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La otra memoria |
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Por: el Administrador
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Mayo 20, 2006 |
Durante todos estos años la violación de los derechos humanos ha sido justificada una y otra vez por la institución militar. Pero la reciente extradición de militares comienza a desarticular su discurso como grupo, lo que promete en el ámbito castrense novedades y algunas reformulaciones.
Las Fuerzas Armadas y su versión de la historia
Por:Mariana Achugar* Brecha 19/5/06
A 33 años del golpe de Estado y 21 años del restablecimiento de la democracia, el debate sobre cómo interpretar las acciones de las Fuerzas Armadas durante el período de la dictadura (1973-1984) sigue vigente. El nudo de esta discusión son las responsabilidades por las violaciones a los derechos humanos durante el período 1973-1984, hoy marcado por los requerimientos de la justicia internacional (Chile y Argentina) y por los gestos políticos del nuevo gobierno (búsqueda de restos de desaparecidos, derogación del acto oficial del 14 de abril, extradición de militares a Chile). En este contexto las Fuerzas Armadas tratan de construir y reconstruir su memoria sobre el período debido a objetivos políticos presentes y en función de su futuro papel en la sociedad. LOS GUARDIANES DE LA PATRIA La narrativa de los militares uruguayos se basa en argumentos históricos, legales y morales, al igual que la de la mayoría de las fuerzas armadas involucradas en violaciones a los derechos humanos en las dictaduras latinoamericanas de los setenta.** Argumentan que la patria estaba en peligro por amenazas provenientes de fuerzas externas (el marxismo) y sus aliados internos (“los subversivos”), por lo que las Fuerzas Armadas (“guardianes de la patria”) debieron actuar en su defensa. Esta lucha, señalan, estaría inscrita en el ámbito legal al ser requerida por los gobiernos legítimamente elegidos y de acuerdo a lo prescrito por la Constitución. El “estado de guerra interno” vuelve inadecuado o imposible enjuiciar las acciones de la institución durante estos años. Esta narrativa aparece luego del golpe como manera de interpretar y justificar el ejercicio del poder durante la dictadura y más tarde para construir una imagen “aceptable” o “legal” de la institución. En el caso de Uruguay su difusión se hizo a través de textos como Testimonio de una nación agredida, Las Fuerzas Armadas al pueblo oriental y campañas publicitarias de la Dinarp. Actualmente, esta visión se difunde mediante discursos oficiales y no oficiales, conmemoraciones (los 14 de abril) y publicaciones como la revista El Soldado. La narrativa militar uruguaya usa algunas metáforas (se equipara cuerpo y nación, guerra y enfermedad) que no son nuevas u originales (existen desde el siglo xix), pero por ser familiares pueden aparecer como naturalizadas y aceptables para representar el contexto del golpe. Asimismo, esta estrategia permite la representación del otro como desviado o anormal (“sediciosos”, subversivos”, “extremistas”), lo que autorizaría a tratarlo en forma diferente a aquellos que pertenecen a nuestro propio grupo. A su vez la idea de guerra permite trasladar la responsabilidad al otro y presentar las acciones de las Fuerzas Armadas como una reacción autodefensiva ante su ataque. En 1976 la Junta de Comandantes en Jefe decía: “Frente a la agresión subversiva, que constituye una enfermedad de la nación uruguaya, debe concluirse que el primer papel de la defensa es, y será siempre, el de proteger las bases fundamentales de la sociedad, construidas y ratificadas por el pueblo, contra las perturbaciones que puedan amenazarlas, porque las enfermedades del cuerpo social son como las de los seres humanos: es menester prevenirlas y atacarlas cuando se manifiestan. La amenaza más grave contra el cuerpo de la nación es el peligro de intrusión de ideologías extrañas a la mentalidad popular que, basándose en el poder, sea mental o económico, de sus adherentes, pretende propiciar y justificar la destrucción total de lo existente como precio de un mañana utópico nunca bien definido. El pueblo debe entonces asumir la responsabilidad de su propia defensa para desenmascarar y destruir las múltiples formas de tal clase de agresiones”. Y en 2003 el general Carlos Daners afirmaba: “Cuando oímos que nunca más deberían repetirse los hechos del pasado aseveramos en tono enfático que compartimos y anhelamos que nunca más se repitan. Pero