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Venezuela: Hay amores que matan (El virus de la felicidad) |
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Por: el Administrador
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Noviembre 19, 2006 |
....Por eso los invito a un paseo, a una excursión en profundidad y en altura, para que contemplemos, nos maravillemos y disfrutemos juntos esos paisajes.
Michel Balivo
Hoy los voy a invitar a un paseo por las profundidades y las crestas de la marea humana que ha sido la historia. La idea no es convencerlos ni que me crean nada, tampoco que razonen juiciosamente sobre lo expuesto. Por eso los invito a un paseo, a una excursión en profundidad y en altura, para que contemplemos, nos maravillemos y disfrutemos juntos esos paisajes. No se puede ir con ideas y gustos fijos, hechos, a contemplar la fluyente y cambiante marea humana plena de transformismos, como no se puede ir a probar una comida árabe desde los estereotipados sabores criollos. Hay que ir preparado para la sorpresa, para el cambio, para lo exótico, para una experiencia diferente que ampliará y enriquecerá nuestra conciencia. Por expertos y conocedores guías tendremos nada más ni nada menos que a Simón Bolívar con su idea-fuerza de la mayor suma de felicidad posible para el pueblo, y a otro Simón pero en este caso Rodríguez, su maestro con el o inventamos o erramos. Si la propuesta es una organización social, unas instituciones, una economía y cultura que dé o traiga la mayor suma de felicidad posible al pueblo, estamos sentando desde el mismo principio que el pueblo sufre o no es tan feliz como debiera o podría. Estamos diciendo que el motor y objetivo de la revolución libertadora es la felicidad, sin la cual todo el resto no tendría sentido. ¿Quién lo establece eso? ¿Con qué modelo compara para llegar a esa conclusión de que la copa o vaso de la felicidad no está repleto y desbordante? ¿Qué entiende por felicidad? Todas estas preguntas están implícitas en una frase tan sencilla y repetida que damos por conocida y comprendida. Y de responderlas con precisión dependerá si alcanzamos o no los objetivos. Porque es de suponerse que diseñaremos un plan estratégico para dirigirnos hacia y alcanzar esa felicidad, que reorganizaremos el modelo económico y cultural que nos la impide, que se interpone ente nosotros y nuestro objetivo, nos mantiene insatisfechos, infelices, sufrientes. Pero, ¿cómo definimos esa felicidad? ¿Es la misma para todos? Es necesario entender que no siempre predominó el pensamiento lógico o racional en nuestra evolución. Hubo etapas en que todo proceso se consideraba cíclico, circular, un eterno retorno al principio. Día-noche que se corresponde con estados orgánicos y mentales de vigilia-sueño, y todos los ciclos menores de necesidades o dolor-placer, comer, beber, respirar, dormir. Todos esos procesos son también de dos vías, como y evacuo lo no asimilable, inspiro y expiro, bebo y elimino orina, sudor, lágrimas, etc. Ritmos de sueño, descanso, reposición de vitalidad y trabajo, acción, expresividad que consume la energía regenerada en la noche. También la ovulación para la reproducción de la especie es cíclica, y el sistema de tensiones que acumula carga hasta descargarse en el acto sexual para volver a comenzar la acumulación. Todas las actividades humanas están enmarcadas dentro de ciclicidades estacionales primavera-invierno, y el ciclo personal de vida dentro del nacimiento-muerte. Igualmente las sociedades colectivas y civilizaciones tienen su nacimiento, desarrollo, deterioro y muerte. La gran mayoría de las culturas orientales evolucionaron dentro de este régimen cíclico. En ellas predominaba un biotipo motriz, aprendían moviéndose, haciendo, experimentando, por mimetismo con la naturaleza, por simple imitación de lo que observaban. Si miras a los niños con atención verás que sobre todo en los primeros años son una perfecta actualización de aquellos lejanos tiempos, aunque ya sujetos a la presión de un biotipo social predominantemente intelectual. El