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Dancotex. Pocos hilos para destejer un conflicto |
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Por: el Administrador
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Junio 09, 2006 |
Este enfrentamiento entre capital y trabajo pone en el centro del debate los alcances del derecho de propiedad. Pero luego de varias negociaciones el conflicto está estancado y cada vez son menos los caminos que se avizoran para lograr una salida que contemple a todas las partes implicadas.
Por:Daniel Erosa Brecha 9/6/06
El pasado viernes 2 de junio los trabajadores de la empresa Dancotex anunciaron que no dejarían sacar “ni un tornillo” de la fábrica, en oposición al fallo judicial que habilitaba al empresario Daniel Soloducho a retirar maquinaria de la planta de Montevideo. En consecuencia, la jueza Nanci Corrales decidió dejar en suspenso su decisión y darle paso a la justicia penal por presunto “desacato”. Por su parte, la jueza penal Gabriela Merialdo archivó las actuaciones abiertas rechazando la “hipótesis de desacato” de parte de los trabajadores de la textil y de la dirigencia del PIT-CNT, ya que no hubo “oposición física y real” y la propia jueza laboral desestimó el uso de la fuerza pública para concretar la medida. A partir de ese momento, si bien las partes en litigio han realizado diferentes movimientos, el conflicto quedó estancado y nadie parece saber muy bien cómo salir. Los representantes de la firma presentaron un escrito ante el juzgado laboral, solicitando que se dé cumplimiento al retiro de las ocho máquinas, y el PIT-CNT inició una apelación donde solicita se revea la medida. La jueza debe decidir si revisa la medida o si la mantiene y fija una nueva fecha de actuación. En ese caso la justicia actuaría por sorpresa. Si bien en el portón de la calle Veracierto todavía hay un cartel que dice “No al cierre”, cada vez es más angosto el camino para llegar a una solución. Los trabajadores proponen salidas negociadas junto al Ministerio de Trabajo, pero el empresario rechaza el diálogo hasta que no se haga efectiva la decisión judicial de entregarle las máquinas. Según dijo a BRECHA Miguel Olivera, delegado del sindicato de Dancotex, “sin ir en contra de la justicia, discrepamos. A nadie se le puede ocurrir que la misma jueza a la que le planteamos un embargo de las máquinas para proteger nuestros derechos laborales, pueda luego de reunirse con abogados de la empresa y de acuerdo a un papel membretado, donde había una lista hecha por el empresario, nombrarlo como depositario de las máquinas”. Para el PIT-CNT la jueza Corrales “se extralimitó en sus funciones” y con su decisión “desmantelará” la planta dejando a los trabajadores en una situación muy complicada. Juan Castillo dijo a BRECHA que “nunca vi un fallo de la justicia donde se le otorga al empresario cuestionado la custodia y garantía de las máquinas prendadas por los trabajadores argumentando que está en riesgo la fuente laboral de 174 trabajadores de Colonia. A la jueza nadie le pidió opinión política y ese es un argumento político”. “La jueza nos dijo que pensáramos en las fuentes de trabajo de los obreros de Colonia, y resulta que nosotros hace cuatro meses que estamos sin trabajo, ¿quién se preocupa por nosotros?”, se pregunta Olivera. BRECHA consultó al abogado Helios Sarthou sobre las actuaciones judiciales. Para este jurista “el conflicto está planteado entre el derecho de propiedad y la resistencia al derecho de propiedad. Cuando hay un paso previo, que es la alteración del contrato de trabajo. No se podían sacar las máquinas sin resolver el problema contractual. Las máquinas están insertas en un contrato y están afectadas al uso global de la fábrica. El derecho a la propiedad en este caso está limitado o condicionado por el contrato laboral y por el derecho al trabajo. En mi opinión se puede plantear a la jueza una medida de no innovar y plantearle un amparo por dos normas constitucionales fundamentales, el derecho al debido proceso y la protección al trabajo”. Sarthou opina que “filosóficamente esta situación plantea el conflicto entre capital y trabajo. Los trabajadores ponen la fuerza laboral y el empresario el capital. Hay autores que plantean que las empresas no son estrictamente sólo del propietario. Es de alguna manera una propiedad mixta del trabajo y del capital”. BUSCANDO UNA SALIDA. El martes 6, después de casi dos horas de reunión entre el PIT-CNT y el ministro interino de Trabajo, Jorge Bruni, se acordó extremar las medidas para encontrar una “solución negociada”. Se planteó formar una comisión tripartita que involucre