la
migración -despoblamiento y pauperización del campo- son condición
necesaria para que los conglomerados agroexportadores tomen posesión de
las tierras y los recursos.
La misma lógica se observa en las
industrias y los servicios, de forma que la inserción en la economía
mundial que promueven los TLC son el camino asegurado a la irrelevancia
como naciones. La caída de los salarios y del ingreso agrícola contrae
el mercado interno afectando las economías de escala que pudieran
propiciar una mayor inversión productiva, lo que a su vez mantiene
deprimidos los salarios y el empleo. La disminución de los aranceles
industriales propician la caída del empelo y los salarios industriales
y contribuye a desarticular las cadenas productivas y debilitar en
consecuencia los mecanismos para la distribución del ingreso.
Por
su parte las “reglas de origen” (% de valor agregado internamente en el
proceso de producción que determina el origen del producto) obligan a
ampliar la entrada de capital extranjero o a comprar los insumos dentro
del área de libre comercio creando un mercado cautivo para los “socios”
comerciales “más eficientes” y una división del trabajo basada en la
maquila que obliga a deprimir los salarios como vehículo de
competitividad.
De esta forma, los TLC son un instrumento muy
eficaz para acelerar la pauperización, la desarticulación del aparato
productivo, la dependencia tecnológica y financiera y el sometimiento
de la soberanía nacional al poder del capital transnacional. Debilitado
así el poder de negociación de los PED se asegura que no representen un
riesgo para el equilibrio de fuerzas ni la relación de competitividades
que asegura una mayor participación en la distribución de la riqueza
global. Y en esa medida, son un eficaz instrumento en la rearticulación
de las formas de dominación.
Las negociantes de TLC en los
hechos confrontan los intereses de las ET y los Estados de los PD con
los productores orientados fundamentalmente al mercado interno, los
consumidores, los sindicatos, las poblaciones indígenas de los PED, que
no siempre cuentan con el apoyo de unos Estados que tienden a
privilegiar los intereses de las grandes empresas locales que aspiran a
asegurar su propio acceso a las cadenas globales de producción,
distribución y abastecimiento aun de forma subordinada al capital
transnacional, pero sin generar los mecanismos que permitan la
distribución de beneficios hacia el resto de la economía.
Por
esta razón no es casual que los mayores movimientos de masas,
ciudadanos o populares en los últimos años se hayan gestado en torno al
rechazo a la guerra imperialista y el repudio a las cumbres de la OMC,
el FMI-BM, el G7, los TLC o el ALCA. Políticas neoliberales, TLC y
guerra es la oferta del capital a los pueblos del mundo cuando el
capitalismo enfrenta un punto de inflexión. En este contexto deberíamos
valorar la resistencia organizada del pueblo “tico” contra el TLC.
Notas:
1)
Ver Oxfam, “Nuestro futuro por la borda: Cómo socavan el desarrollo los
tratados de comercio e inversiones entre países ricos y pobres”.
http://www.oxfam.org/es/ policy/briefingpapers/bp101_ regional_trade_agreements_0703
2) UNCTAD. World Investment Report 2006. FDI from Developing
and Transition Economies - Implication for Development. Citado por
Oxfam, Op. Cit.
3) “Un ardid muy común e inteligente que
practica quien ha alcanzado la cumbre de la grandeza es retirar la
escalera por la que ha trepado para impedir a otros trepar tras él. En
ello reside el secreto de la doctrina cosmopolita de Adam Smith y de
las tendencias cosmopolitas de su gran contemporáneo William Pitt, así
como a todos sus sucesores en la administración gubernamental
británica”. F. List The Nacional System of Political Economy. Citado
por Ha-Joon Chang Retirar la escalera. La estrategia de desarrollo en
perspectiva histórica. Catarata. Madrid, 2004, Pág. 37.
4)
“Con las tasas de crecimiento actuales, las economías de China, India,
Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía serán en conjunto mayores
que las del actual G7” Ver Oxfam, Op. Cit. Pág. 6
5) Los otros
dos pilares fundamentales fueron los acuerdos sobre paridades
cambiarias de Bretton Woods y una hegemonía estadounidense apoyada en
su superávit comercial, su capacidad para exportar capitales y para
ejercer como fuente de liquidez internacional y prestamista de última
instancia.
6) Para la redacción de esta sección me apoyo
ampliamente en el documento de Oxfam ya citado. 7) UNCTAD, OP. Cit.
Citado por Oxfam, Pág. 25.
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