también decimos que no vuelvan nunca más aquellos que distorsionaron con fines espurios los hechos; que no vuelvan nunca más los que apuestan al desencuentro, la violencia y la confrontación; que nunca más se pretenda implantar teorías importadas basadas en la violencia, tan ajenas a nuestro estilo de vida. Porque si ello sucediera, encontrarán a todos los orientales, sin distinción de clase o condición, cerrando filas, procurando que hechos similares del pasado no vuelvan a repetirse, ni en su génesis y causas, ni tampoco en sus efectos y consecuencias”. Estos ejemplos confirman que existe una continuidad en el discurso militar y que se busca construir una narrativa “oficial” sobre las violaciones a los derechos humanos mediante la recontextualización de metáforas y argumentos producidos durante la dictadura, que funcionan como base para la argumentación institucional contemporánea. Además, para evadir la responsabilidad, la institución evita mencionar directamente a los actores involucrados en los hechos, apareciendo como un “agente” responsable sólo para preservar las normas éticas y legales. En esta versión las Fuerzas Armadas se vuelven un actor secundario que responde a los acontecimientos acompañando a la autoridad legal. Dos ejemplos posibles: “Hoy en día se nos ataca, se nos pretende ofender, se nos incriminan hechos ya laudados” (El Soldado, mayo-julio de 1996). “No deseamos ni admitimos ser pisoteados como estamos pisoteados (sic) en este momento”(general retirado Iván Paulós, La República 15-IV-06). Pero también estas declaraciones permiten registrar algunos cambios. En los comentarios de 1996, el que acusa a la institución aparece como alguien que no pertenece o que no acepta la realidad (“los hechos ya laudados”); en cambio en el discurso de 2006 se presenta a ésta como víctima de un grupo que abusa de su poder (“estamos pisoteados”). Transformación que revela un cambio en la coyuntura política, un nuevo balance de poderes entre la institución y sus opositores. Hoy los opositores tienen más poder político y el apoyo del contexto internacional, por lo que la narrativa militar es cuestionada no por un grupo de “desviados” sino por una comunidad con “legitimidad institucional”. La aparición de este nuevo universo simbólico amenaza la narrativa hegemónica militar porque demuestra que su interpretación no es inevitable. Por ello se apela a la reconciliación y al futuro común de la nación en vez de revisar el pasado, si bien se sigue justificando lo hecho al considerarlo dentro de las normas de derecho. Las Fuerzas Armadas han actuado como “estamento”*** desde la dictadura hasta el presente, manteniendo su unidad. La identidad de la institución es construida internamente como una “familia” y externamente en tanto “orientales” (auténticos miembros de la nación). Hasta ahora la institución –salvo excepciones, como Jorge Tróccoli y Óscar Pereira, por razones distintas– había respondido en tanto grupo. La crisis actual de las extradiciones es la primera que pone caras en juego y desarticula en cierta medida la actuación de los militares como estamento. Será interesante observar cómo se responde a esta nueva situación política. Seguramente la narrativa hegemónica está siendo reformulada para poder dar sentido a la prisión y juicio de algunos de sus miembros. La respuesta de las autoridades castrenses ante los reclamos de la justicia internacional y la falta de protección del gobierno está generando una reafirmación: “No extraditar orientales”. A diferencia de Argentina, en donde la institución castrense asumió responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos y el Estado y la justicia han apoyado la investigación de estos eventos, inclusive realizando una conmemoración del día del golpe (24 de marzo de 1976), en el caso uruguayo ni la institución ni el Estado han encontrado una manera de asumir su pasado traumático.
* Mariana Achugar escribió su tesis doctoral sobre la construcción de la memoria en el discurso militar uruguayo sobre la dictadura en la Universidad de California, Davis. Actualmente es profesora en la Universidad Carnegie Mellon en Estados Unidos. ** Loveman, Brian (1999), Por la patria. Politics and The Armed Forces in Latin America. Wilmington, sr Books. *** Quijano, Carlos (1989), Los golpes de Estado. República Oriental del Uruguay, Cámara de Representantes. |
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Última actualización ( Mayo 20, 2006 )
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