Mi deseo escuchaba una lengua cuyo sonido se retrasaba./ Adonis


Julio 21, 2008
Para America Latina y el mundo: Crítica alternativa contra el cinismo contemporáneo       Tinku in english: Obs! mechanical translation!
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Por: el Administrador   
Marzo 18, 2007
Peru. Tenemos una línea definida y objetivos claros, una trayectoria limpia al servicio del socialismo, que ratificamos esta noche, simbólicamente reunidos  en la Casa Mariátegui porque la vida y la obra del Amauta alumbró siempre nuestro derrotero.

Al celebrar cinco años en esta experiencia periodística, juzgamos un deber decir nuestra palabra en torno a la situación actual y a la perspectiva que se abre ante nuestro pueblo, sumando a ella nuestra propuesta orientada a forjar, desde la base misma de la sociedad, el Poder Popular indispensable para superar esta etapa en la que se impone despiadadamente la ofensiva del capital.

Somos un modesto colectivo de opinión, un órgano de prensa periódico y pequeño. Pero somos también y ante todo, un núcleo de luchadores sociales hermanados en una misma firme, y férrea voluntad. Tenemos una línea definida y objetivos claros, una trayectoria limpia al servicio del socialismo, que ratificamos esta noche, simbólicamente reunidos  en la Casa Mariátegui porque la vida y la obra del Amauta alumbró siempre nuestro derrotero.

Conscientes de nuestras limitaciones, pero seguros de interpretar la voluntad de muchos, queremos dirigirnos a la Izquierda Peruana y a todas las fuerzas empeñadas en la lucha por una sociedad distinta, un país mejor, más humano y más justo. Llamamos a la unidad más firme, efectiva y real, en la lucha por construir una verdadera alternativa de Poder que sea capaz de concretar los sueños, y los ideales de nuestro pueblo.

La crisis de hoy.

La crisis del Perú ha alcanzado hoy  niveles dramáticos que no pueden soslayarse. Ante ella, nadie puede eludir definiciones ni responsabilidades. Sabemos que, aunque los indicadores formales de la economía registren el espejismo de una bonanza inexistente, la miseria afecta a millones de peruanos y que la sociedad  en su conjunto vive un proceso de envilecimiento que en primer lugar a quienes tienen en sus manos los resortes del Poder.

Más allá de las cifras, impera en el país el poder de una Mafia que impuso sus reglas a partir del modelo neoliberal. Podríamos aludir a este fenómeno responsabilizando por él al fujimorismo depuesto. Pero esa fue una  etapa en la crisis que abate a la sociedad peruana.

El verdadero origen de esta crisis puede situarse en el empeño de la Clase Dominante por destruir el proceso insurgente  que encarnara Juan Velasco Alvarado, y que dejara una estela de esperanza en amplios sectores de nuestro pueblo.

Desmantelar los cambios ocurridos en ese periodo y fascistizar a la Fuerza Armada para imponer un régimen sumiso y servil a los designios del Imperio, fue la voluntad de los Poderosos, afirmada en sucesivas administraciones: Belaunde, Garcia, Fujimori, Alejandro Toledo y hoy nuevamente García.

¿Hubo diferencias entre estas gestiones?. Claro que las hubo. Pero todas ellas, unas más que otras, se esforzaron por remachar la dependencia, descargar la crisis sobre los hombros de los explotados, agravar las condiciones de miseria en la mayoría de los hogares. Pero además por envilecer las relaciones sociales, generar un clima de violencia y crimen descontrolado, torturar, reprimir y aún asesinar a los luchadores sociales. Nombres como el de Jesús Oropeza Chonta, Saul Cantoral o Pedro Huilca  no son sólo la identidad  de mártires caídos en esta aciaga etapa de la historia. Son también figuras emblemáticas, expresión de un pasado siniestro que  tenemos el deber de cancelar. 

A esta etapa ha correspondido también la máxima ganancia en favor de los monopolios, el enriquecimiento desorbitado de los explotadores, el aumento de los privilegios de los capitalistas. Y, en el camino, la consolidación de fortunas mal habidas, el virtual saqueo de la hacienda pública, el manejo doloso de los recursos del Estado.

Recientemente,  por ejemplo las mismas organizaciones empresariales admitieron sin rubor que la utilidad de las empresas mineras aumentó hasta en  1,776% con relación al año pasado. Versiones confiables aseguraron, adicionalmente que  mineras como Volcan y Atacocha tendrán ganancias por valor de 302 y 161 millones respectivamente. Recientemente, la Southern incrementó sus ganancias hasta alcanzar los 4,075 millones de soles.

