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AL RITMO DE TOCACHE Imprimir Correo
Por: Por GUSTAVO ESPINOZA M. (*)   
Marzo 18, 2007
Los hechos demuestran que no es por la vía de la violencia que se habrá de resolver en el Perú el problema del cultivo de la hoja de Coca.

Finalmente, y contra lo que muchos esperaban el gobierno terminó bailando al ritmo de Tocache.

Los pobladores de esta localidad ubicada en el Alto Huallaga, en la región amazónica, obtuvieron lo que, ciertamente, puede considerarse una victoria política al detener el programa de erradicación de los cultivos de Coca programados por el gobierno del Presidente García.

El titular de la Cartera de Agricultura, el Ministro Juan José Salazar, quien acudió a la convocatoria de los productores de coca escoltado por el nuevo ministro del Interior Luis Alva Castro, se vio en la necesidad de arribar a acuerdos, en lugar de "imponer el imperio de la ley a cualquier precio" como ostentosamente había proclamado el Presidente Alan García.

¿Fue sensata la decisión refrendada en un acta la tarde del jueves 15 de marzo? Por cierto que sí. La alternativa, era la violencia, la represión desenfrenada y, sin duda, la muerte de personas, como ha ocurrido ya en otras ocasiones, cuando se ha buscado no la razón sino "el orden".

Los hechos demuestran que no es por la vía de la violencia que se habrá de resolver en el Perú el problema del cultivo de la hoja de Coca.

No obstante que entre marzo del 2005 y el mismo mes de este año han tenido lugar decenas de operaciones de "erradicación" alentadas por la DEA y su filial peruana Pro-Vida, aún hay más de 7 mil hectáreas que producirán 667 mil toneladas de coca en los próximos meses.

Hoy se sabe que en el año 2005 se erradicaron 3,700 hectáreas de ese cultivo; pero
para horror de los filisteos- al año siguiente fueron resembradas 5,126 hectáreas más, lo que confirmó la existencia de un problema que no puede resolverse a sangre y fuego.

Wilfder Satalaya, Presidente de los Cocaleros de la zona más afectada por la crisis subrayó recientemente que altos funcionarios del gobierno y la embajada de los Estados Unidos presionaron de manera sostenida para exigir el empleo de la fuerza contra los pobladores, pero el titular de Agricultura percibió que ese camino no contribuía a resolver nada.

Aunque en el documento que firmaran los cocaleros con el titular de agricultura no se establece plazo alguno para la suspensión de las medidas de fuerza, gracias a ésta presión las autoridades peruanas esbozaron fechas no concordantes. En Palacio de Gobierno se aseguró que dicho plazo no excedería de diez días pero en el Despacho de Agricultura se aludió a "unas dos semanas", tentativamente.

Los agricultores, sin embargo, no admitieron ningún límite a lo acordado por cuanto la decisión implicaba "reconsiderar" los mecanismos de erradicación planteados.

Hay varios temas en el fondo del tintero. Uno de ellos se refiere a la plantación de hoja de Coca. Otra, a la posibilidad de usar esos terrenos para cultivos alternativos. Y uno tercero, a legalizar el cultivo restringiéndolo a la actividad de cultivadores que se inscriban en un padrón que deberá ser registrado por las autoridades competentes. Cada una de estas alternativas, tiene, ciertamente, sus bemoles.

El cultivo de la hoja de Coca no tendría por qué ser una amenaza. La hoja de Coca, como tal es un energizante de largo uso y vieja data. Sus antecedentes se remontan hasta el Imperio de los Incas y pasan por la Colonia. No fue problema, hasta que vinieron los Yanquis.

Fueron ellos los que usaron la hoja de Coca para otros fines. Descubrieron la maceración, y la posibilidad de usar la coca con fines alucinógenos. Crearon la PBC.

La Coca-Cola fue la primera que se valió del artilugio. De ahí su nombre -que hoy cuestionan legítimamente las autoridades bolivianas-; y el color de sus chapas: la estela blanquirroja que en homenaje indirecto al Perú y a su bandera ostenta la bebida norteamericana impuesta en el mundo.

Como energizante, la Coca puede ser usada industrialmente -y de hecho lo es- en medicina, pero también en numerosas otras áreas de la producción. El mundo podría vivir tranquilamente con hoja de Coca y sus derivados, sin usar para nada la Pasta Básica, ni la Cocaína con modalidades adictivas.

Los llamados "cultivos alternativos" podrían tener perspectiva en un escenario distinto, cuando el Estado Peruano
otro Estado, por cierto, y no éste basado en la explotación, la opresión y la exclusión-, determine los niveles de producción indispensables de hoja de Coca y aliente otros cultivos fortaleciendo la actividad agraria con criterio económico y sentido social.

El Cacao, el Yacón y otros productos podrían ser instrumentos de promoción y desarrollo en anos de gente honrada que administre los cultivos en beneficio del país, y no en provecho de camarillas que trafiquen con los recursos de la naturaleza.

Y los del Padrón de Afiliados requiere tiempo, y sobre todo buen juicio. Tiempo porque los productores no son decenas, sino miles. Y buen juicio porque las rentabilidad del producto es muy alta y podría facilitar el surgimiento de grupo de poder o núcleos partidistas en un régimen digitado por el APRA.

El tema, finalmente, es serio a partir de los Carteles de la Droga que, como se sabe, se regulan por la actividad de gentes que manejan millones de dólares. En México, en Colombia, o en el Perú han caído incluso conocidos exponentes de estos Carteles. Curiosamente, en Estados Unidos nunca ha caído ninguno.

Mientras transcurran los plazos y se deslinden las alternativas, Tocache y los Cocaleros seguirán en la mira de los peruanos. Sus presentantes más caracterizadas, las congresistas Nancy Obregón y Elsa Malpartida, enarbolan hoy una justa bandera y desatan la ira de los núcleos más reaccionarios. Las atacan con odio y violencia pero no pueden enfrentarlas con la fuerza porque quienes incitan a ello, no tienen razón.

Mientras no se despeje el tema en la profundidad que se requiere, el gobierno tendrá que seguir bailando al ritmo de Tocache (fin)

(*) Del Colectivo de Nuestra Bandera.


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