a trabajadores, empresario y gobierno para monitorear el funcionamiento de la empresa y trabajar para mejorar la eficiencia y rentabilidad si ese es el problema. “Pero Soloducho contesta que no”, aseguró Castillo. Otro de los planteos fue retomar una propuesta que sugería la reapertura de la fábrica hasta fin de año, asegurando 200 puestos de trabajo. Y achicar así 100 plazas laborales: 40 acordarían el cobro del despido y 60 aceptarían irse a Colonia, como plantea el empresario, con estabilidad laboral garantizada. En este caso el gobierno contribuiría haciéndose cargo del traslado de los trabajadores. Soloducho descarta de plano la posibilidad de reabrir, según dijo: “Hace tres meses no lo podía hacer porque no daban las cuentas. Pero ahora menos, cuando no he entregado las muestras a los clientes. Es imposible que pueda poner en funcionamiento la planta de Montevideo”. El empresario no se opone a que los obreros formen una cooperativa y le alquilen las máquinas “que yo no preciso”. Tal posibilidad es descabellada, según los trabajadores. Olivera afirmó que Soloducho “quiere todo el hilado, la materia prima y las máquinas para hacer muestras y las que hacen la mezcla de la seda y lana. Quiere todos los caballitos de batalla. Quiere la columna vertebral de la fábrica”. Para Castillo “Soloducho dejó de estar preocupado por cualquier ámbito de negociación a partir del fallo judicial. Ahora está esperando y moviendo sus fichas para que la jueza ejecute”. El empresario se negó expresamente a participar en mesas de negociación hasta que se cumpla la decisión de la justicia. “No tiene ningún sentido negociar si no se respeta el Estado de derecho”, aclaró. Olivera opina que si bien “desde el punto de vista estrictamente empresarial es entendible lo que plantea Soloducho, hay otros aspectos por los que tenemos que luchar hasta el último día. Hay compañeras que les faltan tres, cuatro años para jubilarse, ¿a dónde van a ir a laburar? Los gurises que se queden sin trabajo ¿a dónde van a ir?, ¿van a ser más guachos en la esquina tomando vino? Él, si quiere, puede llevarse las máquinas y al unificar los costos, ganar más. Pero para nosotros no es un tema de querer o no querer. Los números no nos dan. El promedio gana 25 pesos la hora”. VIABLE SÍ, VIABLE NO. El empresario ha argumentado que si permanece abierta la fábrica de Montevideo iría directo al cierre, y la pérdida de plazas de trabajo sería total. Pero según los trabajadores, ese escenario no ha sido demostrado cabalmente. Para Castillo, “Soloducho presentó números muy entreverados, incomprensibles. No ha podido justificar el problema de rentabilidad. Y si ese fuera el problema, nosotros queremos ayudar: no queremos un empresario menos. No queremos un Soloducho muerto. Tampoco queremos otra fábrica cerrada. Pero lo que menos queremos es tener 300 trabajadores en la calle”. Olivera cuenta que el empresario dijo en febrero pasado, antes del conflicto, “que facturaba en Montevideo 12 millones de dólares anuales. Hace tres domingos en un reportaje en el diario El País, dijo que gracias a Montevideo compró Colonia. No parece entonces que la empresa no sea viable. Incluso echaron a una contadora porque se le escapó decirnos que facturaron 17 millones de dólares y que el salario insumía sólo el 8 por ciento del presupuesto. No creo que la fábrica dé pérdidas. Según nuestros cálculos, es rentable”. Este dirigente sindical asegura que “generar un puesto de trabajo cuesta un triunfo” y por eso “estamos abiertos a la negociación. El que desecha las alternativas que se abren es el empresario”. Olivera explica que los esfuerzos realizados por los trabajadores en la empresa no son nuevos y que la rentabilidad habría que sostenerla también desde otros puntos y no sólo achicando fuentes laborales: “Nosotros tuvimos siete años sin aumento de salario. Incluso aceptamos una rebaja porque el trabajo no abunda en el gremio textil, pero de los mandos medios para arriba se llevan la misma cantidad de plata que los 300 obreros juntos. Hay sueldos de 5 mil y 8 mil dólares”. Para Olivera lo que hay en el fondo “es que Colonia no puede absorber 300 personas, no hay cabida, no hay vivienda. Nos llamaba el jefe de personal y nos preguntaba: ¿Vas a ir a Colonia? Vos le preguntabas las condiciones y te decía: Te reconocen la antigüedad y la categoría, pero de la fábrica para afuera, arreglate como puedas. La jugada era que muchos le dijeran que no y les pagaba el despido en cómodas cuotas”. |
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Última actualización ( Junio 09, 2006 )
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