SI ABRÍS LA BOLSA DE PANDORA, DESPUÉS NO TE QUEJES. El gobierno pidió inversión extranjera y la inversión extranjera vino. Ahora, hay quienes se quejan porque esos capitales no vinieron para aquí para construir grandes industrias generadoras de miles de puestos de trabajo de calidad sino para obtener la máxima ganancia con la menor inversión en el menor tiempo posible.
¿De qué se quejan? ¿Qué se creían? Cuando uno le abre las puertas al Capital, el Capital es el que decide lo que le conviene. Y en este momento lo que le conviene es la industria forestal, los monocultivos energéticos, la industria frigorífica, el arroz, los alimentos, las gasolineras.
En silencio y con la aquiescencia de todos, la extranjerización de la tierra ha venido avanzado al galope en las últimas décadas. Cuando hace años el senador Carlos Julio Pereyra presentó un proyecto para impedirla, sus colegas blancos y colorados lo miraron como un bicho raro. Desde hace dos años y medio se supone que están los votos para aprobar el proyecto de Pereyra. Sin embargo, su proyecto sigue durmiendo en un cajón.
La mayoría de los cultivos de soja y de los frigoríficos aquí establecidos, ya son extranjeros. Lo mismo pasa con la única cervecería del país, y el mercado de los alimentos panificados va en esa misma dirección. En lo atinente a la industria forestal, a Botnia y Ence, se le sumó Stora Enso y ahora se anuncia la construcción de dos nuevas plantas (una japonesa y otra portuguesa). El asunto no es sólo que los gobiernos precedentes dejaron un paquete de leyes estratégicas para permitir esto, sino que además el gobierno actual no hace nada para impedirlo, ya que en su seno hay quienes insisten en que la inversión extranjera es la panacea para todos nuestros males.
Demostrando una vez más que el Frente Amplio no es más que una coalición coyuntural, desde el gobierno se envían mensajes equívocos. Ante esta preocupante situación, que no sólo atañe a la economía sino también a la soberanía misma del país, éstos protestan, aquellos aplauden, y los otros chiflan mirando para arriba. Mientras tanto, los capitales extranjeros -respetando siempre las leyes del capitalismo- siguen viniendo a invertir en lo que les parece. Y sí, cuando el que manda es el mercado, pasan estas cosas.
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