pensamiento de aquellas culturas era analógico, asociativo, alegórico. Para ellos no había objetos fijos, totalmente diferenciados y siempre iguales a si mismos, sino que en determinadas circunstancias unos podían convertirse perfectamente en otros. Ellos no intentaban ahorrar energía, como a los niños vitalidad era lo que les sobraba. No se sentían separados de sus dioses ni ancestros, de la naturaleza ni entre si, al igual que al niño les bastaba que su madre los perdonara para que no quedara siquiera huella de sus travesuras. Es decir por su gran movilidad emocional, por su poderosa vitalidad no acumulaban ni fijaban frustración, resentimiento. Su religión sabemos que era politeísta y sus relaciones sexuales poligámicas. Creían que la vida mundana era una ilusión, “maya” y que la verdadera vida comenzaba al trascender tal ilusión. Pensaban que ese viaje trascendental se realizaba mediante un cuerpo etérico o doble energético, por lo cual no desarrollaron grandes cuidados por sus cuerpos ni ritos mortuorios, sino que los incineraban para facilitar su retorno a los elementos naturales. Por la misma razón tampoco hubo un gran desarrollo tecnológico. He ahí una de las primeras concepciones felicitarias de nuestra humanidad. Ellos no sentían un compromiso con la historia ni buscaban un desarrollo hacia fuera, una transformación del mundo, una superación de la personalidad, ya que todo eso lo consideraban ilusorio, pasajero, cíclico retorno. Pero tal vez por acumulación de experiencia o aprendizaje motriz, en algún momento se activó la vía abstracta de la imaginación, a cuyo producto llamamos signo. Y el ser humano ganó la capacidad de autoconcebirse, de mirarse a si mismo desde afuera como si fuese un objeto, de objetivar sus sentimientos, su intracuerpo. Entonces produjo la escritura o fijó externamente su pensamiento, lo representó en formas fijas, letras y números siempre iguales a si mismos, que no podían como en la alegoría transformarse el uno en el otro. A partir de allí el conocimiento abstracto evolucionó diferenciadamente del aprendizaje motriz, de la transmisión de boca a oído de padres a hijos. Así fue como se construyó una personalidad diferenciándose de los demás seres humanos y de su entorno. Surgió entonces el monoteísmo y el matrimonio monogámico, teniendo a partir de entonces todas las relaciones un centro manifiesto, un principio, un camino y un fin. Un Dios y un compañero sexual externos, separados, lejanos, inalcanzables. Y con ello comenzó la tensión sexual a dar señal continua, se rompió la ciclicidad de dolor-placer, se fijó el deseo y con ello también el temor a perder o no conseguir. Era lógico, porque lo separado anhela inevitablemente la re-unión o síntesis. Así fue como comenzó una versión diferente del amor que presionaba para la reunión de los elementos separados e hipertensos. Este fue el motor de toda la cultura y economía occidental y puso las bases para la apropiación acumulativa, para la propiedad privada y heredable, para la transmisión de divinos derechos y atributos de padres a hijos por la vía de la sangre. Así se concebía un modo de continuidad síquica trascendente a la finitud que el deterioro corporal le imponía a los proyectos de vida generacionales. En estas culturas occidentales surgió un fuerte compromiso histórico, pues con el pensamiento lógico, racional, científico llegó una poderosa tecnología cual capacidad de transformar el entorno acorde a sus necesidades. Por tanto en lugar de un viaje postmorten hacia la felicidad o “vida real”, más allá de la ilusión mundana, ahora se concibió “traer” o construir ese paraíso aquí en la Tierra. De ese modo tanto la personalidad como el mundo se convirtieron en algo “real”, fijo, siempre igual a si mismo. Mientras que la experiencia íntima, sentida, directa se convirtió en imaginaria, irreal. Comenzó a reinar la separación entre todos los objetos y personas así como la soledad en los corazones. La cultura occidental por consiguiente estaba fuertemente comprometida con sus cuerpos ya que eran el