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Asamblea popular. Del discurso a la acción política Imprimir Correo
Por: el Administrador   
Junio 09, 2006
La acción nos volverá a distinguir en la política. Y no está mal pensar en este 27 de junio un día tan emblemático para la democracia.

Por: CX 36 RADIO CENTENARIO 8/6/06

Desde que se realizara la primer Asamblea Popular a fines del mes de abril, la experiencia ha continuado repitiéndose en los barrios de Montevideo y algunas localidades del interior.
De ciertos hechos que se repiten de manera más o menos constantes durante el desarrollo de las Asambleas, pueden considerarse parte de una síntesis inicial.

Hasta ahora el componente mayoritario de estas reuniones lo conforman los frenteamplistas decepcionados con el gobierno y en menor medida otros militantes de izquierda independientes.
Los primeros dicen no encontrar respuestas al interior de sus partidos a sus críticas y dudas con respecto a la política económica y social del gobierno progresista.
El segundo grupo de participantes casi siempre parte del criterio, de que aventajan a los primeros por no haber votado al Frente Amplio.

En razón de esta diferencia de criterio inicial surge un segundo punto de vista de vista al futuro.
Para los frenteamplistas el objetivo fundamental sigue siendo el intento de enderezar el rumbo de la política económica y social del gobierno progresista a favor del pueblo uruguayo.

En cambio los compañeros de izquierda que no votaron al Frente Amplio, y a partir de los magros resultados conocidos por todos, consideran imposible obtener otros resultados distintos a los actuales sin cambiar el gobierno.
Las asambleas cumplen en buena medida un papel sustitutivo del que deberían ejercer los Comités de Base hoy cerrados o inactivos en su gran mayoría.
Salvo que en su funcionamiento el peso principal está en manos de la militancia de base que es en definitiva la que crea su propia orgánica, define sus propios vínculos, mecanismos y formas de convocatoria y comunicación.

La nueva realidad es enormemente enriquecedora para aquellos militantes de izquierda que van en disposición de aprender y profundizar sus conocimientos junto a la gente que tiene la virtud de llevar los problemas del pueblo a ras del suelo.
Siempre escuchamos hablar del famoso “estado de ánimo de las masas”, en las asambleas se pueden apreciar sentimientos y ánimos que no siempre coinciden con el propio.
Y este descubrimiento es muy valioso para aquellos militantes y dirigentes de izquierda, que desean hacer política verdadera vinculada a los trabajadores y sectores populares.

Se nota también cierta incapacidad proveniente de las propias organizaciones políticas que desde la salida de la dictadura se han abocado casi exclusivamente a la lucha electoral. Aunque la asamblea popular aparezca con una forma diferente, el contenido que surge primero es el
discurso en procura de la acumulación de simpatías. Cuando el objetivo y el fin que atrae a la militancia es la búsqueda de un lugar genuino de participación real, de aporte, contribución y acción.

Reconocer en parte cierta incapacidad de orientarse en el nuevo trabajo, permitirá resolver correctamente el nuevo desafío.
Para muchos de quienes concurren a las asambleas populares también muchas cosas están cambiando. La intensificación de la crítica social y económica ya no en el ambiente reducido de la familia o los amigos va a ocasionar a partir de ahora una agudización del dilema del militante y la política.
Si las asambleas populares pasan a cumplir el papel que se necesita el militante inquieto por el aumento creciente de la miseria y la explotación de los uruguayos sin que nada cambie como se prometió, deberá enfrentarse a la decisión de meterse en el lío político o permanecer al margen.

Para los marxistas solo existe una opción y hacia ella debemos impulsar a la mayoría de los participantes en el sentido que no debe existir separación entre la teoría y la práctica. Y por lo cual la asamblea no es parte de una
terapia de grupo y por tanto no puede ser un sitio de contemplación de los problemas sino de acción.

En estos días aparecerán otros agrupamientos discrepantes con la política económica y social del gobierno progresista.
En esta posición está la diferencia con los no marxistas que expresan de igual manera su devoción a la verdad y en este momento están elaborando otra teoría opuesta a la del gobierno progresista a la que llaman y definen como “dentro del propio gobierno”.
Para ellos no hay otra opción la teoría y la verdad les impide formar parte o comprometerse con otro movimiento político que no sea el del gobierno actual.
Su sutil posición cuya evaluación evita pasar a la acción y sobre todo a la acción de masas por que siempre se pagara de alguna manera cierto tributo.

