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CANCILLER GARGANO DEFIENDE AL CÓNSUL DEL CÓNDOR |
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Por: el Administrador
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Junio 15, 2006 |
El canciller Reinaldo Gargano negó que existan pruebas que vinculen al funcionario Arisbel Arnoldo Arocha, recientemente nombrado Cónsul de Uruguay en Gualeguaychú, con violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura.
Por: Andrés Capelan Comcosur 15/6/06
El canciller Reinaldo Gargano negó que existan pruebas que vinculen al funcionario Arisbel Arnoldo Arocha, recientemente nombrado Cónsul de Uruguay en Gualeguaychú, con violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura. En su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Internacionales de Diputados, Gargano dijo que “No hubo ninguna prueba que acreditara los rumores”, y que “La Cancillería no lo va a remover porque fue designado dentro de las normas legales correspondientes”. Agregó que “Cuando surgió la versión se lo indagó a fondo y no hubo ninguna prueba que acreditara la verosimilitud de lo que se denunciaba”.
En la edición del domingo pasado de “Por la Voz de Mumia Abu Jamal”, Comcosur publicaba una carta abierta del Colectivo de Ex Presas Políticas Uruguayas, en la que pedían la remoción de Arocha sobre la base de que “fue cónsul de Uruguay en Buenos Aires en los años más duros de la represión y persecución a compatriotas como lo fueron los años 1976 y 1977” y que “Hay varios documentos firmados por él, entre ellos uno sobre el caso Orletti”. Las ex presas recordaban en su comunicado que el último destino de Arocha en Buenos Aires fue como director de la sección pasaportes, y que al asumir el nuevo gobierno fue retirado de ese cargo por su pasado comprometido con violaciones a los Derechos Humanos”.
En efecto, Arocha fue Cónsul en Buenos Aires durante los años en los que la “patota” de la OCOA realizó sus peores tropelías en esa ciudad. Estaba en el pleno ejercicio de sus funciones en los momentos en los que eran asesinados Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo; era desaparecido Benjamín Liberoff; eran secuestrados Simón Riquelo y María Claudia García de Gelman; y eran torturados, extorsionados y asesinados los integrantes del Partido por la Victoria del Pueblo, por no abundar.
Sin embargo, tal como se lo dijo sin que le temblara la voz al periodista Raúl Legnani, Arocha no se enteró de nada de eso (ver nota 2 de este boletín). ¡Hasta en Uruguay sabíamos lo que estaba pasando en Buenos Aires y Arocha dice que no tenía conocimiento! Y ahí tenemos al Canciller diciendo que “no hubo ninguna prueba que acreditara la verosimilitud de lo que se denunciaba” respecto a la complicidad de Arocha con los crímenes de la dictadura. ¡Por favor! ¿Qué pruebas requiere el Canciller? Arocha estaba en el “riñón civil” del Plan Cóndor en Buenos Aires. Eso no lo desmiente nadie, es un hecho. ¿Se necesita alguna prueba más para -por lo menos- no promoverlo?
Pero lo más preocupante es que éste no es un caso aislado. El criterio utilizado por el canciller Gargano para designar a Arocha, es el mismo que el que maneja el gobierno para designar, promover y ascender a los militares: todos son inocentes hasta que no se presenten pruebas materiales de su culpabilidad (ver nota 5 de este boletín). ¿Y cuales pruebas materiales se pueden presentar en casos como éste? Como se dijo más arriba, Arocha “estuvo ahí”, y con eso debería bastar.
Pero además: ¿no había ningún otro lugar para poner a Arocha? ¿Tenía que ser justo en Gualeguaychú? Parece una broma de mal gusto. ¡En el mismo momento en que en medio del pleito por las pasteras Héctor Gros Espiell saca pecho en La Haya diciendo que en Uruguay se respetan los Derechos Humanos (se olvidó de la Ley de Impunidad, claro), se designa a un colaborador de la dictadura como cónsul en esa ciudad! ¿A qué estamos jugando? ¿A hacer las cosas lo peor posible? Es muy fuerte, es muy fuerte....
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Última actualización ( Junio 15, 2006 )
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