vehículo para realizar su particular viaje hacia la felicidad tal cual la concebía en este mundo. Desarrolló una serie de elaborados rituales y simbologías mortuorias. Esta segunda gran marea humana puede reconocerse actualizándose en el niño que despierta sexualmente, es decir en la adolescencia. De repente la tranquila atmósfera familiar es alterada por la irrupción de una entrega vegetativa de energía que activa poderosamente el intracuerpo. Entonces el niño que jugaba con las niñas como otro niño más o simplemente las ignoraba, súbitamente siente y percibe una belleza inaudita que lo deslumbra, siente un magnetismo incontenible que lo atrae y fascina. Una fuerza nueva y desconocida hasta entonces lo impulsa a apropiarse de ese objeto, sintiendo que en ello le va la vida, la felicidad. No es difícil de comprender la experiencia esencial. Basta que atiendas a como se reduce tu conciencia habitual cuando te invade el deseo sexual y su objeto se vuelve obsesivo. Prometiendo todo tipo de inimaginables e intangibles placeres. Así como una vez descargada tal sobretensión y ensueño que tomaron tú conciencia, te invade una especie de desilusión. Ha nacido el deseo y simultáneamente el temor a perder o no conseguir el objeto deseado. Este proceso está maravillosamente condensado en el mito de Narciso. Nos cuenta como la fuerza anímica, sentida, intensificada por la irrupción de energía vegetativa en el intracuerpo, activa la función sexual y da por primera vez señal localizada, ya que hasta entonces era difundida, de gran movilidad y transformismo. Ahora este poderoso sistema de tensión se traduce a imagen y surge la relación arquetípica El-Ella. A partir de allí la conciencia ilusionada comienza a dar espaldas a su sentir persiguiendo las traducciones intensas de este a imagen, proyectando sobre ellas atributos y cualidades sentidos que espera obtener apropiándosela, poseyéndola. Y que por supuesto solo conducen a la frustración, des-ilusión, resentimiento creciente. A partir de allí el intracuerpo activado localizada y fijamente se opone a la atmósfera familiar que antes aceptaba pasivamente. Comienza a alejarse y dar espaldas a la casa paterna, comienza el viaje en el tiempo en pos de un sueño. Narciso se enamora de su propia imagen en el espejo dando espaldas a su amada compañera, que no es sino su sensibilidad o feminidad. Tal vez por eso el ser humano es el único cuyo celo sexual no es regulado por las horas de sol-oscuridad como el resto de la naturaleza. Experimentos científicos comprobaron que poniéndole una especie de lentes de sol a las ranas estas no se reproducen. Si lo hubiésemos sabido con unos simples lentes hubiésemos evitado desearnos y ser expulsados del paraíso. Hemos visto entonces las dos grandes y diferentes concepciones y búsquedas de felicidad, predominando en una el biotipo motriz y el pensamiento alegórico, correspondiendo al desarrollo de lo que habitualmente llamamos cuerpo. Y en la otra el intelectual, sígnico, con predominio del órgano visual, o lo que damos en llamar alma, siquis, conciencia. También estos desarrollos son cíclicos como todos los demás, es decir giran el uno sobre el otro, a diferencia de nuestra concepción lineal del tiempo que cree evolucionar en línea recta. Para dar un ejemplo digamos que parto de mi casa para un largo viaje y camino hacia el sur. Nuestro pensamiento actual diría que me estoy alejando de casa y probablemente sentiría nostalgia por el largo tiempo que estará fuera. Pero para el analógico caminando hacia el sur llega un momento en que se llega al norte, y estás ya regresando por tanto a casa. Así que vayas donde vayas y hagas lo que hagas siempre estás retornando al principio, al punto de partida, ya que las oposiciones son solo coordenadas mentales inexistentes en la organicidad y continuo transformismo del mundo de vivientes procesos. Así pues el día muere en la noche, la da a luz para renacer al amanecer parido ahora por la oscuridad. Este es el movimiento inesforzado de la correntada vital donde no hay ningún ego haciendo fuerza