Aquí está la diferencia principal entre ellos y nosotros. No se trata de que se sea más o menos duros, más o menos apresurados, más o menos exigentes. La cuestión está nuevamente en quienes deciden participar en política y su buen juicio les advierte que no podrán atravesar el charco sin embarrarse los zapatos que tan escrupulosamente cuidan.

Son muchos de los que tratan de evitar romper el diálogo con la burguesía a pesar que continúen hablando y hasta escribiendo para los pobres.Ahí va a radicar nuestra diferencia con otras posiciones que surjan cuando se decide participar en política una vez que se está inmerso en ella siempre habrá que pagar un precio, la acción política colectiva terminará desencadenando pasiones y estas acarrearán sus consecuencias.

La acción política hace la diferencia nuevamente en esta etapa porque implica el movimiento físico la toma de decisiones. Y quienes se comprometen con esta política deberá tomar conciencia, en cualquier momento o de una manera u otra deberá definirse frente a las cosas de la vida.
Criticar desde la torre de marfil de las declaraciones o los discursos no detendrá sino que contribuirá a dar apariencia de diálogo y debate dentro de la izquierda cuando en realidad se trata de un pensamiento único. Es de alguna manera esquivar el bulto.

Estamos hoy ante uno de los principales dilemas de la política y que sus expresiones más comunes comienzan a aparecer hoy en las palabras de que “los políticos son todos iguales”.

¿Qué pasó hoy con el Frente Amplio y sus dirigentes?, se preguntan muchos de los que asisten a las asambleas.
En la política existen muchos factores imprevisibles, incluso hasta cuando la acción que se concibió en un principio para resolver los problemas de la pobreza, la explotación, el desempleo, la colonización, conlleva una serie de consecuencias imprevistas que anulan o terminan negando la acción original.

Esto nos ha pasado a los más de un millón de frenteamplistas.
Nuestra acción tuvo finalmente consecuencias imprevistas de la mano de Astori y Lepra que están anulando o negando nuestra acción original.
El resultado en cambio para los políticos progresistas en el gobierno que actúan en consecuencia de lo que ellos consideran como la forma más adecuada de acción, para después descubrir que por una serie de acontecimientos que escapan a su control, sus decisiones acarrearon consecuencias opuestas a los fines que ellos se trazaron en sus comienzos.

Lo trágico de los políticos progresistas es que comienzan a descubrir al fin de su jornada que sus actos los han llevado a la antítesis de lo prometido en sus comienzos.
De ahí las amenazas de renuncias de estos tiempos.

Las asambleas han tenido su comienzo barrial, un bautismo zonal.Por ahora, fuera del interés sectorial de los trabajadores y estudiantes que prefieren por ahora el camino de transformar al hombre desde fuera, transformando las instituciones que lo rodean.
Mientras se encuentran en pleno debate los temas de la Enseñanza y la Salud, ni una sola intención de realizar asambleas en esas direcciones se han producido.
Son solo algunas observaciones al pasar que, de tan ligeras posiblemente ni de considerarlas merezcan, menos cuando dentro de muy poco tiempo lo común será la crítica y el rechazo a las políticas económicas y sociales del gobierno progresista. Y lo raro pase a ser quienes les continúen prestando apoyo y respaldo y hasta que ya no haya quienes renuncien porque tampoco mantengan ciertos compromisos con sus electores.

La acción nos volverá a distinguir en la política. Y no está mal pensar en este 27 de junio un día tan emblemático para la democracia.Dispuestos a movilizarse, a caminar la calle, a manifestarse, a volver a unir el discurso con la práctica, la acción con la teoría, el compromiso con las consecuencias.
Por los caídos en la lucha, por los miles de presos y exilados la única reivindicación es la moral mucho más fuerte y necesaria que cualquier dinero o reparación material.

Hay que tomar la calle el 27 de junio contra los dictadores, contra la rosca financiera, contra el imperialismo norteamericano, contra el terrorismo de estado.

Contra la impunidad y por la justicia.
Última actualización ( Junio 09, 2006 )

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