Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas./China


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El color indigena del socialismo boliviano Imprimir Correo
Por: el Administrador   
Enero 04, 2006
La victoria de Evo Morales en las elecciones significa mucho más que la llegada de un indígena a la presidencia, aspecto sin duda espectacular pero insuficiente para explicar el complejo proceso social y político que vive nuestro país Freddy Ontiveros
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La victoria de Evo Morales en las elecciones significa mucho más que la llegada de un indígena a la presidencia, aspecto sin duda espectacular pero insuficiente para explicar el complejo proceso social y político que vive nuestro país.

El modelo alternativo del MAS supone, en primer lugar, una revisión a fondo de las prácticas políticas impuestas en las últimas décadas por Washington y la restitución al gobierno de su función social y económica. En el fondo, se apuesta por una mayor presencia del Estado en la economía. Impulso al mercado interno y dar mayor prioridad al consumo de la población que al aumento de las exportaciones.

“SOCIALISMO MADE IN BOLIVIA”
Por ahora, y por propia decisión, el MAS no pretende construir el socialismo en Bolivia (pues eso significaría socializar la pobreza.) Se trata más bien de persuadir a todas las fuerzas sociales y del trabajo para impulsar un proyecto nacional que salve a Bolivia de la disolución. Por este propósito Evo Morales ha conseguido el apoyo mayoritario de la ciudadanía.

Contra este programa conspirarán fuerzas extranjeras ligadas a las grandes multinacionales que siempre han saqueado las riquezas de Bolivia. Pues los bolsillos extranjeros han guardado siempre la parte mayor de la riqueza nacional. A los bolivianos sólo nos han dejado la silicosis, la tuberculosis, el hambre y la pobreza.

LOS CONSPIRADORES
El capital internacional no se lo va a poner fácil a Evo, y cualquier actitud será buena: desde la conspiración y los halagos, hasta el sabotaje y el separatismo regional, que serán seguramente utilizados para neutralizar las prometidas medidas de sometimiento de los capitales extranjeros a las leyes bolivianas.

También conspirarán contra el nuevo proyecto las fuerzas internas que siempre han estado aprovechándose del presupuesto y del poder. En particular, constituyen un potencial de conflicto los oligarcas orientales, deseosos de independencia respecto del poder central o del mismo rompimiento de la unidad territorial del país para dejar a la Bolivia andina sin recursos y con toda la pobreza.

El nuevo Presidente tendrá que apostar, por un nuevo modelo de integración regional, y todo hace suponer que optará por el Mercosur como alternativa del ALCA. Pero en realidad, la piedra de toque será su integración en la “Empresa Sudamericana de Petróleo” que reuniría a Venezuela, Brasil y Argentina. Esta iniciativa preocupa enormemente a los estadounidenses, por las repercusiones estratégicas de este coloso de la energía que daría a Bolivia un poder de negociación mucho mayor.

El MAS intentará construir un orden social sobre bases diferentes para terminar con la discriminación y la pobreza extrema. Despenalizará la producción de coca y le dará una salida industrial como alimento, bebida y sobre todo como importante componente para medicamentos.

DE QUIEN ES LA VICTORIA?
La victoria no es mérito exclusivo de Evo Morales o del MAS. Ambos, líder y partido, son sólo circunstancias. El mérito mayor es del pueblo llano, de los trabajadores, de los campesinos, de las Juntas Vecinales y de las “clases medias” empobrecidas. Ellos son los principales protagonistas de esta gesta y al mismo tiempo la mayor seguridad para el cumplimiento del programa de gobierno.

Por supuesto, y como no podría ser menos, la ocasión tiene enormes connotaciones emocionales y emblemáticas. El triunfo de Evo es el triunfo de los de abajo, de los humillados y ofendidos de siempre, de la gente de piel oscura sometida a siglos de explotación infame. Y no sólo en Bolivia; la victoria de Evo es percibida como propia en todo el continente, “desde Alaska hasta la Tierra de Fuego”, por esa masa indígena americana que en algunos países constituye aún la mayoría de la población.

Es también una alegría en general para los pobres del continente muy satisfechos de ver cómo en la silla presidencial, siempre reservada para la oligarquía, se sentará ahora otro como ellos. ¡Cuánto dolor para quienes pensaron que jamás un indio llegaría al solio de los presidentes! La escena recuerda otra de hace casi un siglo, en México. Entonces, los dos líderes agrarios de la Revolución, Emiliano Zapata y Pancho Villa, junto con su estado mayor de campesinos insurgentes, se sentaron en la silla presidencial, símbolo del poder y la opresión.

Última actualización ( Enero 04, 2006 )

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