Aunque juegue con los nombres, el gobierno se encamina hacia la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pero no todo está dicho. El rechazo comienza a crecer y la resistencia de trabajadores, estudiantes y activistas puede dar vuelta el partido.
Periódico El Mundo al revés Número 53 - junio 2006
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Astori únicamente habla de “grandes ventajas” al referirse al TLC con Estados Unidos. El único ejemplo preciso que cita una vez tras otra, son los 100 millones de dólares en impuestos que evitarán las carnes uruguayas al ingresar al mercado norteamericano. Omite decir quiénes se embolsarán ese dinero. ¿Los peones de estancia donde pastan las vacas o los obreros que trabajan en la industria frigorífica?
Serán los propietarios de las estancias y de los frigoríficos.
Igual que con las plantas de celulosa donde el gobierno habla de “intereses nacionales” para hacernos pensar que los intereses de las corporaciones papeleras son nuestros intereses, ahora dice lo mismo para inducirnos a pensar que las ganancias de los estancieros y de los industriales son nuestras ganancias. El crecimiento económico de estos años demuestra lo contrario. Hoy se produce el volumen de 1998 y nuestros salarios son 20-30% más bajos.
Pero este tema tiene otra cara oculta: el significado que tienen los TLCs. Robert Zoellick, secretario de Comercio de los Estados Unidos, decía hace poco que “los TLCs pueden ser más útiles que el FMI para conseguir que los países en desarrollo hagan reformas”. ¿Y qué quiere decir para él hacer reformas? Privatizar los servicios públicos y barrer los derechos sociales, que con tantas luchas nosotros hemos logrado mantener. Los TLCs tienen objetivos políticos.
Exigen anular toda protección de unos u otros sectores de la economía, y obligan a abrir al beneficio privado los servicios y las empresas públicas. El resultado es que los más poderosos de ambas partes, y en particular del país más poderoso, salen beneficiados al ampliar y triunfar en la competencia. Ya pasó en los 90s cuando surgió el Mercosur y gran parte de la granja y de la industria fueron barridas por sus homólogas argentinas y brasileñas.
Los TLCs representan la dictadura del mercado: de los empresarios globales y locales más poderosos. Y esto vale por igual para EEUU, China u otro país de América Latina.
Derrotar el plan del gobierno de firmar un TLC con Estados Unidos es defender los servicios públicos y los derechos sociales, los empleos y los salarios. Y por eso luchamos...