Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz reposan a la sombra de sus nombres /O.Paz

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Mayo 12, 2006
Quizá por no leer a Rodríguez e ignorar a Bolívar, aquel ingeniero por formación e improvisado canciller menemista, llamado Guido Di Tella, propuso en la década del 90 prestarle poca atención a América Latina y mantener “relaciones carnales” con Estados Unidos. Y así le fue al país...
Por: Roberto Bardini
ARGENPRESS 11/5/06


El pedagogo y escritor venezolano Simón Rodríguez (1771-1854), maestro y consejero de Simón Bolívar, acostumbraba a repetirle a su inquieto discípulo: “O inventamos o erramos”.

Conocido como “el Sócrates iberoamericano”, Rodríguez recorrió buena parte de Europa y en 1828 publicó Sociedades Americanas, texto que -como la mayoría de sus ensayos- insiste en la necesidad de buscar soluciones propias para los problemas de Hispanoamérica, idea que sintetiza en una frase: “La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y su gobierno. Originales sus medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos”.

Inventar, en este caso, es innovar creativamente; no es sacarse un as de la manga. Quizá por no leer a Rodríguez e ignorar a Bolívar, aquel ingeniero por formación e improvisado canciller menemista, llamado Guido Di Tella, propuso en la década del 90 prestarle poca atención a América Latina y mantener “relaciones carnales” con Estados Unidos. Y así le fue al país después de esa propuesta indecente de bajarse impúdicamente los calzones a la vista de todo el mundo.

Claro que después el ex ministro de Relaciones Exteriores se arrepintió de esta célebre idiotez, que el ensayista Arturo Jauretche hubiera incluido inmediatamente en su Manual de zonceras criollas. Una década más tarde, Di Tella declaró a la agencia DyN: “La frase sobre las relaciones carnales fue una estupidez que dije, lo acepto y lo padezco”. El mea culpa fue publicado en La Voz del Interior, de Córdoba, el 25 de enero de 2005.

No es el caso, afortunadamente, de la mayoría de actuales mandatarios y ministros de Relaciones Exteriores sudamericanos que asistirán a la Cuarta Cumbre Unión Europea (UE)-América Latina y el Caribe, que del 11 al 13 de mayo se reúne en Viena. Muchos de ellos son más púdicos y parece que, ya obligados, prefieren despojarse de sus prendas íntimas en privado aunque después tengan que reconocerlo públicamente.

En la reunión de Viena, representantes de 58 naciones (33 latinoamericanas y 25 europeas) analizarán los 12 temas consensuados por ambas regiones, entre los que se cuentan el fortalecimiento del sistema multilateral, la estabilidad y el respeto al derecho internacional, terrorismo, drogas y crimen organizado, energía, acuerdos de asociación, crecimiento, empleo y migración, entre otros.

El terrorismo, las drogas y el crimen organizado no son flagelos que padezcan los países de América del Sur. Es un problema de algunas potencias, sobre todo las que están comparten con Estados Unidos la concepción de que el mundo es un inmenso coto de caza de las grandes corporaciones económicas.

La UE es el segundo socio comercial de América Latina después de Estados Unidos y el primero del Mercado Común del Sur (Mercosur), Chile y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), con intercambios por 144 mil millones de dólares al año. Además, el bloque europeo es el primer inversor en el área latinoamericana con 340 mil millones de dólares en 2004 y el primer donante de ayuda con dos mil 400 millones de dólares.

Desde luego que no todo se desliza por un sendero sembrado de rosas. La UE inició negociaciones comerciales con el Mercosur en 1999, pero quedaron estancadas. La alianza sureña reclama un mayor acceso de sus productos agropecuarios al mercado europeo y la UE pretende más apertura en bienes industriales y servicios.

Uruguay y Paraguay, los eslabones débiles de la unión aduanera reclaman mayor atención dentro del Mercosur y podrían causar fisuras. La posición de Paraguay –el país más pobre- es que “los estados miembros de menor desarrollo económico relativo puedan suscribir acuerdos con otros países y con otras regiones dentro de un régimen especial”, para lo que se requiere un weiver (permiso excepcional).

Por otro lado, la serie de escaramuzas diplomáticas entre Buenos Aires y Montevideo a causa de las dos fábricas de papel -española una y finlandesa otra- en la ciudad uruguaya fronteriza de Fray Bentos, tendrá un capítulo aparte en Viena. Esta crisis mal manejada es otra grieta en el Mercosur.

De remate, también han surgido “diferencias ideológicas” entre los coordinadores latinoamericanos acerca de ciertos mecanismos de integración regional. Evo Morales y Hugo Chávez coinciden –y así lo plantearán- en que las asimetrías económicas entre los países de América Latina deben ser contempladas en toda negociación comercial y que un eventual acuerdo de libre comercio no puede derivar en “una invasión de empresas”. El boliviano y el venezolano son los únicos que hablan claro en la extensa región que va desde Panamá hacia el extremo sur del continente, sin recurrir al cantinflesco lenguaje de la diplomacia.

Es dudoso que la mayoría de representantes sudamericanos -entre los que no figuran demasiados estadistas dignos de ese nombre- haya leído alguna vez Sociedades Americanas, de Simón Rodríguez. Pero al menos algunos de ellos deberían tener presente la conocida frase del senador, cónsul, gobernador e historiador romano Cornelio Tácito, autor de Annales: “Mientras luchan por separado, son derrotados juntos”.
Última actualización ( Mayo 12, 2006 )

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