para que las cosas pasen, donde de nada sirve apurar, empujar, forzar, porque solo juegas con y en tu propia mente. Así como en una etapa predomina el cuerpo o el aprendizaje motriz luego lo hace el alma intelectual, pero solo para recomenzar. Si como nuestro pensamiento lógico dice, hacemos historia, evolucionamos en línea recta, entonces también debiera agregar deshacemos historia, involucionamos. Porque luego de la caída del imperio romano por ejemplo, sobrevinieron mil quinientos años de oscurantismo e involución hasta la llegada del Renacimiento. Allí en medio de inquisitorias quemas de brujas y pensadores liberales, que eran los antisociales y terroristas en lo que al pensamiento dogmático se refiere, se sentaron las bases del pensamiento científico que construyó nuestra civilización. Así pues una vez más mil quinientos años de oscuridad parieron el despuntar de un nuevo amanecer. ¿Y qué es esta revolución bolivariana que estalla inesperadamente en medio tal vez de la más oscura de las noches de inhumanidad y escepticismo jamás conocida? ¿Qué es este renaciente y radiante sentimiento de que un nuevo mundo es posible, que se abre camino desde el mismo corazón de la humanidad, cuando todos los hechos y razones consideran que la historia se terminó y todo futuro está cerrado? ¿Cómo es que de repente América se puebla de gobiernos de izquierda y resistencia popular, cuando justamente el imperio embate con todas sus fuerzas y engaños? ¿Qué está sucediendo para que los indígenas luego de 500 años de inexistencia y silencio levanten su voz y pongan un representante a gobernar? ¿Cómo es que la feminidad irrumpe en el mundo masculino? ¿Cómo es posible que justamente cuando la exclusión social, el hambre, la enfermedad y la muerte se señorean en el mundo, comienza a soplar un viento de colaboración y solidaridad incontenible? ¿Cómo es posible que los pueblos enfrenten en tal desventaja a las naciones poderosas y a los gobiernos que las secundan y los hagan morder el polvo? Como ya he repetido muchas veces estos vientos nuevos que soplan no empezaron ayer. Vienen desde los 60`s con Bahía de Cochinos, Vietnam, Mao y la revolución China, el avance de la izquierda, las guerrillas urbanas. Toda la generación hippie que puso en claro que no estaba interesada en el mundo que les ofrecían sus mayores. Un modelo completo estaba agotado, llegaba a su fin, sus instituciones asfixiaban la sensibilidad humana, la enajenaban totalmente de su entorno natural y humano. Todo era gris, monótono, repetitivo, maquinal. Entonces surgió la brutal represión, los gobiernos militares que ahogaron toda la alegría de los nuevos tiempos en un baño de sangre. La tímida flor que brotaba quedó paralizada, pasmada en medio de la recurrencia del crudo y oscuro invierno, pareció marchitarse para siempre en medio de la barbarie desencadenada. Pero no hay modo de contener los procesos vivientes. Todas las instituciones continuaron su deterioro, desde el matrimonio al estado, porque se habían convertido en representaciones falsas y vacías de sus funciones, en cárceles de la sensibilidad humana. Solo era cuestión de tiempo para que los sistemas de tensión llegaran a un límite de tolerancia y la vida se abriera camino irrumpiendo en el escenario de las mecánicas rutinas, así como cuando las aguas desbordan las represas. Hoy los pueblos van más allá de sus fronteras físicas, culturales y religiosas para unirse en una misma dirección y sensibilidad. En Ceuta y Melilla el pueblo español reclama airado el trato que dan a los africanos que vienen buscando trabajo y alimento cuando en su país solo les espera la muerte y la de sus familias. En Chile el pueblo respalda las exigencias de los mapuches y el reclamo de Bolivia de una salida al mar. En México, los pueblos de Atenco y Oaxaca unen fuerzas contra el gobierno agresor y el fraude electivo, recibiendo apoyo mundial. Todos los medios alternativos se solidarizan y transmiten en cadena los acontecimientos que los medios masivos intentan disfrazar. Todo el dinero y el chantaje de terror