En un proceso paralelo al enriquecimiento desorbitado de los poderosos, el país ha conocido una etapa en la cual se ha enseñoreado la pobreza en diversas zonas. El 73% de la población peruana vive bajo el límite de la pobreza en el Trapecio Andino; el 95% de los niños menores de 11 años tienen los pulmones atravesados de plomo en la Oroya y localidades conexas; el 38% de los niños en edad escolar sufre de desnutrición crónica en las zonas más deprimidas de la Gran Capital; 220 mil niños, es decir un tercio de los que nacen anualmente en el Perú, vienen al mundo con graves problemas de salud: desnutrición, tuberculosis, hepatitis, SIDA y otras dolencias infecto contagiosas consustanciales a la pobreza.

Pero es claro que se trata de una situación que no puede perpetuarse. Es ese un compromiso que debemos asumir como una inabdicable tarea de futuro.

César Vallejo, nuestro poeta, decía:

"Señor Ministro de salud

nunca la salud fue más mortal...".

Hoy podemos decir no sólo la salud es mortal. También la educación, la cultura hipotecada, las relaciones humanas, el empleo precario, la vida sin derechos.

Como lo previera Carlos Marx,  analizando el marco de la sociedad capitalista, los detentadores del Poder
es decir la oligarquía tradicional y  la Gran Burguesía- han corrompido todo, han prostituido incluso las más nobles relaciones humanas convirtiendo hasta el afecto en mercancía. No contentos con ello, buscan culminar su gestión privatizando el aire, el agua, la luz, los minerales, el trabajo, las empresas, las rutas, los caminos, las escuelas, la cultura, la salud, los cementerios, los hospitales, las pensiones, el deporte, los beneficios sociales, la vida misma.

Esta política obcecada ha llevado al Perú a un abismo. Pareciera que no existe salida a una situación tan compleja y tan absurda en la que todo un pueblo -millones de peruanos- se sitúa en el límite de la desesperación  y la miseria.

Existe un camino de recuperación y vida

Hay quienes creen sin embargo, que no es posible cambiar la realidad, que debemos habituarnos a vivir en el marco de la sociedad capitalista, porque ella es imbatible, e inmutable. Otros sostienen más bien que, con un trabajo lento y cauteloso, podemos ir variando gradualmente el carácter  expoliador del régimen de dominación vigente, humanizando las relaciones sociales. Ni uno, ni otro camino responde realmente a los intereses de nuestro pueblo y ambos dan la espalda a sus necesidades fundamentales.

El sistema que oprime a la mayoría de los peruanos y que denigra a la sociedad entera, no es eterno. Está basado en desigualdades profundas e incuba contradicciones que lo harán estallar inevitablemente. Pero su caída no resultará producto natural de la evolución humana. Será la consecuencia de la evolución de la conciencia ciudadana pero también de la lucha organizada de las grandes mayorías. Esa es la conciencia y la lucha que invocamos.

La historia demuestra que el sistema imperante hace que los derechos de unos se conculquen en beneficio de otros: quienes desean un puesto de trabajo, tendrán que aceptarlo en condiciones deplorables; quienes quieran una educación de calidad, tendrán que declarar la guerra a los maestros; quienes quieren vivir en paz, deberán construir más cárceles y privar de la libertad a más personas. Esta lógica perversa tampoco puede ser eterna.

Cuba Socialista, pero también Venezuela, y Bolivia que se levanta en las condiciones más adversas, han generado un nuevo escenario en América Latina. En estos países los trabajadores y los pueblos han abierto una perspectiva  que hoy se afirma también en Ecuador. Paralelamente, en Brasil y Uruguay asoman  procesos que interesan a los pueblos. Con distintas modalidades y tiempos, se anuncian nuevos horizontes,  y el socialismo sobra un nuevo papel. Hoy se habla sin tapujos del Socialismo del Siglo XXI como una nueva esperanza para la región.

No creemos que hablar del socialismo en un tiempo nuevo implique renegar de la vieja experiencia socialista que, con aciertos y errores tuvo la virtud histórica de levantar un conjunto de banderas que hoy tienen plena vigencia. Por el contrario, se trata de estudiar la historia para recoger las mejores y más ricas experiencias a fin de fortalecer las concepciones esenciales de un modelo que incluya dos premisas esenciales: la propiedad social de los medios de producción,   y la clase obrera
con todas las variantes que impone la modernidad- en el Poder,  como fuerza conductora de la sociedad

Nosotros advertimos que en nuestro país, por diversas razones que no es el caso juzgar en este mensaje, la Izquierda Política ha sufrido un considerable retraso; pero entendemos también que, independientemente de esa realidad, las masas populares han avanzado en la búsqueda de altos objetivos. A eso se ha debido el surgimiento aluvional de convocatorias y movimientos que hoy, tienen vigencia, que la tendrán en la medida que superen sus actuales limitaciones.

