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Esta semana pasada se supo de otro acto fallido de la burocracia de los EE.UU. que no otorgó -de manera inmediata- una visa de ingreso al diputado Luis Rosadilla, otrora integrante del MLN-Tupamaros.
En efecto, el legislador integra una delegación que verificará en territorio haitiano la necesidad de prolongar o no la presencia de militares uruguayos allí. Para llegar a Haití, el trayecto elegido incluía una parada técnica en Miami, de allí la necesidad de la visa. La situación dio para situaciones propias de una esquizofrenia política. Por un lado el diputado que dice que no le importa el tema, pero a la vez igual plantea una cuestión de fueros en su Cámara mancillado por la omisión imperialista. En la Cámara de Representantes la oposición conservadora de derecha plantea una declaración de condena más dura para EE.UU. que la planteada por la propia bancada oficialista del Frente Amplio. Rosadilla, se mostró satisfecho ya que dijo esto era para él un galardón por su actitud antiimperialista.
La burocracia imperial eligió mal a la hora de demorarse. De pasado guerrillero, Rosadilla está lejos de ser hoy una figura emblemática del anti imperialismo. Junto a buena parte del Frente Amplio borró rápidamente con su codo lo que miles de manos escribieron durante décadas. En efecto, la izquierda gobernante votó la participación de militares uruguayos en las maniobras Unitas, algo que históricamente había rechazado. Igualmente votó a favor de enviar tropas a Haití, a lo que se había negado cuando era oposición. La izquierda gobernante promueve hoy la instalación de plantas de celulosa que cuestionaba duramente cuando era oposición. Siendo gobierno, el Frente Amplio aprobó un Tratado de Protección de Inversiones con EE.UU. que jamás hubiera apoyado de ser fiel a su historia y su ética. Rosadilla fue un claro defensor de todas estas genuflexiones. También se transformó en un firme defensor de la aceptación de dinero sucio, manchado de sangre, enviado por el Comando Sur de los Estados Unidos para la construcción de una policlínica en el barrio montevideano de Santa Catalina. El mismo ejército que bombardeó y masacró hospitales en Afganistán, Irak y otros países, los mismos militares que ordenaron y ejecutaron la tortura, la muerte y el horror, ahora tenían un gesto "humanitario" con Uruguay.
El gobierno de izquierda aceptó los dólares de quienes hoy tienen cárceles clandestinas y campos de torturas diseminados en el mundo. Con el mismo criterio se podrían recibir donaciones del narcotráfico, de los tratantes de blancas, de los explotadores sexuales de niños, etc., etc. Esta pérdida de la dignidad nacional encontró en el diputado Rosadilla a un defensor. Como si fuera poco, estuvo unos pocos días en Cuba y esas pocas horas le bastaron para, a su retorno, ser un implacable crítico de la Revolución. Las declaraciones de Rosadilla sobre la isla fueron hechas, además, en uno de los medios más representativos de la derecha uruguaya, el semanario Búsqueda. Allí el diputado se despachó con tal contundencia, que todos los diarios de la derecha internacional y, principalmente, los medios de la mafia cubana radicada en Estados Unidos, reprodujeron la nota y las declaraciones. Un guerrillero de izquierda criticaba a Cuba!, celebraban los gusanos. Por eso la burocracia imperialista se equivocó. Si la visa le hubiera sido dada inmediatamente, seguramente en la parada técnica en Miami, Rosadilla habría recibido el emocionado homenaje de la mafia cubana allí residente.
AL FONDO, A LA DERECHA
Caído el mundo del "socialismo real" el impacto fue muy duro hasta para quienes lo criticaron. En el debate ideológico y cultural, el avance del neoliberalismo fue gigantesco, tanto que se coló en la cabeza de muchos militantes de la izquierda que, sintiéndose desguarnecidos, ser olvidaron de la razón de su lucha. Sobre la base de "el mundo cambió" (vaya novedad!), asumieron como propios diversos argumentos del capitalismo. Como lo hacía la derecha, cuando alguien habla de revolución, ellos dicen: "ahhhh... son nostálgicos, se quedaron en el tiempo...". Es como si los hubiera invadido un Virus de Inmuno-Deficiencia Ideológica, con la paulatina destrucción de su sistema de referencias y valores.
En este marco, el ex guerrillero Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros sufrió esta semana un nuevo desprendimiento. Renunció al él, Eleuterio Fernández Huidobro, una de sus figuras más potentes. Junto al diputado Luis Rosadilla y la diputada Nora Castro, conformó un nuevo sub-sector: Corriente de Acción y Pensamiento Libertad (CAP-L). La nueva formación resolvió seguir dentro del marco del Movimiento de Participación Popular, cuya figura más emblemática es la del tupamaro José Mujica, ministro de Ganadería. Dejaron de ser Tupamaros pero no se animaron a quedar a la intemperie; seguramente por si mismos, ninguno de los integrantes del CAP-L tiene una significativa convocatoria ciudadana. Es más seguro seguir "colgados" de la seducción, el carisma y el poder de comunicación de Mujica. Fernández Huidobro, junto con otros integrantes de la izquierda, viene sufriendo una metamorfosis desde la asunción de la izquierda en el gobierno.
Muchas cosas que hasta ayer se condenaban, ahora pasaron a ser aceptables y hasta deseables. Bastó un triunfo electoral para ver el mundo de otra manera. El ex tupamaro es un excelente escritor, ducho en un fino estilo irónico; pero ahora su humor corrosivo está dirigido cada vez más contra otros integrantes de la izquierda, que contra la derecha. Tuvo, además, algunas penosas intervenciones en la Cámara de Senadores con contenidos propios de la derecha más reaccionaria. Así la emprendió, por ejemplo, contra las organizaciones defensoras del medio ambiente de Uruguay, a las que descalificó ridiculizándolas ofensivamente. Es duro argumentar a favor de aquello que hasta ayer condené. Mucho más cuando tengo enfrente una derecha que se deleita con la ajena contradicción. El Movimiento de Participación Popular es el sector mayoritario del gobernante Frente Amplio. Y el MLN-T es su núcleo fundamental.
Queda abierta la expectativa de saber como incidirá este desgajamiento en la globalidad frenteamplista. El proceso político uruguayo, con el Frente Amplio en el gobierno, sigue en una encrucijada: o se encamina a cambios más profundos con una perspectiva socialista y revolucionaria, o se conforma con ser un administrador más humano del capitalismo cada vez más salvaje. Las fuerzas se están alineando. El caso de Fernández Huidobro es un ejemplo. Por su poder electoral, el MPP tiene la responsabilidad de definir esta pulseada. Pero a no olvidar: más allá de líderes y sectores, este partido lo debe jugar la gente, involucrándose, participando, abriendo espacios si no los hay. No dejar que otros hagan o decidan. Haciendo y decidiendo, es la gente la que debe marcar el rumbo.
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