de los poderosos no son suficientes para impedir que en el pueblo nicaragüense masacrado hace unas décadas, renazca la esperanza y vote por las opciones políticas que se sumen a la nueva correntada. ¿Qué es esta llama que se enciende en el corazón mismo de los pueblos, de la humanidad, que renace de lo profundo de sus cuerpos, religiones y culturas impulsándolos poderosa y valerosamente a la búsqueda decidida de una mayor suma de felicidad posible? ¿Qué es este virus felicitario que se difunde a tan enorme velocidad por todo el planeta sin respetar espacios ni tiempos, religiones ni culturas, géneros ni generaciones, razas ni clases sociales? Hace quinientos años descubrimos que los días-noches y primaveras-inviernos no son sino un truco o tecnología cósmica de oposiciones planetarias, de rotaciones y traslaciones cíclicas en torno al centro radiante inmóvil del sol. Desde este centro energético se manifiesta todo un universo y se pone el ámbito apropiado para el florecimiento y desarrollo de la vida natural. Tal vez ahora descubramos que así como la Tierra no era el centro inmóvil en torno al cual giraba el universo como creíamos, tampoco lo es el ego o la personalidad humana que no es sino el correlato de la organización social y sus instituciones. Todo ello es como satélites, planetas, trenes de imágenes asociados que giran en torno a estados anímicos que son como su centro inmóvil, su sol, corazón o núcleo de todo ese universo de sueños o deslumbramientos de la mirada. Es necesario reconocer que un estado anímico no es una persona, una imagen fija de si mismo, un sistema de tensiones y hábitos, una inercia climática. Un estado anímico es volátil, contagioso, se desplaza, expande a velocidad de la luz. Tiene gran movilidad y transformismo, miles, millones de imágenes asociadas a él se desencadenan en su presencia. Por tanto un estado de temor y egoísmo actualizará paisajes y posturas corporales a él asociadas, de muy pobre y difusa vitalidad. Muy diferentes a las de uno de generosidad, complementación solidaria, creatividad, cuya gran dinámica vital desborda las estáticas instituciones de la etapa en que predominaba la diferencia, separación y competencia. Es entonces que surge el o inventamos o erramos. Porque los modelos externos e importados ya no pueden servirnos para expresar nuestra vitalidad. Ahora surge la poderosa necesidad de volver sobre nosotros mismos, retornar al principio. Y en efecto puedes escuchar por todas partes el volvamos a nuestras raíces, comprendamos en profundidad nuestra historia y cultura. ¿Uds. creen por casualidad que la propuesta del socialismo es algo novedoso? Tal vez luego de estar sumergidos durante cientos de años en una cultura abstracta y alienante así lo parezca. Pero basta leer un poco de historia para saber que los habitantes originarios de nuestra América practicaban una economía y cultura solidaria, grupal. Cuando fui a vivir entre los indígenas en la Gran Sabana lo primero que me dijeron fue que dispusiera con libertad de tierras y construcciones que no estuvieran en uso. Pero nada de alambradas porque la tierra es para el libre caminar y uso de todos. Nada de pensar en vender algo cuando me fuera porque allí todo les pertenecía a todos. ¿No es esto entonces la historia que retorna sobre si? ¿No es el momento en que alejándonos de casa el norte se convierte en el sur y la tristeza en la alegría del retorno? ¿No les hace sentir que la fijeza y rigidez de nuestros hábitos, creencias, personalidades e instituciones se disuelve en la calidez de la atmósfera familiar y hogareña que nos acoge nuevamente? Esa es la sensación que me queda a mí cada vez que leo y comparo la transición del medioevo al Renacimiento. Cuando un mundo estático en el que ni siquiera la brisa soplaba acariciando el follaje, en que el dogmatismo paralizaba de temor las almas, de repente se convirtió en un terremoto de creatividad en que todo conocimiento heredado se cuestionaba desde su utilidad o inutilidad para la vida cual única medida y valor. Para mi el máximo valor de