El gobierno convocó una nueva ronda de Consejos de Salarios y arrancó por la “derecha”. Marcó la cancha con una pauta de buen gusto para las patronales. No obstante, los trabajadores nos reorganizamos y junto con ésta daremos varias otras batallas.
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Número 53 - junio 2006
Desde comienzos del año las cámaras empresariales expresaron que debían limitarse los aumentos salariales para “no frenar el crecimiento” y “no provocar presiones inflacionarias”.
La pauta ministerial de homologar solamente aquellos convenios que incluyan una recuperación salarial de 3,5 a 5,5 por ciento no hace más que corroborar que los planteos patronales han tenido eco.
Más aún si consideramos otro aspecto de la pauta del gobierno, y es que los convenios tengan vigencia por 18 meses, con lo que la siguiente ronda de negociaciones coincidiría con las fiestas de 2007 y el inicio del verano, dificultando la movilización de los sindicatos.
Un único aspecto parece molestar a las cámaras empresariales y es el posible aumento del salario mínimo de $ 2.600 a $ 3.000, lo cual muestra que por detrás de la resistencia patronal a mayores salarios no están más que sus voraces beneficios.
Para nosotros, la meta debe seguir siendo un salario mínimo de $ 5.800.(+)
Pero el movimiento sindical tiene por delante más objetivos que los directamente salariales.
En primer lugar, la recategorización de todos los trabajadores. Las evaluaciones que dieron lugar a las categorías laborales vigentes datan de 20 y 30 años atrás y poco tienen que ver con las tareas actuales. Los empresarios se aprovechan de este hecho para asignar las categorías laborales de manera discrecional y así pagar salarios más bajos de lo debido. Por lo que una nueva categorización significaría también aumentos salariales para muchos.
En segundo lugar, es fundamental mejorar las condiciones de trabajo. El incremento del desempleo y la flexibilidad laboral no sólo hizo posible que las empresas bajaran los salarios hasta los niveles actuales.
Tan importante como esto, posibilitó que nos impusieran horarios variables, nos quitaran descansos, arriesgaran nuestra seguridad y tantas otras cosas. Pues bien, es clave también modificar esta realidad.
Pero para todo esto es necesario que los trabajadores continuemos ampliando y fortaleciendo nuestras organizaciones en cada rama y en cada taller, fábrica, negocio u oficina.
Debemos formalizar la constitución de comités, comisiones o núcleos de base en cada lugar de trabajo, y elegir como delegados a aquellos que pueden liderar de manera combativa la lucha por mejoras y por fortalecer nuestros sindicatos.
Hay que llevar más lejos el proceso por el que unos 75.000 nuevos trabajadores se afiliaron a nuestra central obrera, y por el que surgieron unos 300 sindicatos de empresa en todo el país. Y con estos nuevos compañeros y compañeras es preciso empezar a debatir qué herramientas nos daremos para conquistar una vida realmente mejor para todos.
Las redes familiares y sociales que permitieron sostener huelgas extensas en el pasado ya no existen, por lo que debemos empezar a crear fondos de huelga que nos permitan mantener a nuestras familias cuando salgamos a luchar. Durante estos dos años miles de trabajadores salieron a pelear por recuperar derechos, salarios y sindicatos.
Fruto de esta lucha hoy hay una Ley de fueros sindicales, que sin ser suficiente, da confianza a mayor número de trabajadores para organizarse.
En la lucha de clases no hay lugar para el equilibrio. O se avanza o se retrocede. Y todo está para que avancemos.
(+) El Salario Mínimo Nacional fue establecido por ley en 1970. Si actualizamos la cifra de aquel año manteniendo su valor de compra, ésta sería hoy $ 5.800. La distancia entre dicha cifra y los $ 2.600 actuales da idea de la rebaja salarial sufrida.