La desdicha se hace tanto más pesada cuando se da cuenta que se la soporta difícilmente.


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Sombras de la inquisición Imprimir Correo
Por: Frei Betto   
Marzo 18, 2007
El parecer condenatorio de la comisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) parte, sin duda, de prejuicios.

 


Hoy es un día triste para mí. Me duele en lo profundo de mi corazón, en la
médula de mi fe cristiana. El papa Benedicto 16, en vísperas de su primer
viaje a América Latina, ha tenido un gesto que imprime un regusto amargo a
todas las bienvenidas: condenó al teólogo jesuita Jon Sobrino, de El
Salvador.


Conozco a Sobrino desde hace mucho. Estuvimos asesorando a los obispos
latinoamericanos en Puebla, en 1979, con ocasión de la primera visita del
papa Juan Pablo 2º a nuestro continente. Participamos juntos en muchos
actos, empeñados en alimentar la fe de las comunidades eclesiales de base
que, hoy, convierten a América Latina en la región con mayor número de
católicos en el mundo.


Sobrino es acusado de que en sus obras teológicas no da suficiente énfasis
a la conciencia divina del Jesús histórico. Se le prohíbe por tanto dar
clases de teología, y todos sus escritos futuros deberán ser sometidos a
previa censura vaticana.


El parecer condenatorio de la comisión de la Congregación para la Doctrina
de la Fe (ex Santo Oficio) parte, sin duda, de prejuicios. La lectura
atenta de las obras de Sobrino revela que en ningún momento niega él la
divinidad de Jesús. La niega el docetismo, herejía ya condenada por la
Iglesia en los primeros siglos de la era cristiana, basada en la idea de
que Jesús, de humano sólo tenía la apariencia, pues en todo lo demás era
divino. Lo cual haría de la encarnación un embuste y daría alas a la
fantasía de que en la Palestina del siglo 1º el hombre Jesús, dotado de
omnisciencia, muy bien podía haber previsto el actual conflicto entre
palestinos y judíos...


Los evangelios muestran claramente que Jesús tenía conciencia de su
filiación divina. Al contrario de sus contemporáneos, trataba a Yavé de
manera muy íntima, cariñosa: Abba, ‘mi papá querido', una rara expresión
aramea -la lengua que Jesús hablaba-, según consta en el texto bíblico.

Con todo, esos mismos evangelios muestran que Jesús, como todos nosotros,
sufrió tentaciones, tuvo miedo a la muerte, lloró, experimentó la soledad,
pidió al Padre que si era posible le apartase el cáliz de sangre; o sea,
fue igual a nosotros en todo, como afirma Pablo en la carta a los
Filipenses, excepto en el pecado, pues amaba como sólo Dios ama.

Roma, sin duda, aún padece del platonismo impregnado en la teología
liberal desde san Agustín. Habla de la divinidad como si fuese contraria a
la humanidad. Pero la Creación divina es indivisible. Como dice Pablo: "En
él (Dios) vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos de los Apóstoles
17,28).

Bien dice Leonardo Boff al referirse a Jesús: "Tan humano así como él fue,
sólo podía ser también Dios". Nuestra humanidad no es la negación de la
divinidad, así como no lo era la de Jesús. La divinidad es la plenitud de
la humanidad y ésta es preanuncio de aquélla. "Somos de la raza divina",
afirmó Pablo a los atenienses (Hechos 17,28).

Roma, que juega tanto con los símbolos, parece despreciar a América Latina
al ignorar que Jon Sobrino vive en El Salvador, cuyo arzobispo, Oscar A.
Romero, fue asesinado por las fuerzas de la derecha al celebrar misa en la
capilla de un hospital en 1980. El próximo día 24 se conmemoran 27 años de
su martirio. Sobrino vive en San Salvador, en la misma casa en la que, en
1989, cuatro sacerdotes jesuitas, más la cocinera y su hija de 15 años,
fueron asesinados por un escuadrón de la muerte.


¿Cómo se va a renovar la Iglesia si sus mejores cabezas están bajo la
guillotina de quien encuentra herejía donde hay fidelidad al Espíritu
Santo? Hans Kung en 1975 y 1980; Jacques Pohier en 1979; E. Schillebeeckx
en 1980, 1984 y 1986; Leonardo Boff en 1985; Charles Curran en 1986; Tissa
Balasuriya en 1997; Anthony de Mello en 1998; Reinhard Messner en 2000;
Jacques Dupuis y Marciano Vidal en 2001; Roger Haight en 2004. Ninguno de
ellos, sin embargo, fue excomulgado, como pregonan los fundamentalistas
católicos.


Lo que hay tras la censura a Jon Sobrino es la visión latinoamericana de
un Jesús que no es blanco ni tiene ojos azules. Un Jesús indígena, negro,
moreno, migrante; Jesús mujer, marginado, excluido. El Jesús descrito en
el capítulo 25 de Mateo: hambriento, sediento, harapiento, enfermo,
peregrino. Jesús que se identifica con los condenados de la Tierra y dirá
a todos que, ante tanta miseria, deben portarse como el buen samaritano:
"Lo que ustedes hagan a uno de mis pequeños hermanos, a mí me lo hacen"
(Mateo 25,40).


- Frei Betto es escritor, autor de "Entre todos los hombres", biografía
novelada de Jesús, entre otros libros. (Traducción de J.L.Burguet

Última actualización ( Marzo 18, 2007 )

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