una revolución es la poderosa oleada de creatividad que no deja piedra sin remover, hasta transformar todo lo estático y limitante en nuevas formas de manifestación aptas a la nueva sensibilidad y necesidades de la vida. Es por eso que los he invitado a un viaje circular de alejamiento de lo conocido para que al retornar veamos con mayor claridad aquello que por habitual, por haber nacido dentro de ello nos resultaba natural y desapercibido. ¡Por la vida y hasta la felicidad siempre! Un comentario de actualidad. La gran mayoría piensa que con las elecciones en EEUU no cambia nada, porque ambos partidos políticos son y quieren lo mismo. Yo estoy de acuerdo en que ambos comparten el mismo sistema de intereses, la misma visión del mundo. Pero no quieren el mismo botín para compartirlo sino para apropiárselo cada uno de ellos para si. Por tanto se desangrarán unos a otros por los dos años restantes de gobierno, para tratar de desmantelar la red de control de los puntos estratégicos que tan bien tejieron los republicanos. Todo lo cual es muy favorable porque les restará atención y energía dándonos mayor libertad de movimiento a nosotros, mientras ellos luchan palmo a palmo en todos los frentes posibles de batalla. Además se sacarán unos a otros todas las llagas a la superficie, exponiéndolas a la mirada colectiva, con lo cual el pueblo americano comenzará a abrir los ojos y comprenderá que si eso hacen con su propio pueblo, no es nada extraño que lo hagan igual o peor con los demás. Bush podrá llamar a los demócratas y decirles que no es en bien de ninguno el que todo comience a destaparse. ¿Pero por qué habrían ellos de tenerles la consideración que los otros no tuvieron con ellos en su momento de gloria y poder? Para esta gente la generosidad, la capacidad de perdonar una y otra vez desde el interés de que toda la nación se enrumbe en una dirección de crecimiento y unidad, no tiene el menor sentido. Para ellos Hugo Chávez es alguien que no aprende de sus repetidas experiencias, no comprende que el mundo siempre ha sido y será igual. Pero eso es ver las cosas al revés, enajenadamente. Es mirarte en el espejo y preguntarle a tu reflejo porque es tan malo y abusador. Es no darte cuenta que lo que llamamos mundo y creemos que está allí afuera, no es sino la sumatoria acumulada de nuestras acciones guiadas por nuestras intenciones, intereses, sentidos de vida, búsquedas felicitarias. Si no lo reconocemos así y corregimos esa dirección y sus consecuencias. Si no dejamos de hacer lo que se origina en la violencia y la reproduce, si no dejamos de repetir lo que ha producido este estado de cosas, si no cambiamos la dirección egoísta de competencia por una de solidaria complementación, pues inútiles serán todos nuestros esfuerzos por culpar e intentar cambiar nuestro reflejo en el espejo del mundo. Ultima hora, en Perú terminan de descubrir las ruinas enterradas de la ciudad que se supone una de las más viejas descubiertas, nada más ni nada menos que más de cinco mil años de antigüedad. Así es como los tiempos giran interactuando los unos sobre los otros, su eje o centro de gravedad es la conciencia humana, porque no tienen otro lugar por el cual fluir. Recuerdo que alguien decía que la madre Tierra como toda mujer, le entrega los secretos y tesoros que guarda en sus profundas entrañas a quienes la cortejan con amor. Si la violentas, si pretendes tomarla y hacerla tuya por asalto, pues solo te encontrarás con sus formas superficiales, muertas, tendrás tal vez un cuerpo pero jamás su alma, su amor. Es como encerrar a un ave en una jaula porque quedaste prendado de su vuelo que te hizo recordar tus reprimidas y traicionadas ansias de libertad. Es como el taxidermólogo que clava alfileres y etiquetas en los animales para luego definirnos lo que son… o mejor dicho, lo que eran. Ellos conocen mucho de la muerte, pero muy poco de la vida. Hay amores que matan.
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Última actualización ( Noviembre 19, 2006 )
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