El milagro de nuestra redención solamente es posible gracias a esa fusión hermosa de mestizos, indios y blancos. De gente pobre, hambrienta, oprimida y explotada por esas razas eternas que son nuestras únicas enemigas: el poder, el odio y el hambre
Freddy Ontiveros Cabrera (Especial para tinku.org)
Vivimos en un país particularmente diferente, por diverso, divergente, disgustado y revolucionado eternamente; de amores y odios, de pasiones viejas y ternuras nuevas… Un país de cantos floridos.
Somos, desde siempre, diferentes y aparentemente desiguales; artífices y protagonistas de luchas feroces contra crueles dictaduras que quisieron desde hace mucho negar nuestras diferencias y desaparecernos.
Hoy cuando nos miramos sin apasionamientos, cara a cara nos percatamos que jamás seremos en puridad iguales… ni blancos, ni negros, ni indios, ni españoles: que somos más mezclados que el “intendente (*)”, herederos orgullosos de las tricolores Kantuta y el Patujú (**)
Por ello, el milagro de nuestra redención solamente es posible gracias a esa fusión hermosa de mestizos, indios y blancos. De gente pobre, hambrienta, oprimida y explotada por esas razas eternas que son nuestras únicas enemigas: el poder, el odio y el hambre.
Al acercarse estos días tan llenos de dolor, de consignas de lucha fratricida, de desintegración y de odio, de pesadillas, de lagrimas de niños impotentes corriendo asustados y tristes por las calles de la patria, me llena el corazón de tristeza, evoco aquellos días cuando nos unió una causa y nos influyó un ideal de banderas libertarias.
Locos y desmadrados, soñábamos con redimir al pueblo un día como Cristo o Castro y cantar himnos de victoria como Víctor Jara o Benjo Cruz. Ciegos pretendiendo ser como el Che, barbudo, fumador y hacedor de revoluciones, de hoy aquí, mañana allá.
Eso éramos todos: obreros, escritores, campesinos, desocupados, estudiantes y los poetas de las calles.
¿Porqué no logramos hasta ahora superar el frío insoportable del largo invierno neoliberal? ¿Por qué razón nos separamos los que un día éramos uno?, ¿Por qué nunca nos dimos cuenta que movimos montañas mientras estuvimos unidos?... ¿Porque cada quien con su cada cual?
En medio de esta angustia que sobrevive a los tiempos, a los odios y al espacio que nos separa, cierro los ojos y veo la carnicería entre hermanos, -entre lo mejor que tiene la patria: Los mineros. Los que nos legaron esa sana costumbre de resistir a los déspotas y mandones- Ciegos detrás de esa maldición que se llama trabajo, atizados por ignorancias e incapacidades que prefieren ataúdes en vez de pactos…
Y sueño con ese día cuando nos encontremos después de tanto tiempo y nos contemos las canas y recordemos historias preciosas de amor y odio sin violencia, de abrazos enfurecidos recargados de ganas de reencontrarnos y empezar de nuevo con las mismas ilusiones, los mismos, amigos y enemigos que son cada vez más fuertes.
Añoro ese día en que estemos a punto de tocar la esperanza, regresemos juntos al día de los abrazos soñados y lloremos ríos de llantos felices que fecunden cosechas de hombres y mujeres bolivianas nuevos.
(*) Intendente.- Plato típico orureño compuesto de variadas carnes.
(**) Flores típicas de Bolivia, simbolizan la bandera boliviana.