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Por: Guillermo Waksman (Brecha, 13/4/07)   
Abril 17, 2007
El difícil encuentro en Madrid. A pesar de que el canciller argentino habla de un encuentro con "agenda abierta", las posiciones con las que llegan ambos países a Madrid no permiten aventurar un resultado promisorio de la facilitación española. Entre el miércoles 18 y el viernes 20 tendrán lugar en Madrid las primeras conversaciones entre el embajador Juan Antonio Yáñez Barnuevo, designado a esos efectos por el rey Juan Carlos I, y los representantes de Argentina y Uruguay con miras a facilitar el diálogo entre ambos países. Los antecedentes parecen darle la razón al escepticismo del presidente uruguayo sobre los resultados de esta gestión: si el planteo de Argentina sigue siendo la relocalización de la planta de Botnia, "mi expectativa es muy pobre".
Los planteos de ambos gobiernos son, en efecto, inconciliables y no permiten imaginar un punto intermedio aceptable para ambas partes. Argentina sostiene que la planta de Botnia debe ser relocalizada y que el Estatuto del Río Uruguay tiene que ser estrictamente respetado. Uruguay insiste en que la planta de Botnia no se moverá y en que se trata de una cuestión de soberanía -ya que el Estatuto no otorga un derecho de veto a la otra parte-, y ofrece el monitoreo conjunto del funcionamiento de la planta, tal como acordaron los dos presidentes el 5 de mayo de 2005. En opinión de las autoridades uruguayas, si hubo alguna omisión en el cumplimiento estricto de las disposiciones del Estatuto, ella quedó subsanada en ese encuentro entre los presidentes y en el que mantuvieron los entonces cancilleres Rafael Bielsa y Didier Opertti. Además, Uruguay reitera que mientras se siga impidiendo el libre tránsito por los puentes no habrá negociación (aunque sí diálogo).
Queda por despejar una incógnita que podría ser decisiva: la actitud de dos actores que no estarán sentados en la mesa, pero que hace un par de meses conversaron con Yáñez Barnuevo en Helsinski: el gobierno de Finlandia y las autoridades de Botnia.
TENSIÓN CRECIENTE
Las conversaciones de Madrid, por otra parte, se llevarán a cabo en el peor momento del conflicto: a escasos seis meses de la fecha prevista para la entrada en operaciones de Botnia y cuando la movilización de los miembros de las asambleas de Entre Ríos alcanzó su mayor intensidad. Al terminar la Semana de Turismo, ya no habrá cortes simultáneos de los tres puentes, pero el levantamiento de la medida se dio de diferente manera, confirmando una vez más la distintas condiciones de la movilización en cada ciudad: en Gualeguaychú continuará el bloqueo permanente; en Colón será intermitente (unas seis horas por día); y en Concordia, en principio, no habrá interrupción del tránsito con Salto.
Pero el aumento de la tensión no se mide sólo por el bloqueo del acceso a los puentes. Las movilizaciones se trasladan a Buenos Aires, los enfrentamientos se dirigen también al gobierno argentino y los reproches duelen más a medida que se acercan las elecciones, que los Kirchner -todavía no está claro si Néstor o Cristina- quieren ganar. Las declaraciones -simples palabras y no hechos- suben de tono y se vuelven amenazas, algunas veladas y otras no tanto: "quién sabe hasta cuándo podremos contener a la gente", "un grupo de carapintadas nos ha ofrecido ayuda para tirar abajo Botnia", "podemos ir 10 mil, cada uno con un martillo, y aunque maten a 50 o 100, echar abajo la planta como fue derribado, pacíficamente, el muro de Berlín".
La perspectiva inmediata tampoco es tranquilizadora: el domingo 29, en conmemoración del segundo aniversario del "abrazo del puente", la propuesta es llevar unas 150 mil personas al puente y el ingeniero que hace 30 años lo proyectó y construyó, Alberto Ponce Delgado, advirtió que la obra puede caerse si tal multitud se pone a saltar al mismo tiempo, o simplemente se acumula en una sola de las vías (El País, domingo 8).
Otra víctima del recalentamiento del clima en Entre Ríos fue el embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Meyer, quien advirtió que seguirán "subiendo de tono" las provocaciones de los activistas y pidió no darle trascendencia a lo que definió como una "minoría" en su país. Y agregó: "No puedo más que deplorar cualquier manifestación, provenga de donde provenga, que no ayude a construir un clima de concordia" (radio El Espectador, lunes 9). Las respuestas desde Gualeguaychú no se hicieron esperar. El diputado provincial Osvaldo Fernández calificó al diplomático como "un inoperante que nunca nos ayudó: siempre ha estado tratando de desmovilizar al pueblo de Gualeguaychú y fue uno de los principales laderos del ex canciller Bielsa, uno de los más grandes mentirosos en esta historia de las papeleras". Agregó que "juntos han sido cómplices de la estrategia de Kirchner que pretende disolver nuestra lucha. Patiño actúa como los vendidos, porque en lugar de defender a los ciudadanos argentinos que luchan en defensa del medio ambiente, la vida y la salud, adopta los términos y las descalificaciones del gobierno uruguayo y de Botnia para atacarnos" (radio Máxima, martes 10).
En general las autoridades de los dos países tratan de bajar el perfil de las declaraciones amenazantes de los militantes de Gualeguaychú, pero el subsecretario de Defensa uruguayo, José Bayardi, admitió el miércoles 11 que hay contactos entre los servicios de inteligencia y las prefecturas de ambos países para vigilar las actividades de los militantes de Gualeguaychú. Sostuvo que si bien lo más probable es que no se pase de las palabras, es necesario evaluar cada una de las declaraciones y la posibilidad de que alguna de las amenazas pudiera concretarse.
OPORTUNIDADES PERDIDAS
Hubo, desde que se desencadenó el conflicto, tres momentos propicios para un diálogo entre Argentina y Uruguay, pero se desaprovecharon.
El primero, la asunción de Tabaré Vázquez como presidente. Las relaciones con Kirchner eran óptimas y el gobierno argentino no estaba tan presionado por los vecinos de Entre Ríos. Por otra parte, como heredero de una política forestal que no era la suya, podía negociar con Botnia y ence la relocalización de sus plantas cuando las obras ni siquiera habían comenzado y el costo era mínimo. No se hizo porque el gobierno uruguayo, el argentino y las trasnacionales de la celulosa no imaginaron en ese momento la dimensión del conflicto que se les venía encima.
El segundo momento fue en marzo de 2006, cuando los dos presidentes pidieron desde Chile a los ambientalistas que levantaran los cortes y a Botnia y ence que detuvieran las obras por 90 días, para efectuar un estudio de impacto ambiental. Los bloqueos se levantaron y ence, que en rigor no había empezado las obras, aceptó su postergación. Las autoridades uruguayas de Botnia dieron a entender que también se allanaban a la propuesta, pero a último momento llegó la contraorden de Helsinki.
Finalmente, como lo propuso Roberto Lavagna, ex ministro de Kirchner y hoy candidato presidencial opositor, en la segunda mitad del año pasado pudo aprovecharse el entonces inminente retiro de ence de Fray Bentos, que eliminaba la acumulación de la contaminación, y añadirse un procedimiento eficaz de monitoreo de Botnia para encontrar una fórmula aceptable para ambas partes.
Última actualización ( Abril 17, 2007 )


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