Hay recordar que el socialismo como alternativa de cambio en la sociedad, no puede ser producto sólo del ideal humano. Es apenas una quimera pretender realizar el socialismo sin revolución, es decir, sin un cambio radical de las relaciones que norman la sociedad actual. No obstante, como dijera Mariátegui, la Revolución no es un golpe de mano ni una intentona aislada y estéril. Es un fenómeno social que involucra el accionar de las masas interesadas en el cambio social. Por eso es también un fenómeno político. Exige para su concreción  una unidad básica de las fuerzas empeñadas en alcanzar el cambio social.

La unidad no es un fin en sí mismo. Es un paso concreto en la lucha por alcanzar objetivos superiores. Tiene, por tanto, un contenido estratégico y obliga a deponer apetitos e intereses subalternos de orden personal o partidista. La unidad es ciertamente fundamental para avanzar; pero ella no caerá del cielo, ni está sembrada en la tierra, como lo hemos dicho antes. Hay que construirla laboriosamente. De lo contrario, ni brotará, ni se afirmará.

Nuestro llamamiento de esta noche, entonces, es una invitación concreta a construir esa unidad. Y hacerlo no para fortalecernos como "fuerza de oposición", sino para forjar el Poder Popular indispensable para ser alternativa real de conducción de la sociedad. No se trata, entonces de alcanzar acuerdos con fines  electorales, sino objetivos de largo aliento que nos ayuden a avanzar en la lucha por el Poder.

El Programa de la Unidad no se rige por formulaciones ambiguas ni palabras tontas. Se perfila en propuestas definidas que reflejan la inquietud de las masas a las que aspira a congregar. Y cuaja en una lucha aguda, pero tambièn clara y transparente en la que los distintos sectores sociales aparecen nítidamente diseñados. La vida misma nos ha ayudado a esbozar los objetivos de la unidad que debemos construir.

Hay que levantar sin tapujos la batalla contra el modelo neoliberal y la presencia imperialista en nuestra patria denunciando con firmeza el carácter expoliador del TLC y los Tratados y convenios que nos atan al Gran Capital y los organismos financieros internacionales; luchar contra la contaminación y en defensa de la ecología y el medio ambiente; hay que afirmar el papel de los trabajadores como fuerza del cambio social, víctimas hoy de una campaña de satanización y desmoralización por parte de la prensa y los poderes públicos; hay que enfrentar, denunciar y combatir la Mafia y la corrupción desenmascarando los mecanismos de impunidad en marcha; hay que enfrentar resueltamente la alianza del gobierno aprista con el fujimorismo y Unidad Nacional empeñada en perpetuar el régimen de dominación que oprime a la mayoría de peruanos; hay que romper los lazos que nos atan a las grandes empresas superando la dependencia ejerciendo seriamente la soberanía nacional, recu perar las riquezas básicas, cobrar en beneficio de nuestros pueblos las regalías mineras  y los tributos pendientes, reajustando los temas de la deuda externa; hay que  asegurar que el estado atienda las demandas legítimas de las poblaciones en materia de salud, educación y empleo para que los peruanos sientan realmente que el Perú le pertenece; hay que lograr que  nuestro pueblo se identifique plenamente con el proceso liberador de América Latina, con Cuba Socialista y los movimientos patrióticos y bolivarianos que surgen hoy en todo el continente.

Estos objetivos se lograrán solo con la fuerza del pueblo unido, organizado y politizado. Y mediante un cambio radical en la vida de los peruanos. Mediante cambios graduales no se resolverán los problemas del país. Las buenas intenciones de la burguesía filantrópica pueden aliviar temporalmente la situación de segmentos sociales afectados por crisis episódicas, pero no generan una modificación profunda del régimen social ni eliminan la naturaleza expoliadora de la sociedad.

El camino es la lucha política.

El camino para salir adelante, es la lucha política. No se trata de hipotecar la suerte del movimiento a procesos electorales. Ni de incubar expectativas de orden subalterno. Esa debe ser para la izquierda peruana, una experiencia cancelada. Hay que considerar seriamente que si incluso una fuerza social avanzada ganase elecciones
como pudo haber ocurrido en los comicios del 2006, nada se habría resuelto sin un Poder Popular seriamente construido y afirmado. Y es que la experiencia nos demuestra que el problema no radica en tener candidatos o votos; si no, organización popular, conciencia de masas, educación política de los trabajadores, lucha coherente por objetivos alcanzables.

Todas estas, son tareas concretas. Las debemos asumir en forma inmediata si queremos avanzar en el camino de la liberación nacional y el socialismo.

Desde nuestras páginas, pero también desde nuestra trayectoria de lucha y nuestra sincera palabra de combate, invitamos a todos a asumir la tarea, convencidos que, en ese derrotero, el ejemplo de José Carlos Mariátegui guiará nuestros pasos. Muchas gracias,

Lima, de marzo del 2007

(*)Entregado con motivo del V Aniversario de Nuestra Bandera y publicado en la edición N. 61 el 15 de marzo del 2007.

Última actualización ( Marzo 18, 2007 )

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